31 de may de 2020

Tres amores 02/11/2019

(Cinco de ocho partes)


Por OFICINA | martes 5 de noviembre del 2019 , 07:26 p. m.

Por Dora Martínez

Luego de tres días de pensarlo Valeria y yo nos sentamos a disfrutar una cena en casa y dijo que aceptaba tener a mi hijo hasta que naciera, si continuamos nuestra vida en pareja, pensar en que pudiéramos casarnos y tener un matrimonio normal, darle una  familia a nuestro hijo y criarlo con amor. Esos eran valores que ella había aprendido y sus familiares siempre habían tenido matrimonios muy estables, y que a ella le gustaría algo así. También dijo que si algo pasaba en ese periodo, si la vida la ponía en alguna circunstancia favorable en lo profesional se detendría a valorar si continuaría con su carrera o quedarse conmigo. Me dio mucho gusto su decisión, creo que fue muy sensata y me daba la oportunidad de prepararme  para ser padre. Aunque la parte de los sentimientos tenía miedo de dejarlos aflorar. Valeria me gustaba mucho y era extraordinaria en la cama, pero no sé bien qué significaba yo para ella.

Al paso de los meses mi madre se involucró mucho en la convivencia con Vale, la llevaba con frecuencia de compras y fuimos amueblando la recámara para el pequeño que venía en camino. Mi madre estaba muy entusiasmada, ya estaba haciendo lista de invitados para su primer baby shower, y planeaba invitar a México a la familia  de Valeria al evento y conocernos. Estaba feliz de ser abuela.

Mientras Valeria estaba planeando cómo comunicarles a sus padres su situación, no encontraba la forma de plantearlo, por dónde empezar para no parecer una mujer fácil que se acostó con un hombre y se embarazó. Para ella era  muy complicado, saber que rompió los principios de moral que sus padres le había enseñado. No era fácil enfrentarlos.

Un día se decidió y nos conectamos por Skype en video llamada. Me presentó como su pareja oficial y les mostramos un babero de bebé. Se turbaron un poco, pero aceptaron muy emocionados la noticia. Platicamos de la posibilidad de venir a México antes del nacimiento del pequeño y acordamos vendrían un mes antes del parto para poder quedarse a acompañar a su hija.

Estábamos en el sexto mes del embarazo de Valeria, ya estaba todo preparado, el cuarto del bebé, la cuna, su cambiador, su mueble de ropa, todo muy acogedor. En la mañana de un jueves recibí una llamada en mi oficina, estaba ocupado recibiendo mercancías de autopartes, no revisé el número por lo atareado que estaba contando  rines, espejos, molduras, etc. Desfundé mi celular y contesté:

-  Alo, Salvador, soy Marcela. ¿Cómo te encuentras?

-  ¡Qué sorpresa! ¿a qué se debe tu llamada, cómo estás?

- Me encuentro bien.  Recientemente acabo de dar a luz, tienes unos minutos disponibles, quiero comunicarte algo importante.

-  ¡Te felicito!, sí cuéntame.  Estoy un poco atareado, pero dime.

-  Mira en este momento te estoy mandando unas fotos de nuestro hijo.

-  ¿Cómo? ¡Imposible, nunca estuviste embarazada de mí. No me vengas con cuentos!

-  Mira las fotos por favor.

Pensé que me había embarazado de Matías, en aquellos encuentros que tuve con él en México. Pero creo que quedé embarazada antes de eso.

Perdóname pero es innegable que el hijo es tuyo.

Matías y yo hemos terminado muy mal, ni siquiera fue al hospital por mí. Solo quiero pedirte que te hagas cargo de él.

Cuando vi las fotos en mi celular, ¡quedé  pasmado! el bebé era igualito a mí, moreno con pelo negro, labios gruesos,  ojos grandes y robusto.

 -          Deja recuperarme de la sorpresa, dije.

-   No te estoy mintiendo que el hijo es tuyo. Por supuesto que Matías no ha podido soportar esta sorpresa y me ha dejado sola con el bebé.

Tampoco puedo permitir que no lo sepas. Este niño no tiene culpa de mis errores. Te pido pienses con calma de qué manera me puedes ayudar.

Permanecí en silencio con la respiración agitada. no supe qué decir de momento.

-  Luego te llamo, tal vez mañana, le dije y colgué.

Me desplomé en mi silla aturdido, confundido, no sé si feliz o asustado.

Por la tarde, salí solo a un bar y estuve pensando mucho en la situación, realmente me hace feliz ver a un pequeño igual a mí, sin duda era mi hijo. Se me removieron sentimientos y me di cuenta que aún quería mucho a Marcela por sobre todas las cosas.

Pensé mucho en la relación que tenía con Valeria, sí la quería y respetaba, pero no estaba enamorado como lo estuve. Tenía que pensar muy bien la decisión que debía tomar.

Pasé varios días dándole vueltas al asunto. Primero pensé en pedirle a Marcela que regresara conmigo y acá me haría cargo de los dos. Luego decirle a Valeria que tomara ella la decisión de irse o quedarse conmigo; a las dos les ofrecería hacerme cargo de mis hijos por igual.

Tuve que hacer primero el ofrecimiento a Marcela, podía esperar tres respuestas: una que aceptara vivir conmigo y el bebé. La segunda que aceptara venir y vivir separada. Y la tercera era no aceptar y que pidiera mantenerla allá.

Cuando se lo plantee a Marcela, aceptó de inmediato venir a México y vivir conmigo, darle a su hijo un padre como debe de ser. Me pidió esperar a que registrara a nuestro hijo, como estábamos casados allá era más sencillo poder registrarlo. Me propuso ponerle Patricio; me encantó el nombre.

Después acordamos que en tres semanas  o un mes podría preparar su viaje. Fui a casa de mi madre y le conté lo sucedido. Se enojó mucho conmigo, me puso una regañada como nunca, dijo que no podía creer que la hubiera perdonado y la recibiera después de vivir con otro hombre por un año.

Le enseñé las fotos de Patricio  y se puso a llorar, dijo que no sabía si era un castigo para Marcela o para mí. No le quedó nada más que decir que me apoyaba en cualquiera que fuera mi decisión, pero que por ningún motivo iba a desamparar a Valeria.

Liberado de esa carga emocional con mi madre, sabía que lo que seguía era hablarlo con Valeria, ¿cómo hacerle para no causarle un disgusto? Estaba muy agobiado pensando en la forma que debía hacerlo.

Al día siguiente por la noche le dije a Valeria que saliéramos a algún lugar a cenar. Eso evitaría que me hiciera un pancho  y se controlara. En el lugar le enseñé la foto de Patricio, sin decirle nada.

-  ¿Quién es?, dijo, ¡Se parece mucho a ti!

-  Sí, es mi hijo, contesté.

Marcela me envió esta foto en días pasados. Piensa regresar a México para hacerme cargo del niño. Quiero hacerte una propuesta y tú decides qué hacer…

Marcela quiere regresar a vivir conmigo. No te puedo negar que aún siento algo por ella. La amé muchísimo y no la he olvidado. Ahora con esta noticia podría pensar en rehacer mi vida y hacerme cargo de mi hijo.

Tal vez te parezca que no tengo sentimientos por ti, pero no es igual. Yo te ofrezco hacerme cargo de ti y del bebé que esperamos, tú decide si quieres seguir conmigo y quedarte aquí. Si quieres seguir en México o deseas regresar a tu país. Continuará...

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