31 de may de 2020

*Sorpresa de Año Nuevo 10/07/2019

(Tercera y última parte)


Por OFICINA | miércoles 10 de julio del 2019 , 10:43 a. m.

Por DORA MARTÍNEZ
Mientras todos estaban con teléfono en mano hablando a la gente en clave y apodos-  eso nos puso más temerosos -¿con quienes  estábamos?,  oíamos  solo preguntas de Florencio el primo:
-           A ver Canelo, quienes andaban en la camioneta, la de placas de Jalisco.  Sí sabes y te estás haciendo, contéstame con la verdad o ya sabes cuál es la ley. Pásame al Güero…, a ver tu Güero dime ¿dónde están metidos los de la camioneta? ¿fueron el jabalí y el manchado con sus camaradas, verdad? ya sabemos dónde buscarlos. Luego te marco.
Nosotros estábamos callados, recordé que uno de ellos tenía vitíligo en las manos y cuello, entonces era el manchado… comencé a tener tanto temor que sudaba mucho, se me subió la presión. Quienes lo notaron les dije que era por tanto calor que hacía en la casa; sin embargo no mencioné que el que se acercó a mí era el del vitíligo.
Los compadres  estaban un poco arrepentidos de no haberse llevado su camioneta blindada de ocho cilindros; esto no hubiera pasado decía César, no me hubieran alcanzado estos muertos de hambre, bueno ni una patrulla siquiera… 
- No, dijo Luisa,  ¡nomás nos hubieran rafagueado! ¿Viste las armas que traían?
- ¡En años jamás habíamos pasado por una situación así!, dijo el compadre lleno de rabia.
Por la noche ya que doña María se había retirado a descansar, tomábamos café en la cocina, comentaron  en voz baja que fueron  los de la célula que peleaban la plaza con los de tierra caliente,-ya sabían quienes habían sido los asaltantes- formaban parte de un grupo criminal del cual el líder los mandaba a diario por un secuestro, un robo o algo que le diera dinero fácil. Comentaron que seguramente al identificarse mi comadre supieron que no podían hacernos nada.
A pesar de temblar de miedo,  temiendo que nos siguieran o nos atacaran, por la noche nos llevaron de regreso a Acapulco,  nos dejaron por la Quebrada, por alguna razón no entraron a la ciudad, durante el trayecto casi no hablaban solo el chofer dijo: Señora, ahorita estos cuates se van a esconder pero si puede salga  de Acapulco, ya saben que andan aquí.
De ahí viajamos en taxi hasta la casa en zona diamante con el poco dinero que traía en el bolso.
En casa ya con los hijos, mi comadre entró en crisis y lloró con mucho coraje, a mí se me subió la presión y Jesús no dejaba de fumar. Preocupado por cómo íbamos a recuperar la camioneta. Nos prepararon unos sándwiches, pero nadie apetecía comer. 
Sorprendidos por lo que habíamos escuchado, temerosos de que algo nos pasara estando con los compadres y sin ninguna explicación de lo ocurrido, mi esposo y yo platicamos en privado de qué era lo mejor por hacer, no podíamos regresar a México por lo de la camioneta. Tratamos de descansar unas horas.
Al día siguiente nos informaron que estaban en la búsqueda de la camioneta pero que tardarían unos días, que fuéramos a Acapulco a levantar una denuncia sin precisar que fue cerca de Altamirano,  que solo  dijéramos que por ahí cerca o en la calle la robaron. Era mentira, pero serviría para efectos del seguro del vehículo y también para que no salieran nombres y apellidos que se relacionaran con narcos o  rutas de drogas.
Pasó el periodo vacacional y dos días después regresamos a la ciudad.
Dos semanas después del asalto,  nos avisaron que habían encontrado camioneta,  escondida en caminos de la sierra, desvalijada con  las llantas cambiadas, estaban muy desgastadas. Los peritos del seguro dijeron que eran por llevarlas en caminos de terracería, las llantas de la camioneta eran relativamente nuevas, era evidente que las habían cambiado, la camioneta la ingresaron a corralón de la policía ya que tenía reporte de robo. Encontraron debajo de los asientos cocaína y marihuana en la cajuela. Obviamente en pequeñas cantidades como de consumo individual.
Luego de probar que el vehículo era el nuestro la trasladaron a una agencia para escanearla y repararla. Tardamos meses en poder recuperar la camioneta, eran vueltas cada mes con la esperanza de que ya nos la entregaran.
Después de esos días la relación con los compadres cambió mucho, se aislaron de nosotros y no nos invitaban a sus festejos. Los negocios  que tenían mi esposo y mi compadre en Acapulco se vinieron abajo, empezamos a pasar periodos difíciles económicamente y ellos no se acercaban a ayudarnos.
Comenzamos a pensar que los compadres, en especial la comadre pudiera estar involucrada en el narcotráfico directa o indirectamente con la familia, ya que ella era la del dinero y la dueña de todo. Siempre haciendo viajes a lugares exóticos y despilfarrando dinero, fiestas suntuosas y estilo de vida, que dicho sea de paso, de mal gusto, pero siempre asesorados con expertos para guardar las apariencias.
Después del susto que yo me llevé juré no ir a Acapulco o viajar con ellos. Tal vez en una próxima ocasión sí me toque una bala o pierda la vida. Hasta este momento que escribo esta vivencia no tengo una explicación de parte de los compadres de quienes son o a qué se dedica su familia, es más…  del tema no se ha vuelto a hablar.
Esta es una historia verdadera que con dificultad puedo contar. ¡Agradezco a Dios seguir con vida!
 

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