12 de jul de 2020

*Tres Amores 26/11/2019

Por Dora Martínez   Luego de unos meses de adaptarnos a nuestras costumbres,  le enseñé a conocer la gran ciudad y a


Por OFICINA | martes 26 de noviembre del 2019 , 07:26 p. m.

Por Dora Martínez

 

Luego de unos meses de adaptarnos a nuestras costumbres,  le enseñé a conocer la gran ciudad y a ubicarse por medio de mapas. No tenía necesidad de desplazarse a grandes distancias, pero iba a lugares de compras con mi familia y aprendió a conducir en esta jungla de asfalto.

Los fines de semana íbamos a la casa de Cuernavaca a descansar y la fuimos arreglando a su gusto. Cambiamos muebles y decoración y la pusimos muy bonita.

En una ocasión platicamos de una preocupación que tenía. Estaba en los 36 años y quería ser madre, habló en serio de sus condiciones físicas y la posibilidad de tener un hijo sano a tiempo.

Le dije que esperara unos meses, mientras tanto planearíamos la posibilidad, comenté que yo quería disfrutar de su embarazo y que tuviéramos un hijo planeado, deseado, esperado con alegría. Ella lo tomó a mal, pensó que yo me negaba porque ya tenía dos hijos, pero ella quería tener esa bendición de ser madre. Me lastimó que ella tuviera esa opinión de mí. No lo podía evitar, pero no era cierto. Ella era más importante para mí que mis hijos, ellos estaban lejos y no sentía su cariño. No podía pensar que ella no fuera importante para mí y que no me importaba si se embarazaba o no.

Pasaron los días y me pidió que la dejara visitar a sus padres en Uruguay, que una semana con ellos estaba bien.

Estuve de acuerdo, fui con ella, la dejé con sus padres, pasé a visitar a mis hijos y regresé a México; Martina me comunicó que se quedaría otros tres días y regresaría.

Cuando llegó a México nos amamos como desesperados. Todos los días teníamos sexo, apasionado, lleno de amor y deseo.

Tres semanas después supimos que estaba embarazada, lloraba de la emoción al enterarse, ella creía que no era fértil, a mí me cimbró la noticia, pero me dio mucho gusto. Monitoreamos el embarazo cada mes, no hubo ningún problema en el desarrollo del bebé. Todo marchó bien. A unos días del parto, llegó la madre de Martina, ella y mi mamá la acompañaban todo el día. Fue un embarazo lleno de ilusión y temores, Martina pensaba que en cualquier descuido de la salud podría perder a su bebé, todo lo atribuía a su edad. Se volvió un poco exagerada.

Nació mi pequeño bebé rubio como un sol, con el paso de los días nos dimos cuenta que heredó los hermosos ojos azules de su madre, blanco, rubio, de ojos azules con toda la herencia de la familia y genes dominantes de su mamá, a mí no me dejó nada la naturaleza, ese bebé era hermoso pero de mí no tiene nada… bueno tal vez la nariz.

Así lo amo, lo adoro, es mi razón de vivir.

Mi madre lo adora y mi pequeña familia también. Mis amigos estaban muy sorprendidos de las características de mi hijo. Meses más adelante cuando iba a bautizarlo, mis amigos me dijeron que le hiciera una prueba de ADN. No lo podía creer, no podía aceptar que mis amigos pensaran que yo no era el padre, pero lograron clavarme esa incertidumbre.

Al platicarlo con mi madre, me dijo que ella pensaba lo mismo, que no me niegue a hacerle esa prueba sin que Martina se enterara, total si era mi hijo no había  ningún conflicto. Me sentí muy mal por muchos días. ¿Qué iba yo a hacer si no era hijo mío? No sé si lo iba a poder soportar, no es posible que la vida me juegue así de rudo y me dé el último golpe en el corazón.

De pronto recordé la plática acerca del enamoramiento del primo, relacioné que pudieron haberse encontrado en los días que estuvo allá y que a propósito y sin razón alargó su estancia unos días. Enloquecía con la idea de que se pudo haber embarazado de él.

Lo pensé mucho a solas y no quise hacerlo. Pensé en los sentimientos que me despertó ese bebé y lo iba a amar siempre como el primer día que lo conocí.  Lo bautizamos mi hermana fue su madrina y le pusimos por nombre Lucas.

Mi madre aceptó mi decisión y lo adora, lo consiente, lo mima y es todo para nosotros. Martina ya no quiso correr el riesgo de otro embarazo por su edad y aceptamos fuera hijo único.

Pasó por mi cabeza que un segundo hijo tal vez fuera más parecido a mí y heredara mis características. Me iba a volver loco. Fue mejor así.

Actualmente mis hijos argentinos tienen 15 años y viven con sus respectivas madres, sigo a cargo de su manutención aunque Marcela y Valeria ya tienen su pareja y otros hijos. Yo veo que ya falta poco para traerlos a vivir conmigo a México a estudiar; si ellos deciden no venir estaré de su lado siempre.

Mi solecito divino tiene seis años y sigue hermoso, es muy carismático, hace amigos fácilmente- se parece a mí- todo mundo lo quiere.

Mis amigos en cada oportunidad me bromean con decirme que sí ya sé  quién es el padre de pequeño Lucas. Me dicen que está muy bonito para ser mi hijo. Pero son bromas, solo bromas…

Mis tres amores son Patricio, Thiago y Lucas.

Sin embargo la felicidad no puede ser completa, dicen que no se puede tener todo en la vida, que las desgracias no vienen solas.

Ocurrió que murió mi padre y tuvimos muchos problemas con el tema de la herencia y el testamento, dejó de llegar el dinero que recibíamos de él; a mi madre la liquidaron de la empresa y a mí también me tocó el recorte de personal. Tuve que vender mis carros, la casa de Cuernavaca, vendí mi parte de la sociedad del negocio de autopartes y la economía se me vino al suelo. Me quedé sin dinero.

Estas circunstancias han hecho que Martina esté pensando en irse a Uruguay y buscar un trabajo donde tenga un buen ingreso.

Busqué empleo en la competencia y tengo un sueldo miserable. Se acabó el dinero y el amor se salió por la ventana.

Tengo que hacer algo para que mi esposa no me deje y se lleve  a Lucas a  vivir a  otro país. Voy a morir de dolor.

Víctima de Marcela, y canalla con Valeria, la vida me está cobrando mis errores cuando  pensé que estaba mejor.

De los únicos que recibo ayuda y apoyo moral es de ese grupo de amigos que tanto me bulean, me recomiendan en las mejores empresas, busco un puesto superior y me rechazan por la edad.

Es de no creerse lo que pasa en mi e vida solo que…esta vez no tendré recursos para sobreponerme. FIN

 

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