6 de abr de 2020

*ADIÓS NACHO TRELLES.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.


Por OFICINA | miércoles 25 de marzo del 2020 , 12:16 p. m.

La nota necrológica en color negro del Club Deportivo Cruz Azul me cayó como balde de agua fría en esta fresca mañana del miércoles 25 de marzo. Me refiero al fallecimiento del gran Nacho Trelles, conocido en la cultura popular como “el viejo zorro”. La contingencia sanitaria obliga a un funeral privado, qué pena, cómo me hubiera gustado ir a presentarle mis respetos; ahora a esperar  que en un futuro cercano se le rinda un homenaje en su memoria, como él se merece.

Don Nacho cumpliría 104 años el próximo 31 de julio; este 24 de marzo se despidió de este mundo con un envidiable palmarés de éxitos deportivos que lo encumbraron como el Director Técnico más triunfador en la historia del futbol mexicano. Hay que aclarar que los títulos que ganó fueron en torneos largos, de los que duraban casi un año y que solo al final de cada temporada se podía contratar refuerzos.

Llegan como cascada momentos significativos en la que la presencia y la personalidad de don Nacho se catapultó hacia los seguidores de la Máquina como un símbolo de éxito, como un factor de seguridad en el triunfo. Las tres finales consecutivas jugadas contra Pumas, Tigres y nuevamente Pumas a finales de los años 80, ganando las dos primeras con goles de leyendas celestes como Rodolfo Montoya y Horacio López Salgado, y perdiendo la tercera por las pifias del Oso Ferrero.

Don Nacho no solo fue un triunfador en el campo deportivo, su personalidad y fama fueron suficientes para ser considerado un ícono de la cultura popular. La aparición de personajes similares a él en las muy populares historietas de la época como el Memín Pingüín y el Chanoc fueron epopéyicas, así como el homenaje que otro grande como Roberto Gómez Bolaños le rindió en sus clásicas películas de “El chanfle” en el personaje de “Moncho Reyes” encarnado por Ramón Valdez.

Tuve el gusto de acudir, invitado por su hija María Eugenia, a su festejo de 99 años, celebrado en La Noria y organizado por el Club Deportivo y por ex jugadores que estuvieron bajo su égida: Marco Mendizábal, Rafael Toribio, Rodolfo Montoya, Julito Aguilar, Peque Rubio, Gerardo Lugo, Omar Mendiburu, entre muchos otros. El profesor Maturano, su eterno compañero como preparador físico, compartió una anécdota sucedida en una gira por las Islas Canarias, en España, cuando la Máquina acudía al Torneo Teresa Herrera, que ejemplificaba la figura paterna y de liderazgo de don Nacho.

Maturano trataba a don Nacho como “mi jefe” y lo decía en serio. Así lo demostró cuando en el último torneo ganado por los Tigres, en muchas opiniones se comparaba el respetable palmarés del Tuca Ferreti con el de don Nacho; a la mañana siguiente, en su columna publicada en un periódico de circulación nacional, Maturano puso las cosas en su lugar. Los títulos ganados por don Nacho Trelles y sus equipos, fueron en torneos largos, como apunté arriba, que duraban casi un año.

Me dijo en una ocasión Rodolfo Montoya, ese gran goleador cuya mejor etapa fue con el Cruz Azul, que don Nacho era como un padre para él; siendo un joven futbolista dinámico e inquieto, le recordé que al ver los entrenamientos en el mítico Estadio 10 de Diciembre de Ciudad Cooperativa, veíamos que don Nacho lo mandaba a cambiarse los zapatos con vivos en color blanco, por unos completamente negros. Montoya respondió entre risas que así ocurría y que le encantaba, junto con el Alfredo “el alacrán” Jiménez, hacer travesuras, y que siempre salían regañados por don Nacho.

Me comparte Erick Marín que al llegar a entrenar, saludaba a don Nacho Trelles que en ese momento era asesor de la Máquina. “Al decirle buenos días profe Trelles, él me respondía: eran buenos hasta que llegaste, Acapulco” para luego soltar la risa y estrecharle la mano. Luego, al verlo salir del vestidor con la camisa por fuera y las medias abajo le reconvenía: “Fájate esa camiseta y súbete las medias. Aquí estás en Cruz Azul” Marín se arreglaba medias y camiseta y se iba al campo y volvía a sacar la playera, entonces escuchaba desde la orilla del campo la voz del viejo zorro “Acapulco, fájate esa camiseta”. Obviamente ya no se la volvía a desfajar.

En la historieta de Memín Pingüín, él y sus amigos se van a jugar futbol en un torneo en Monterrey, allá viven múltiples aventuras que les sorprenden sobremanera, comenzando con la forma regional de hablar, la dieta con tortillas de harina que Memín y sus cuates devoran, enmarcados en el afecto que la familia regiomontana de su amigo Carlangas que les recibe con cariño. El entrenador del equipo es idéntico a don Nacho Trelles, vestido con suéter de cuello largo, pantalón entubado, boina, bigote bien recortado.

Fue el Chanoc, aventuras de mar y selva, quien en varios de sus números enfrentó a la Selección Nacional de futbol, comandada por “el viejo zorro”, contra la selección de Ixtac, liderada por su goleador Chanoc, acompañado por el baturro, el patachín, su padrino Tsekub, los caníbales puk y suk, el brujildo; las porras de Rogaciana la chilera. La indumentaria del viejo zorro era similar a la presentada por el Memín: boina, suéter de cuello largo, pantalón entubado. En el Chanoc, el viejo zorro también era conocido como “el gran bocaza” haciendo alusión a sus dotes verbales y a un líder africano de ese nombre.

Los partidos de futbol jugados por la selección de Ixtac daban para varios y emocionantes números. Después de un fragoroso encuentro que mantuvo a quienes éramos sus fieles lectores, la Selección Nacional defendía la ventaja mínimo ante el acoso de los cracks porteños haciendo gala, el viejo zorro, de toda clase de triquiñuelas: escondía el balón, se peleaba con el árbitro, regañaba a los abanderados, en fin, que metió el camión atrás, como se decía en el argot futbolero.

En el último minuto del juego una falta cometida a las afueras del área grande ponen a la Selección Nacional contra la pared, la selección de Ixtac tiene la oportunidad de empatar el encuentro ante el delirio de la tribuna, incluso los “mordedientes hidrofóbicos” así le llamaban en la historieta a los agentes de tránsito que habían llegado al pueblo a poner multas a pasto, dejan de extorsionar conductores y se concentran en la narración de radio que hacía Ángel Fernández.

Chanoc, temible cañonero, recuérdese que en Ixtac se jugaba con cocos, pone la bola en el césped, se prepara para cobrar el tiro libre; la Selección pone su barrera bajo las órdenes de Nacho Coladerón. El tirador se prepara, todos dejan de respirar, el nazareno, así se le decía a los árbitros, se lleva la ocarina a la boca y antes de pitar ocurre lo inimaginable: un cambio que es pedido por la banca de la Selección Nacional.

Sorpresivamente entra el viejo zorro vestido de short y con su infaltable boina. Se forma en la barrera, da de gritos a los defensas y a Coladerón. La tribuna está en silencio, a la expectativa de esa última oportunidad emparejar los cartones; Chanoc suelta un obús, la bola rompe el viento y saca fuego a su paso. Nadie ve en dónde queda, a dónde va a parar ese balón, ni el nazareno lo ve, así que transcurrido el tiempo del partido hace sonar su ocarina y da por finalizado el encuentro ¿En dónde quedó la bolita?

Las gradas se vacían, el público invade el terreno de juego para pedir autógrafos a sus ídolos, en la penúltima escena de la historieta se ve al viejo zorro de espaldas y saltando de alegría, en la siguiente escena se le ve de frente vociferando “¡Ganamos, ganamos!” con el balón atorado entre los dientes, mientras Chanoc sonríe.

Adiós gran Nacho Trelles, sabio del futbol. Descanse en paz. (EDICIÓN DIGITAL)

 

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