20 de sep de 2021

*Las vacunas y el mercado internacional.

Por Magda Olguín


Por OFICINA | martes 26 de enero del 2021 , 05:43 p. m.

En enero de 2021 todos vemos una lucecita (aunque lejana) al final del túnel de esta pesadilla  llamada coronavirus, y es que, todos los días no levantamos con nuevas noticias sobre las diferentes vacunas que están proceso o ya están a la venta aplicándose en diferentes partes del mundo; sin embargo, a casi un año del confinamiento,  nos preguntamos ¿por qué tarda tanto una vacuna en salir al mercado?

Las vacunas son aquellas preparaciones (producidas con toxoides, bacterias, virus atenuados, muertos o realizadas por ingeniería genética y otras tecnologías) que se administran a las personas para generar inmunidad activa y duradera contra una enfermedad estimulando la producción de defensas.

La realidad es que el proceso de elaboración de una vacuna es lento y complicado. Hay diferentes tipos de vacunas y hay que decidir cuál es la mejor opción para atacar los virus. Después hay que hacer pruebas clínicas en animales y posteriormente en humanos. Finalmente tiene que pasar por procesos legales.

Tal como lo afirma Gordon Dougan (profesor de la universidad de la Universidad de Cambridge  y  experto en infecciones, vacunas y genómica) crear una nueva vacuna desde cero es un proceso tecnológico desafiante. Normalmente se necesita pasar por varias etapas hasta alcanzar este objetivo y, a medida que se da cada paso, el costo aumenta al menos en un orden de magnitud, por lo cual, también el riesgo. Además, el desarrollo de una nueva vacuna puede fallar en cualquier momento. 

La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto la necesidad de vacunas contra el virus SARS-CoV-2; a mediados del 2020 había al menos 43 en desarrollo.

Según un estudio publicado en el número de julio de 2017 de la revista especializada Vaccine, en los Estados Unidos cuesta entre US$ 50 millones y US$ 500 millones poner en marcha una planta de producción de vacunas monovalentes, y el costo puede llegar hasta los US$ 700 millones en el caso de las vacunas polivalentes. La complejidad de estas plantas hace que además se requiera personal especializado para garantizar su funcionamiento.

Como consecuencia de ello, las vacunas suelen ser producidas por fabricantes que disponen de recursos abundantes y sirven a clientes de países donde el acceso a mano de obra especializada no supone un problema. Los fabricantes más pequeños o situados en entornos con pocos recursos se ven excluidos.

«Las inequidades inherentes a la producción de vacunas, que siempre son un problema importante, alcanzan una enorme gravedad cuando el acceso mundial a una vacuna eficaz resulta vital, como ocurre en la pandemia de COVID-19 en curso», asegura Erin Sparrow, experta en enfermedades infecciosas de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Poner en marcha la producción de vacunas no solo es caro, sino que suele ser lento: según el estudio mencionado, hacen falta siete años para diseñar, construir y certificar una fábrica para tres vacunas polivalentes e iniciar la producción comercial.

Pero no todo el panorama es complicado, ya que en el último trimestre del año pasado Pfizer anunció que su vacuna tenía una efectividad de 90 por ciento para combatir la enfermedad. Noticia que resultó positiva porque la tecnología utilizada para desarrollar esta vacuna es de modificación celular para reprogramar el código de la célula, que se conoce como RCA. Con este método, que no es tradicional, se espera que la eficiencia del tratamiento sea de 70 por ciento, por lo que los resultados de Pfizer fueron tomados con entusiasmo, porque finalmente podríamos decir que estamos en el inicio del fin de la pandemia, al tener una solución estructural contra la enfermedad.

A esa vacuna se le sumó el anuncio de Moderna, cuya eficacia es inclusive superior a 94 por ciento. Ambas farmacéuticas han dicho que tienen la posibilidad de producir 50 millones de dosis cada una –se necesitan dos por persona– y que podrían vacunar a 50 millones de personas al final del año. Se espera que consigan la aprobación del FDA tan pronto como en las siguientes semanas.

Adicionalmente, se estima que produzcan más de mil millones de dosis para este 2021, lo que en conjunto con otros laboratorios que están desarrollando la vacuna con la misma tecnología, podrían vacunar a más gente. Asimismo, hay otros laboratorios como Aztra Zeneca, cuya tecnología para desarrollar la vacuna es tradicional, y también se espera que tengan la aprobación en los siguientes meses, siendo ésta más segura porque están siendo evaluadas con un enfoque probado.

De tal manera que se espera que haya inmunidad de rebaño –60 o 70 por ciento de la población con anticuerpos– a finales de 2021. De concretarse, en 2022 estaríamos de nuevo en la era pasada, con la salvedad de tener en el mundo políticas monetarias hiperlaxas que continuarán al menos hasta 2023, haciendo posible que se recupere más rápido el nivel de actividad económica previo al covid-19.

El año pasado el Banco Mundial dio una respuesta masiva para la pandemia de civid-19, con un financiamiento de hasta USD 160 000 millones durante 15 meses, para ayudar a los países de todas las regiones a abordar las necesidades de salud inmediatas y mitigar los impactos económicos y sociales a corto y largo plazo de la pandemia.

La visión del BM  es que las vacunas se desarrollen a gran escala y se distribuyan de manera gratuita, a través de un proceso razonable y objetivo.  

Las vacunas se deben poner primero, dicta la Organización Mundial de la Salud, a disposición de diferentes grupos de la población por etapas, priorizando a los trabajadores de la salud que están en la primera línea de la respuesta a la covid-19, así como a las personas con mayor riesgo de contraer enfermedades graves y morir.

El Banco Mundial afirma que no podemos permitir que los países de ingreso alto monopolicen el suministro mundial de las vacunas para la covid-19, como ocurrió durante la pandemia de gripe A (H1N1) de 2009.  Los países y las poblaciones más pobres y vulnerables no pueden quedar rezagados. Sería una solución mucho mejor que la comunidad mundial garantice la existencia de un sistema de distribución equitativa en todo el mundo.

En nuestro caso (México) nadie sabe cuál es realmente el plan de vacunación, hasta dónde llega, su verdadera calendarización. Tampoco sabemos con claridad cuáles son las vacunas que se aplicarán: sabemos que tenemos asegurados algunos millones de Pfizer, que se retrasarán un mes por la reconfiguración de la cadena de producción en Bélgica; estamos empaquetando aquí las de AstraZeneca, que podrían llegar a 10 millones de dosis, y lo demás es especulación. Un día se dice, lo dijo el propio Presidente, que se comprarían millones de dosis de la vacuna Cansino, de origen chino, y otro día que serán las rusas Sputnik.

Aún estamos al principio del final, está claro que no podemos detener este virus por sí solos. Necesitamos actuar juntos (todos los países) porque a todos nos conviene. Es un imperativo moral: simplemente, es lo que hay que hacer y más vale apurar el paso.

Gracias por su lectura, nos leemos pronto. Mis redes sociales abiertas para usted. Magda Olguín en FB y MALENITAOL en IG y Twitter. *NI*

 

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