4 de dic de 2021

Tres amores 22/10/2019

(Cuarta de ocho partes)


Por OFICINA | martes 22 de octubre del 2019 , 05:40 p. m.

Por Dora Martínez

 

Luego se fue con sus amigas y al parecer pasó la tarde llorando. Llegó a casa con mal semblante.

- ¿Qué te pasa? pregunté un poco indiferente.

-         Me peleé con las amigas, me dijeron cosas muy injustas…

-         ¿Terminaste la amistad?

-         No, no es para tanto, tal vez mañana se den cuenta que es solo un mal entendido. Me van a ofrecer disculpas, dijo.

Pasó varios días triste y deprimida,  pensativa, ausente,  sin salir por las tardes ni frecuentar a su grupo de amigos.

Me dolía el corazón de ver lo que ese hombre le causaba. Seguramente sentía algo por él.

Empezaba diciembre y la algarabía en la ciudad de las compras navideñas, las comidas anuales de la empresa, las cenas con amigos, estábamos en los preparativos de la cena familiar y la compra de regalos del intercambio, cuando de pronto, conservando el estilo de Marcela, me dijo que tenía algo que hablar conmigo.

Dijo: En días pasados cuando te dije que iba a los castings, estuvo en México Matías,  vino por mí y a proponerme regrese con él a Argentina. Tuve intimidad con él esos días y siento que lo amo profundamente. Llámame loca si quieres, pero no te puedo engañar. No quiero lastimarte y no he logrado sentir por ti el amor que tú esperas.

Te he sido infiel solo con él, te lo juro, no he estado con nadie que tú puedas pensar o imaginar. Así que en los  próximos días me iré  a Argentina sin boleto de regreso.

La sangre me hervía de coraje que sentí, pero me lo merecía,  dejé que ella tuviera la oportunidad de humillarme por no haberle hecho frente a su infidelidad en aquel momento. No quería perderla y me estaba haciendo el tonto para tenerla a mi lado. Qué caso tenía si nunca me ha querido.

-         ¡Eres despreciable!, le dije. Hace menos de un año que nos casamos, que te ayudé con tus padres, que nos unimos para tranquilidad de ellos y ahora te comportas de la manera más vil. ¡Eres muy cínica en confesar tu engaño, no me esperaba eso de ti! ¿Con qué dinero te vas a ir? ¿Quieres que yo te pague todo? ¡A partir de este momento nada es tuyo, ni lo que traes puesto. Te vas sin nada!

-         Está bien, no quiero que me des nada, hasta los calzones que llevo puestos los voy a dejar.  Matías ya dejó mi boleto pagado.  Gracias por todo y creo que será mejor que mañana me vaya.

El 18 de diciembre, por la mañana  Marcela salió de mi casa y  de mi vida para siempre.

CAPÍTULO 2

Estuve muy triste y deprimido en esas fechas del fin de año, me dediqué al desmadre de las fiestas, me emborrachaba cada fin de semana con los amigos, cuando llegaba al departamento lloraba mucho, todo me recordaba a ella. Para olvidarla, erróneamente lleve a muchas mujeres a mi cama, casadas, solteras, pagaba por compañía y no respeté ni a las novias de mis amigos, si ellas querían acostarse conmigo era su decisión.

Perdí el respeto por las mujeres y sobre todo dejé de creer que el amor existe, que el amor es valioso, que el respeto a la mujer es un valor que debemos tener los hombres. Me daba igual acostarme con quien fuera, nunca más tomé en cuenta los sentimientos.

En  una de esas parrandas aparecieron las amigas de Marcela en un evento privado de una marca de tintes, realmente fui invitado por la empresa  de publicidad que maneja la marca. Vi en la pasarela modelos muy guapas, españolas, brasileñas, argentinas, mexicanas; las amigas de Marcela platicaban que todas ellas eran promovidas por la misma agencia de modelos. Ahora entiendes por qué Marcela no pudo entrar aquí, son modelos AAA, lo mejor de los catálogos y plantillas de México, me comentaban.

Durante el cóctel, se acercaron dos de ellas. Mira Salvador, te presento a Valeria, llegó en enero a México y ya está llena de trabajo, es de Buenos Aires, no es gauchita como la otra, -reía de su broma-. Los dejo para que platiquen. Se dio la vuelta y dejó a Valeria frente a mí.

Ella es pelirroja, no supe si natural o de tinte, con ojos aceitunados y pecas en su nariz. Bonita y sencilla, de unos 25 años. Según decía en la plática que deseaba viajar por el mundo con el modelaje, que aspiraba ser la número uno en las pasarelas de la moda en Nueva York, que no estaba interesada en tener una relación de pareja estable, que no sufriría por amor y que no le interesaba el tema por el momento, que estaba enfocada en  llegar a su meta en la vida.

Me agradó tanto su franqueza y su idea de libertad que congeniamos inmediatamente. Platicamos casi toda la noche y planeamos vernos otro día. Así empezó mi relación con Valeria, otra argentina muy distinta.

Luego de unos meses de frecuentarla y de uno que otro acostón la invité a vivir conmigo, conservando aquella libertad que ella quería sin compromisos y solo con respeto recíproco.

Se mudó y me topé con una mujer conchuda, fachosa, floja, desordenada.  Le había asignado el closet de la segunda recámara y aquel lugar parecía la bodega de tienda de ropa.

En esas circunstancias tuve  que contratar una muchacha para la limpieza. Que se volvió la asistente personal de Valeria.

Vale estaba acostumbrada a una buena vida, hija única y bien educada, con servidumbre y otras cosas; la señora Tere congenió muy bien y adoraba acompañarla a sus casting y sus ensayos. Yo como lo prometí, no me involucré en los sentimientos, la pasábamos bien y tuvimos una  vida sexual muy activa y placentera. Ella se cuidaba mucho físicamente, a pesar de ser modelo era una mujer muy delgada y estética.

Entre ella y yo no era mencionada Marcela ni por error; sin embargo, Valeria sabe por las amigas en común que Marcela estaba feliz con su Matías y estaba embarazada. Valeria y Marcela no se conocieron ni coincidieron nunca, pues Valeria había crecido y estudiado en la ciudad y Marcela era de un pueblo cercano.

 Ya les platicaré más adelante cómo me entero del embarazo de Marcela. Un día  Valeria amaneció con malestares estomacales y vómito, estaba verde como lechuga. Fuimos al médico pensando en que tenía una fuerte infección, refunfuñaba que el agua de México era malísima y seguro tomó agua con bacterias dañinas. Como era de imaginarse, la detuvieron en el hospital para hacerle análisis clínicos y descartar una tifoidea o algo similar.

Luego de 12 horas de espera de resultados nos dieron la noticia de que estaba embarazada de tres semanas e iba en la cuarta, aproximadamente. Ella sorprendida dijo que no era posible porque había tenido su periodo. El médico solo dijo que el análisis de sangre no puede mentir, habría que revisar si tuvo una alguna otra cosa que le provocara sangrado o se embarazó en los primeros días fértiles.

No sé si me dio gusto o era un mal presagio. Salimos del hospital y le dije en el trayecto de regreso a casa que si no lo quería tener yo la apoyaría en lo que ella decidiera, que lo pensara con calma y estaba a buen tiempo para decidir. No sé si estoy listo para ser papá y también hay que pensar en que esta relación no debe cambiar, estaremos comprometidos por un hijo y nada más. Lo que ella decidiera estaba bien para mí.

Valeria guardó silencio todo el camino, tomaba sorbos de agua de limón para contener sus náuseas. *NI*

 

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