28 de mar de 2020

*UN PAN DE DIOS.

    Por José Antonio Trejo Rodríguez.   Me queda claro que el mejor pan es el que a Usted le gusta, lo mismo ocurre c


Por OFICINA | martes 9 de octubre del 2018 , 03:42 p. m.

 

 

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

 

Me queda claro que el mejor pan es el que a Usted le gusta, lo mismo ocurre con cualquier otro alimento o bebida; pero es una delicia ir por la vida probando el producto salido de la tahona que se expende para delicia de los clientes, tan así que hasta el mismísimo Cri Cri compuso “los conejos panaderos se levantan los primeros y moviendo las orejas se van, van al horno pues les gusta trabajar de panaderos, amasando con sus pata el pan, vamos a ver si nos dan, parapan parapan parapan, saborearlo es un festín, piripin piripin piripin..” Y hasta Tin Tan en su popular película “Ay amor cómo me has puesto” aunque el cantaba “Ay amor cómo me has ponido, todo flaco y entelerido” hace el papel de panadero y montado en una bici con el canasto en la cabeza canta: “el panadero con el pan, traigo bolillos y teleras esas son, también gendarmes, besos conchas de a montón…” que por las calles de Tula se escucha todas las tardes en vehículos con sonido que ofrecen el “pan para comer”.

 

A mediados de los 70 al salir de clases de la Benito Juárez y al pasar enfrente de la panadería, el olor tan atractivo del pan recién horneado hacían que el esfuerzo de ahorrar unos centavos en el recreo se recompensara con creces al tomar entre las manos un suculento bolillo crujidor, morderlo poco a poco, aspirar su delicioso aroma, saborear el tibio migajón. Ya era un extra poder rellenarlo con cajeta o nata o una rebanada queso de puerco o un trozo de queso blanco con aguacate, aunque había quienes preferían tortas de plátano y azúcar, como fuera resultaba todo un manjar.

 

Eran los últimos años de la década de los 70, muy temprano caminábamos hacia la Secundaria Tollan, el turno matutino comenzaba clases en punto de las 7:30, a diario encontrábamos a un joven que con su canasta de pan en la cabeza bajaba montado en su bici a toda velocidad por la empinada pendiente que conduce a la recta de Jalpa con tal temeridad y osadía que soltaba el manubrio de su pesada máquina tipo turismo con una sonrisa de satisfacción en el rostro, hasta que un descuido o quizá una piedra lo sacó de balance y se estrelló botando bolillos, conchas, campechanas y demás piezas que en la tienda esperaban para surtir a la clientela. Nunca más volvió a hacer gala de malabarismo y el pan fue transportado en una caja de cartón.

 

Por la misma época, otro muchacho con una gran canasta sobre su cabeza vendía el pan por la tarde, aunque aprovechaba que pasaba por diferentes puntos en donde los vecinos jugaban retas de fut, de voli o de beis, también a los quemados o al bote pateado, para divertirse por un buen rato, hasta que un balonazo lanzado al aire cayó encima de su canasta, mandando los panes al terregoso terreno. Adolorido, más por la pérdida de su producto que por el balonazo, recogió todas sus piezas y enojado se marchó y jamás volvió a participar en cascaritas, aunque lo invitaran, poniendo calle de por medio cuando pasaba enfrente de los campos de juegos.

 

Recorriendo la Feria Ambiental en el Parque Ecológico Los Álamos me senté a degustar una concha con nata, a un costado una amable señora saboreaba un plato de antojitos “¿En dónde compró su concha con nata?” me preguntó, le respondí y como impulsada por un resorte de inmediato se dirigió hacia el puesto señalado, cabe decir que además ofrecían unos chinos y panqués que a la pura vista lucían apetitosos. La señora regresó a su lugar y riendo me comentó que ya se habían terminado pero que llegó otro cargamento de conchas calientitas directamente del horno y de inmediato estaban siendo preparadas con su respectiva porción de nata; con la vista siguió minuciosamente el proceso hasta que se la despacharon, la recibió feliz y la puso a un lado de su plato. Me despedí deseándole buen provecho y ella agradeció sonriente.

 

El sabor a piloncillo del ladrillo me volvió su asiduo consumidor, lo mismo de los cocoles, que acompañados de un vaso helado de leche constituyen para mi gusto una perfecta merienda; aunque reconozco lo deliciosos que son los bisquets, las campechanas, los cuernitos, las hojaldras solas o rellenas, los ojos de Pancha, los bolillos, las teleras, las banderillas, las conchas, el budín, las piedras, los polvorones ¿Ya probaron los sabrosísimos polvorones que venden junto a la Primaria Benito Juárez?

 

El pan, alimento infaltable en los desayunos y meriendas, en las fiestas o en las comilonas en forma de pastel. El mejor pan y el mejor expendio es el que Usted prefiere, porque en cuestión de gustos particulares cada persona manda. Eso sí, la variedad es tan amplia que bien se podría pasar un buen tiempo degustando el producto de cada panadería; la oferta es tan grande que hasta puede saciar el apetito de consumidores con requerimientos especiales ¡Así de noble es la panadería! Y como dijera Tin Tan: “El panadero se va”. *NI*

 

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