20 de sep de 2021

*Yo confieso.

Por Magda Olguín


Por OFICINA | martes 9 de marzo del 2021 , 06:17 p. m.

Confieso que hasta hace cuatro años pensaba que todo esto del feminismo era algo exagerado y que por ende las mujeres que salían a las calles y discutían sobre sus derechos en reuniones familiares estaban un poquito fuera de lugar o no era una manera correcta de manifestar sus “exasperaciones personales”.

Debo confesar también que fui, en algún momento de la vida, enemiga de mujeres que por su libre forma de vivir juzgué sin censura y además cuestioné sus capacidades para algunos puestos de trabajo sólo por su forma de vestir, hablar o simplemente SER.

El Día de la Mujer fue declarado en 1975 por la Organización de las Naciones Unidas. La ONU escogió el 8 de marzo para conmemorar la primera manifestación femenina celebrada ese mismo día, pero en el año 1857.

Es un día que recuerda la lucha de las mujeres por la búsqueda de equidad de género. Esta concentración del siglo XIX, en plena revolución industrial, la protagonizaron las trabajadoras de una fábrica textil de Nueva York, con el lema 'Pan y rosas' para protestar por las condiciones laborales quienes pedían la reducción de la jornada (más de 12 horas diarias) y el cese del trabajo infantil.

¿Cómo comencé a creer en el feminismo? Pues dicen que una se vuelve feminista con su propia historia y sin más detalles diré que así me pasó. Me di cuenta que las oportunidades, en uno de los medios en los que me desarrollo, llegan más rápido los hombres que las mujeres. Viví en carne propia el feminicidio de una de mis alumnas a manos de su ex pareja y además un día saliendo de casa, sin más, un hombre se me acercó y me tocó por la espalda (mejor dicho hasta donde termina la espalda) sin mi consentimiento, corrí para alcanzarlo,  me dio coraje, le dije improperios, pero fue en vano, sucedió y durante una semana estuve recordando el episodio culpándome porque a lo mejor  “me había ido por un lugar con poca gente” o “porque llevaba un pantalón ajustado”… suerte, pensaba,  que no iba con mi pequeña… en fin que sólo son algunos episodios de mi vida,   cuando… entonces pasó…

Pasó que hice una introspección y miré el contexto actual de las mujeres y con la guía de una amiga muy querida caí en la cuenta que debía cambiar el chip inmediatamente para poder brindarle a mi hija la seguridad en la que ella merece vivir.

Yo confieso, que no es fácil, cuando se quita la venda de los ojos y comienzas a observar detenidamente a la sociedad desde este movimiento te das cuenta de la cantidad de injusticias y el número de casos en aumento de mujeres víctimas de violencia dentro y fuera de sus casas…

Te das cuenta que, tus amigos, hombres, son machistas (algunos ni siquiera lo saben) o bien tus amigas cercanas son misóginas y que en ese ambiente te has desenvuelto toda la vida y que no, no es normal. Que el decir “niños” en general y no mencionar a las “niñas” se te hace algo que debería ser fácil de entender y que como maestra de español deberías defender el buen uso del castellano, pero no, una institución hecha por hombres no debe decirnos cómo hablar para seguir invisibilizando a la mujer (ahora pienso) y que, aunque me tarde más ahora son “niñas y niños” o bien, “muchachos y muchachas”.

Confieso que me costó mucho entender al aborto como un problema de salud pública y que las mujeres tienen todo el derecho sobre sus cuerpos para poder decidir, lo que desean hacer, hijos queridos para evitar más violencia, más pobreza, más muertes de mujeres en la clandestinidad.

El año pasado participé en la mega marcha de la CDMX, fue en este mismo medio donde di cuenta de mi experiencia a través de una crónica; ha sido una de las experiencias más impactantes de mi vida conocer de viva voz a esas mujeres que buscan a sus desaparecidas o a las que mataron sólo por ser mujeres.

Tengo algo grabado en mi corazón: “qué bueno que estás aquí hermana, te necesitábamos” es lo que me dijo una completa desconocida ese 8M del 2020… y me abrazó. Después me enteré que su hija había sido asesinada y regalaba flores a todas como agradecimiento de seguir en la lucha “por su pequeña”, cuando se le terminaron comenzó a abrazar y así lo hizo durante toda la marcha…

Confieso que no tengo paciencia en redes sociales para hablar del tema, si descubro un rasgo de machismo o misoginia en alguien, simplemente y por salud mental lo elimino o bloqueo. Confieso que me falta mucho, mucho por aprender y que admiro a aquellas que me llevan la delantera y explican el tema de “pe a pa” con manzanitas para que todas y todos entiendan.

Una de mis alumnas un día me cuestionó sobre el feminismo (quiero suponer que no fue con el afán de perder clase) y entonces hice una pregunta al grupo, donde el 80 por ciento eran mujeres, “¿Díganme aquí quién NO ha sufrido algún tipo de violencia en lo que lleva de vida?” Nadie levantó la mano ¡nadie! Es decir, un grupo de 40 personas, la mayoría mujeres, habían vivido violencia antes de los 19 años. Lo que siguió fue una extensa plática sobre la lucha de las mujeres por la equidad de género (después de todo no fue clase perdida).

El feminismo es una ideología y movimiento social que pide para las mujeres el reconocimiento de capacidades y derechos que tradicionalmente han estado aprobados o bien vistos para los hombres.

Entre algunos puntos que el feminismo engloba están: El derecho de las mujeres a vivir, a la integridad física y psicológica. Derecho a decidir sobre su cuerpo.   Igualdad salarial y oportunidades laborales.  Igualdad en los espacios públicos.   Reparto de forma equitativa de las labores domésticas, de cuidado y de crianza de los hijos. Derecho a relaciones de pareja respetuosas y equitativas.

Yo confieso que ser católica y feminista me pone siempre en una disyuntiva muy difícil de entender, pero he comprendido que yo no soy feminista porque sea una rebelde perdida o porque mi vida se haya llenado de pecado. Yo soy feminista porque reconozco que valgo lo suficiente para no entregar mi vida a cualquiera. Yo soy feminista porque reconozco que hay que amar por encima de todo, y que los hombres y las mujeres deben estar en igualdad de condiciones. Soy feminista porque reconozco que hay situaciones de discriminación hacia la mujer que debemos cambiar. Para mí, lo más fundamental de mi vida es el amor. El amor visto desde 1 de Corintios 13:4-8 (uno de los versículos más trillados en el mundo cristiano): el amor de las segundas oportunidades, de ponerse en los zapatos del otro, el amor que no juzga a las personas, sino que espera todo lo bueno, lo justo, el que todo lo cree…

Me da mucha risa cuando cuestionan a las feministas que son casadas (como yo), que tienen hijos, que han perdonado a un hombre infiel o decidieron seguir solas su camino después de un episodio de traición por un hombre. Sí, cuesta entender que no tiene que ver una cosa con la otra y que lo mejor de este movimiento es que defiende el derecho que tienes como mujer a decidir lo que te haga feliz, si decides quedarte o irte, si decides perdonar o no, es tu derecho, de eso se trata, que puedas elegir y que no por ser mujer “debas de” seguir un patrón social o una obligación sólo por tu género.

Confieso que me costó mucho entender el acompañamiento a una mujer violentada, que perdona a su pareja continuamente y que alguna vez llegué a decir “por tonta está ahí” …un tema por demás delicado en el que el único papel que debemos tener es el de cuidar y proteger hasta dónde más podamos, ya que, el proceso que vive una mujer en esa situación es complicado, pero el que estés ahí al lado, alerta cuando te necesita, es una gran ayuda… y entonces conocí la sororidad.

La sororidad es esa solidaridad y hermandad entre mujeres ante situaciones de discriminación, violencia y machismo. Como si se tratara de una alianza o un pacto no escrito para luchar por la igualdad, apoyarse entre sí, dar ánimo a las que lo necesitan y defender los derechos de todas.

Una vez, alguien cuestionó mi sororidad después de que una ex amiga me traicionó… y pensé entonces que soy sorora pero no pen…tonta, es decir, si un ser humano me daña (sea hombre o mujer), lo mejor es tratar de entender por qué lo hizo y poner sana distancia. Es todo.

Por último, querido lector y lectora… debo confesar que el tema del peso y el cuerpo es algo que tengo tan arraigado que me cuesta no hablarlo… me explico: si es gorda, flaca, alta, baja, una persona, simplemente así es y nunca, nunca se debe hablar al respecto…En un entorno donde la imagen es importante esto último es muy, muy difícil de aceptar y dejarlo de hablar, me ha costado bastante. Recuerdo un experimento social en un noticiero donde los conductores era un hombre y una mujer. Después de un año confesaron que el hombre llevó el mismo traje durante 365 días y nadie se percató. ¿Hubiera pasado lo mismo con la mujer?

 Escribo esta columna confesando que no soy una experta en el tema y que sé que muchas mujeres, siguen, como yo lo estuve en algún momento, vendadas de ojos sin saber siquiera lo que esas mujeres “locas” que se peleaban en las fiestas con amigos, defendían. Hoy también he comprendido esta parte, de entender a esas mujeres y que, aunque no crean o pongan peros en el feminismo, yo de igual forma saldría a la calle a defenderlas, a luchar por sus derechos.

Seguiría escribiendo sobre ideas acerca de lo que el feminismo me ha dejado en los últimos cuatro años, pero es corto el espacio y muy extenso el tema, espero que, como yo, aunque sea por curiosidad investiguen más sobre este movimiento tan bonito y noble. No pido que se conviertan sólo que lo entiendan y que seamos empáticos con las personas que lo manifiestan abiertamente y siguen en la lucha por defender los derechos de las mujeres.

Es todo por esta semana, mis redes sociales abiertas para usted MAGDA OLGUÍN en FB y MALENITAOL  en IG y twitter. *NI*

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