31 de may de 2020

*Tres amores 20/11/2019

(Siete de ocho partes)


Por OFICINA | martes 19 de noviembre del 2019 , 05:40 p. m.

Por Dora Martínez

 

Cuando Patricio cumplió tres añitos, Marcela me pidió un coche de regalo de cumpleaños, para poder moverse con él; llevarlo a la escuelita a nivel maternal. Ella estaba por obtener un empleo de publirrelacionista en una revista.

Me negué porque era obvio que el coche era para ella o para Matías, lo supuse; también pidió un dinero extra para comprarle ropa a mi pequeño pues había crecido mucho y era talla 5. En las fotos y videos no lo veo tan alto, tampoco le creí que fuera para él ese gasto.

Pasaron unos meses en los que iba a Argentina a visitar a mis dos hijos. Comencé a hacer trámites para que a ambos les dieran la nacionalidad mexicana y reconocer mi potestad sobre ellos.

Con Marcela convine hacer un trámite de divorcio voluntario, lo cual me requirió hacer varios viajes a ese país. Vi crecer a mis pequeños hijos siendo educados de maneras tan diferentes que me costaba respetar sus costumbres y hábitos.

Tenía en mente que cuando tuvieran  la mayoría   de edad pudiera traerlos a México y apoyarlos en sus carreras universitarias. Sigue siendo mi sueño y está cerca de convertirse en realidad.

Siguieron para mí tres años en los que disfruté viajes, mujeres, fiestas, éxitos, reconocimientos y tuve una vida muy feliz, pero sin pareja. Gocé esa parte de la libertad sin tristeza ni depresiones, a veces sentía que algo me faltaba, sentir el apapacho de mis hijos por ejemplo, o la plática con una pareja, no es sencillo llegar a casa y saber que estás solo. Bueno solo con la señora Tere quien había sobrevivido a Marcela y su familia. Ella me atendía, se hace cargo de mi casa, mi ropa, mi comida y a veces de mis crudas.

CAPÍTULO 3

Por expansión de la empresa de telefonía donde trabajaba con mi madre. Tuve que viajar a Uruguay y permanecer tres meses en Montevideo. Viví en hotel todo ese tiempo el cual pagaba mi empresa, viajé por el pequeño país a varias ciudades y conocí lugares hermosos.

En las oficinas del corporativo conocía a Martina una rubia de preciosos ojos azules. Estuvimos saliendo durante mi estancia, saliendo como compañeros de trabajo. Me enseñó los mejores lugares de la hermosa ciudad, lugares históricos, lugares de moda, los mejores restaurantes de asados. Mantuvimos la amistad a la distancia cuando regresé a México. Luego de unos meses la invité a venir a México y acompañarme a la boda de uno de los amigos del grupo.

Por coincidencia ella estaba de vacaciones y aceptó venir. Le pagué su boleto de avión, y llegó unos días antes el evento. Le di un paseo por la ciudad de México y quedó maravillada con los palacios del zócalo, con la modernidad de las calles de Polanco, con la cultura Prehispánica, en fin por muchas otras cosas de la ciudad.

Fuimos a Acapulco a la boda y le pregunté si quería hospedarse en una habitación sola o quedarse conmigo. Se le subió un poco el color a la cara, me abrazó y con un beso me dijo, contigo.

Tuvimos unas noches de locura. No sé si estaba muy necesitado de caricias y de sentir la entrega de una mujer sin  pensar en quién era o que quería,  así me enamoré como un idiota en esos cuatro días.

Estuvo sus dos semanas de vacaciones conmigo. La llevé a casa los siguientes días y estuvimos hablando de mi pasado. Confesé que estaba muy lastimado y que me daba miedo enamorarme, no le dije que ya estaba como idiota, ella de seguro lo había notado…

Martina contó que desde niña estuvo enamorada de su primo, lo más atrevido que llegó a hacer fue jugar  a esconderse en la casa de árbol de la huerta de la abuela, a darse unos inocentes besos y tomarse de la mano. En su adolescencia le gustaba uno que otro chico de la escuela y nunca tuvo suerte en el amor, cuando se atrevió a más el chico era muy miedoso, fue hasta la juventud cuando entró a la universidad que se relacionó con alguien que era muy parecido físicamente  a su primo y experimentó sus primeras relaciones sexuales, no duraron y no maduró esa relación. 

Lo más  oscuro  de su pasado fue que al  casarse su primo intentaron ser amantes, pero eran tan tontos que la esposa empezó a sospechar de él y por poco los descubren. Le avergonzó tanto esa situación que nunca más volvió a verlo.

No dimos por hecho que éramos pareja o que hubiéramos adquirido un compromiso por estar juntos esos días. Pero ella aclaró que lo hizo porque le gusté mucho desde que me vio en la oficina. Ella nunca ha estado casada ni tiene hijos, pero creo que le preocupa la edad y estar sin un marido.

Se fue a su país y seguimos en contacto, cada dos meses iba a verla y de paso a mis hijos.  En cada visita iba sabiendo un poco más de ella, visité su casa y conocí a sus padres. Sus abuelos llegaron a Argentina desde Polonia, tienen una herencia genética  europea muy dominante. Su madre, una mujer rubia de ojos claros y su padre un militar con características alemanas. Los hermanos  y hermanas de igual parecido  físico.

Con el tema de la educación viniendo de una familia que se desempeñó en la milicia la cosa era muy estricta y con alta moral. Por supuesto que no existía la posibilidad de la unión libre, así que en ese tenor tuve que hacer el proceso desde pedir su mano hasta llegar al altar de blanco, casarse por la iglesia y lo civil.

Más que nunca daba gracias a Dios no haberme equivocado en tramitar el divorcio con Marcela y legalizar mi paternidad con mis hijos. Todo estaba en orden en ese tiempo ambos nos sentíamos felices y disfrutamos mucho nuestra relación a distancia por varios meses.

Mis amigos, como siempre, me dijeron de todo: Amores de lejos… que soy el hombre más estúpido que conocían, que la olvidara, que la llamara para que viera que estaba con otro, y bla, bla, bla.

Ellos no saben que yo pensaba  llevar muy en serio esta relación. Lo supe en el momento en que no me juzgó cuando le conté mi pasado. Ahora después de un año de verla continuamente y mantener viva esa relación, de vernos con alegría, manifestando una actitud de necesitarnos, respetarnos, confiar en nosotros, era el momento de proponerle matrimonio. Estaba listo.

La traje a México y platicamos sobre la propuesta de matrimonio, se emocionó mucho con la sorpresa. Le di un anillo como símbolo del compromiso. Planeamos que la boda fuera  en México en tres meses.

Ella regresó a Uruguay para decirles a sus padres que se vendrán a México a preparar su boda.

Los padres vinieron unos días antes de la boda. Todo salió perfecto, mi hermana y mi madre cooperaron mucho, yo solo pagaba y pagaba gastos del evento. Con un final feliz. Me casé con una hermosa mujer, de buen corazón y sentimientos limpios. *NI*

 

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