5 de abr de 2020

*Sorpresa de Año Nuevo. 03/06/2019

(Segunda parte de tres) Por Dora Martínez Era la una de la tarde del nuevo año, luego de recuperar consciencia, estuvimos un rato en e


Por OFICINA | miércoles 3 de julio del 2019 , 12:15 p. m.

(Segunda parte de tres)

Por Dora Martínez

Era la una de la tarde del nuevo año, luego de recuperar consciencia, estuvimos un rato en el jacuzzi y la alberca privada. Los compadres nos propusieron viajar a una población cercana a ver a la mamá de Luisa, ya que tenía más de un año que no la visitaba. Planearon la salida a las 9 del día siguiente. Nos pidieron  ir en nuestra modesta camioneta para no llamar la atención, pues el camino de costa es un poco riesgoso, ellos llevaban una camioneta blindada negra de 10 pasajeros, lo cual se veía muy ostentosa y llamativa.

Nos retiramos a descansar temprano y salimos por la mañana tal como se tenía planeado. Salimos rumbo a Altamirano, Gro., encontramos retenes militares en cada interjección de la carretera, acabábamos de pasar una caseta de cobro y fue en el trayecto más despoblado cuando una camioneta nos dio alcance y nos cerraron el paso. Bajaron cuatro individuos con armas largas  y nos apuntaron al mismo tiempo que ordenaban que subiéramos las manos. Dos de ellos abrieron las portezuelas delanteras y le quitaron los celulares, relojes, cartera y dinero a César y a mi esposo Jesús; los bajaron a jalones y los tiraron al piso sin dejar de apuntarles. Los tipos no traían el rostro tapado solo unas gorras; los cuatro parecían del mismo tipo, robustos, altos, de bigotes anchos, morenos. Nada de tatuajes ni marcas o cicatrices. Mientras a nosotras nos bajaron y revisaron la camioneta por dentro,  no llevábamos equipajes y no llamó nada la atención;  a mi comadre le quitaron sus pulseras y brazaletes de plata, el reloj, los lentes  y los aretes, no se dieron cuenta que el collar que traía era de coral auténtico… tal vez no eran conocedores de cosas de valor, tal vez creyeron que era de plástico… y le dejaron su collar.  El que se acercó  a mí no levantó cara y no pude ver sus facciones pero tenía manchas de vitíligo en las manos, no me quitaron nada ni la pequeña bolsa  donde  llevaba mis lentes, unos billetes doblados y mi celular. Seguro les pareció que no ocultaba nada de valor.

¡Por favor no nos hagan nada!, dijo mi comadre. ¡Llévense lo que quieran pero por favor no nos lastimen!

¿A dónde se dirigen?, preguntó uno de ellos.

Vamos a Altamirano, dijo Luisa. Somos de la familia Soberanis. No nos hagan nada- repetía pero ya en tono amenazante-.

Los asaltantes se voltearon a verse discretamente, pero dejaron ver sorpresa en sus caras.

Luego de despojarnos levantaron bruscamente a nuestros maridos,  nos obligaron a caminar en sentido contrario y se llevaron nuestra camioneta. Afortunadamente nos dejaron libres,  sin lastimarnos.

En el momento en que ya no se veían en el camino los asaltantes, retomamos el camino hacia Altamirano. El compadre mentaba madres, lleno de coraje y de adrenalina, Jesús y yo pálidos del susto de ver las horribles armas. Tratando de conservar la calma y pensar con claridad, recapacitamos que yo traía celular. Intentamos comunicarnos tanto con nuestros hijos como con la familia de Luisa y no pudimos por falta de cobertura.  Caminamos como media hora y encontramos una población pequeña, fuimos hacia una tienda e intentamos comunicarnos otra vez y nada.

Nos dijeron que en el centro junto a las canchas había una caseta de larga distancia. Al fin pudimos comunicarnos, primero a la casa de los familiares de mi comadre y luego con nuestros hijos a Acapulco. Mi comadre explicó dónde nos encontrábamos y fueron por nosotros después de una hora de espera.

El primo de mi comadre nos dijo que su esposa trabajaba en el Ministerio Público de San  Luis y que nos iba a apoyar para levantar una denuncia. Mi comadre ya recuperada de la impresión, dijo tajantemente: No primo, esos cabrones no respetaron quiénes somos, cuando les dije de qué familia somos lo único que evitaron fue lastimarnos, pero no les importó robarnos.

- Es que como crees prima que se iban a ir sin nada o dándote una disculpa. Seguramente se llevaron tu camioneta a la sierra  para perderla, después del error que cometieron de meterse con los nuestros.

Ante esta conversación mi esposo y yo quedamos perplejos. ¿De qué estaban hablando?, ¿de pertenecer a familias de narcotraficantes?,  ¿asaltantes, vigilantes, halcones?

- Se van a arrepentir, dijo Luisa. Avisa primo que echen a andar la maquinaria para recuperar esa camioneta.

Fuimos a Altamirano  y pasamos el resto del día saludando a la familia y tratando de aparentar que nada había pasado. A los hijos de los compadres les ordenaron que no salieran y que no se fueran a alocar a ir al pueblo y menos sacar la camioneta. Continuará...

 

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