5 de abr de 2020

*Tres Amores. 12/11/2019

(Seis de ocho partes)


Por OFICINA | martes 12 de noviembre del 2019 , 07:21 p. m.

Por Dora Martínez

-          Bueno parece que lo tienes pensado y decidido. Dijo ocultando un poco sus emociones.

Yo también he estado pensando en si sigo la vida contigo y olvidarme de mi carrera por un tiempo. También pensé que durante el primer año de vida del bebé no voy a buscar trabajo y me dedicaré a su cuidado. Lo que en este momento no puedo decidir es si sigo contigo o me voy. Creo que aquí Marcela es tu prioridad y tu hijo.

Dame unos días para pensarlo.

Finalmente Valeria decidió regresar a Argentina y firmamos un convenio de no faltarle nada a ella y nuestro hijo. Se llevó todo lo que habíamos preparado para su llegada. Muebles, ropa, todo.

Marcela sabía que Valeria era mi pareja, pero no que estaba embarazada.

Con tres meses de edad Patricio llegó a México y lo recibí con mucha  alegría.  Tuve muchos sentimientos encontrados. Marcela me había lastimado en lo más profundo, no gocé el desarrollo del embarazo y tampoco sabía qué tanto amor o rechazo sentía  ella por Patricio. Tal vez su plan es dejármelo e irse nuevamente.

La alegría pudo más que la incertidumbre de mis pensamientos. Llegamos a casa y se sorprendió que todo estuviera dispuesto para el bebé. El cuarto seguía decorado y compré un pequeño moisés, por supuesto Patricio había crecido y  no cabía,  tuvimos que comprar  una cuna.

Mi madre no apareció para conocerlo,  ni  de visita  en mi casa. Yo llevo a Patricio a verla de vez en cuando y Marcela no es bienvenida.

Pasaron unos días cuando Valeria me comunicó que Thiago ya había nacido. Era un niño sano, fuerte y muy parecido a mí. También moreno claro con mis rasgos físicos,  y con algunos detalles de su madre.

La relación con Marcela se fue limando poco a poco, yo no era el mismo ni ella se portaba igual que antes, era más seria, sumisa y obediente.

Al querer integrarla al grupo de amigos del trabajo, fue rechazada por algunos, mejor dicho por sus parejas, poco platicaban con ella o de plano la ignoraban.

Los amigos me decían: Nos vemos el viernes pero no lleves a tu vieja ni a tu carboncillo. No me ofendía ni que no quisieran a Marcela ni que le apodaran a mi pequeño el carboncillo. Siempre lo tomé como parte de las bromas del grupo de amigos.

Marcela trajo a su familia a vivir a México, su hermano Diego quien vivía en Buenos Aires con su esposa y  dos hijos. Posteriormente llegaron sus padres, ellos solo estuvieron un mes pero su hermano tenía en la mira poner un negocio en México. Me propusieron asociarnos y montar un restaurante argentino en Cuernavaca. Claro que ellos querían que yo pusiera la lana y ellos se encargaban de operarlo.

Lo pensé mucho y finalmente decidí no involucrarme de esa manera. En el tiempo que estuvieron sus parientes en México, Marcela era la mujer más dócil, comprensiva, prudente y atenta. Se regresaron todos casi al mismo tiempo al ver que no fructificó su proyecto. Sin embargo pusieron sobre la mesa la posibilidad de que me fuera a Argentina y pusiera el negocio allá. Tal vez un restaurante de comida mexicana.

Estuve tentado a hacerlo, uno de mis proyectos de vida era tener un negocio del cual viviera en lo futuro sin preocupaciones, pensé que el negocio de la comida era buena opción.

Mis amigos y mi familia no podían creer que esa idea pasara por mi cabeza, una y otra vez me decían que Marcela era una oportunista, que no me quería en realidad y solo quería convencerme para quedarse con todo. Te dijimos que era un lobo con piel de oveja. repetían continuamente.

Desde su nacimiento,  veo a Thiago por Skype, Valeria le decía saluda a papá y yo me derretía de amor por él. Planee ir a Argentina a conocerlo y pasar unos días con ellos.

Obviamente Valeria vivía en un departamento que había conseguido en renta el cual yo pagaba. No les faltaba nada,  recibe diez mil pesos argentinos para vivir sin dificultades.

Thiago fue un niño muy sociable y divertido desde pequeño. No existió nunca la opción de que Valeria viviera con sus padres, el hecho de hacerme cargo de todo por el bienestar de mi hijo, me daba el derecho de poder llegar a su casa a visitarlo. Nunca busqué seguir teniendo relación de pareja con Valeria y así la respeté siempre. Si ella decía que no llegara a su casa la iba a respetar y me iría a un hotel. Eso no me causaba problema.

La que me causaba problema era Marcela. Se enteró de la existencia de Thiago de la misma manera que ella me dio a conocer a Patricio. Por una foto. También dijo ¿quién es, se parece mucho a ti?

Cuando le dije que era el hijo que tuve con Valeria, y que ella había sido mi pareja  en los últimos meses, que siempre fue fiel y sensata, no pudo soportarlo, se convirtió en la mujer más celosa del mundo; me revisaba el teléfono cada que tenía oportunidad, me prohibió verlo y reconocerlo. Marcela se convirtió en mi enemiga. Creyó que podía prohibirme o quitarme los derechos sobre mi hijo con Valeria. Era absurda su conducta.

Fueron ocho o diez meses que Marcela y yo peleábamos por todo, Patricio cumplió su primer año, mi madre siguió sin visitar mi casa ni convivir con Marcela, las relaciones familiares se hicieron muy difíciles. El único que parecía feliz era don Luciano, padre de Marcela, cada vez más enfermo y viejo; saludaba de vez en cuando por teléfono desde su negocio. Y le volvía la vida cuando escuchaba a su nieto.

En el segundo año de Patricio, Marcela me dijo que estaba harta de vivir con ese desprecio de mi familia, que no quería vivir en México, que odiaba mi país, mi cultura, mis costumbres de familia y que pensaba regresar a Argentina.

¡Ah!, pero eso sí, me exigió la manutención de ambos sin problema, igual que hago con Valeria. Se irá cuando tenga un departamento digno para vivir con mi hijo y garantizando su mensualidad. Me pidió firmar ante notario ese acuerdo para tener un respaldo legal.

Me agarró mal parado. Otra vez me lastimó y no quise rogarle que se quedara. Acepté el trato y se fue.

Recapacité en todo lo que la familia y amigos me dijeron todo este tiempo. Marcela era inestable, voluble, ambiciosa, arribista, todo lo malo, nunca fue  sincera y    honesta conmigo, ni siquiera en sus sentimientos hacia mí.

Me quité la venda de los ojos, me arranqué a Marcela del corazón. Continuará...

 

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