4 de dic de 2021

*Silvia. (Última parte)

Por Dora Martínez


Por OFICINA | martes 17 de agosto del 2021 , 03:38 p. m.

Empezó a ausentarse de casa por dos o tres días… regresaba y decía estuve con mis hermanos en la Condesa, lo observaba y tenía golpes en el cuerpo o moretones en la cara. Cuando lo cuestionaba me decía no es nada, sólo que mis hermanos juegan a boxear y se les pasa la mano.

Cuando nos encontrábamos tranquilos teníamos una relación muy amorosa, a veces le decía que no me tocara porque nomás te veo y me embarazas. Justo una noche de pasión y con mi Alfredo de cuatro meses me volví a embarazar.

Las cosas empeoraron poco a poco, un día sin avisar me dijo: nos vamos a mudar, empaca lo más rápido que puedas; como iba yo a empacar embarazada y con dos hijos. Estaba muy nervioso y el viernes de esa semana llegó una camioneta según él de sus amigos que lo iban a ayudar, pero le ganó la policía al llegar por él.

Entré en una crisis nerviosa con mi panza y mi bebé en brazos y el otro de la mano, vimos cómo sin poner resistencia se lo llevaron, sólo dijo vete,  yo sé dónde encontrarte; yo no sabía qué hacer. Los amigos cargaron mis cosas y me llevaron a una colonia de maleantes y ladrones, me mudé a una casita pegada a una vieja vecindad de la colonia Buenos Aires…

Desamparada y sola otra vez fui a buscar a mi familia, ellos me hicieron ver que Alfredo no era lo que decía, mi madre me apoyó mientras Alfredo estuvo en la cárcel, nunca supe cuál había sido el motivo.

Regresó a casa y me contó que le habían sembrado droga en un carro que vendió y lo denunciaron.

Ya estaba por nacer nuestra hija y Alfredo mostraba conductas de abstinencia, yo creía que era por el alcohol, seguía tomando, pero no sabía que se drogaba. Una noche desesperado entró en un episodio de ira y me golpeó muy fuerte, me pateó el vientre y entre protegerme y proteger a mis hijos a medianoche me fui de casa. Ahí voy otra vez con mis padres y me quedé con ellos hasta que nació mi hija…

Estuve muy temerosa de regresar con él, pero era el padre de mis hijos y debía conocer a la pequeña, quien físicamente era muy parecida a él.

Siguió tomando y drogándose, a veces ni volteaba a verlo porque siempre llegaba golpeado, con la ceja abierta o la boca rota. No preguntaba qué le pasaba ni un reclamo de sus ausencias, esa vida me empezó a cansar. Recordaba mis años felices yendo bailar, a las fiestas y pensaba que eso nunca más lo iba poder recuperar; ahora cuando menos quince años me tocaba ser mamá y trabajar para sacarlos adelante.

Para mi buena suerte un día me dijo Alfredo, me voy a ir a Guadalajara con mi familia, te voy a mandar dinero mensual o si quieres venir conmigo busco un lugar para vivir juntos allá.

No acepté por miedo a dejar mi trabajo y a mi familia, al fin era lo único que tenía y mi familia no me iba a fallar. Alfredo se fue y yo salí huyendo de esa madriguera de delincuentes.

Pasaron tres años en los cuales de pronto nos enviaba dinero para ir a verlo. La primera vez que acepté ir, cargué con mis tres hijos, mi hija grande no quería estar con Alfredo; ella seguía pegada a mi hermana y a su papá… le decía mamá a mi hermana. Bueno entonces llegamos a Guadalajara por primera vez y su familia me recibió muy bien, su madre conoció a sus nietos y decían que eran igualitos a su padre.

Resulta que eran una familia de clase media, vivían en una colonia modesta y bonita de Guadalajara. Sus hermanos nunca vivieron en la Condesa, eran unos luchadores que se ganaban la vida yendo a plazas o ciudades donde los llevaban a pelear. Alfredo era el menos dotado para ser luchador, sus hermanos eran altos, muy fuertes, sanos y además famosos.

En esos viajes que se dieron en varias ocasiones, empecé a saber cosas de su pasado y descubrí todas sus mentiras. Alfredo siempre fue de mala cabeza, huyó de casa, se metió en muchos líos, su madre sufrió mucho por él. Estuvo varias veces en la cárcel y huyó a perderse en la Ciudad de México, ahí se relacionó en los bares con gente que manejaba drogas.

Después de saber que era un hombre con antecedentes penales, que no era quien yo pensaba y de no saber de quién me había enamorado y casado, tomé la decisión de apartarlo de mis hijos.

Sólo un par de veces más pasamos vacaciones con Alfredo y dejé de ir a Guadalajara. A mis hijos no les pesaba no ir a verlo, pues la distancia había ayudado a no tener apego, en su memoria hay recuerdos lejanos de cuando la pasamos mal con él. Duramos 12 años casados, no encontraba la forma ni cómo resolver terminar con él y con todo.  No podía pertenecer a un mundo tan malo y peligroso.

Dios siempre protege a sus hijitos. Un día mi suegra me llamó para decirme que fuera a Guadalajara urgentemente porque habían matado a Alfredo. Encargué a mis hijos y fui a su funeral.

Al encontrarme viuda y con un compromiso de sacar adelante a mis hijos, decidí no volver a casarme, vivir sola y no regresar a la casa de mis padres. Con la poca ayuda que recibí de mis suegros, pude rentar un lugar decente donde vivir.

Hoy a mis setenta años tengo a mis hijos con una vida hecha, mi Alfredo resultó buen estudiante y se ha graduado hasta en maestrías. Maryfer tomó su rumbo y tiene una linda familia; pero me tocó que la pequeña Coco a la que más protegí, heredó todos los genes de su padre, una mujer de mala cabeza no quiso estudiar más que la secundaria; se convirtió poco a poco en hombre y dice que nació en el cuerpo equivocado. Yo la acepto como es porque finalmente yo le di la vida. *NI*

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