4 de dic de 2021

*Silvia.

(Primera parte de tres)


Por OFICINA | martes 3 de agosto del 2021 , 04:10 p. m.

Por Dora Martínez

Después de vivir una adolescencia y juventud entre el rock and roll y las crinolinas,  mis momentos más felices fueron cuando iba a bailar a la jaula de aquel famoso programa Orfeón a Go-Go.  Recuerdo que estuvieron de moda las tardeadas o tocadas en la casa con amigos que llevaban su grupo de música en vivo. Los chicos de la colonia iban a bailar y entre zonas aledañas se corría la voz donde era la tocada; de esas reuniones surgieron nuevas amistades e hicimos grupos que íbamos de paseos citadinos, parejitas y amigos y amigas también se unían.

De esta convivencia surgió mi primer amor. Una de las bandas tocó particularmente en uno de mis cumpleaños y conocí a David un baterista bien parecido, que también le hacía a la cantada. Nunca lo vi tomar o consumir drogas -la marihuana estaba en su auge-. A pesar de que se daba el consumo en otros del grupo de amigos. De repente aparecían grupitos de mafiosos provocadores y se armaban las peleas; lo vi meter los puños y les daba duro, era mi héroe, se cerraba la puerta y seguíamos la fiesta.

En la época que viví con mis padres yo quería estudiar e independizarme, estaban de moda las carreras comerciales e hice la carrera de secretaria bilingüe. Trabajé en lo mío en un banco a nivel ejecutivo.

David me visitaba en casa y a mis dos hermanos hombres no les caía muy bien. Una anécdota que recuerdo y me da mucha risa es que un domingo llegó David a comer con mi familia, -aclaro que como conjunto musical de los sesenta usaba la melena larga, pero larga hasta la espalda-; mis hermanos le decían mugroso hippie,  greñudo y otros apodos, pero menos por su nombre.

Estando sentado en la sala pasó mi hermano menor por atrás y ¡zaz le quemó el cabello, se lo prendió con un cerillo y se armó un escándalo! Corrió desesperado buscando el baño y estaba ocupado…corrió a la cocina y con la tarja llena de trastes metió la cabeza para echarse agua, ya era demasiado tarde…el cabello le quedó hasta la nuca, por poco le quema la piel y el cuero cabelludo… después del incidente se cortó el cabello y me parecía más atractivo. Pero él no lo vio así, se enojó tanto que no les habló a mis hermanos durante mucho tiempo.

David y yo anduvimos de novios un tiempo, tal vez un año, y nos casamos muy jóvenes de 18 o 19 años; nuestra boda fue sencilla y tradicional de ceremonia religiosa y civil. Durante dos años estuvimos felices; a veces lo acompañaba a tocadas particulares de bodas o festejos hasta que tuvimos una hija.

Me dediqué al cuidado de mi pequeña y como dicen popularmente, casarse con un músico era pasar hambre y miseria. Tuvimos momentos difíciles porque no encontraban trabajo, por temporadas tocaban en algún bar o fiestas populares, de pronto tocaban en Xochimilco en las fiestas patronales al igual que en Cuautitlán o Pachuca, así poco a poco salíamos adelante.

Me pagaban muy bien en mi trabajo, ayudaba a sostener la casa de mis padres y cuando me casé lo hice en mi casa; mientras mi amado David pasaba temporadas sin trabajo.

Una ocasión David tuvo la estupenda idea de coquetear con algunas vecinas, por supuesto que no lo creía hasta que lo encontré en casa con una instructora de un gimnasio cercano. ¡Nunca lo perdoné! Ni le di oportunidad de explicar. Para mí fue un golpe muy fuerte, tan fuerte que salí de casa con mi hija y regresé a casa de mis padres; como yo seguía con mi magnífico empleo y me vi en la necesidad de conservarlo, mi hermana me apoyó cuidando a mi hija, a pesar de que mi hermana era estudiante,  iba en turno vespertino y eso ayudaba. Yo regresaba a casa a las cuatro de la tarde y me hacía cargo de mi hija y de la casa.

Me divorcié de David. Sin embargo, nunca se separó de su hija durante muchos años. Se hizo responsable de ella toda su vida escolar hasta su mayoría de edad. varias veces cuando pasaba a saludar a mis padres les pidió que intentaran convencerme de regresar con él, pero yo no lo quise aceptar. Lo amaba tanto que creí ciegamente en su amor y la infidelidad fue lo peor que me pudo hacer.

Pasaron unos años y me enteré de que David había concluido la carrera de Odontología,  se dedicó al cuidado de sus padres hasta sus últimos días y siguió su vida; iba por nuestra hija el día de su cumpleaños, a veces la llevaba de vacaciones con él y así siempre se mantuvo cerca de ella… hasta la fecha hoy con 70 años sigue viendo a su pequeña y a sus nietos.

Para mí la vida siguió de manera habitual, trabajar, ir a casa, cuidar a mi hija, hacer tareas domésticas, siempre he sido muy presuntuosa y jamás andaba en chanclas o delantal, mi hermana me molestaba porque hasta para trapear me ponía medias y zapatillas de tacón.

Fui muy presumida y procuraba aprender de las personas más cultas, tuve amigas que viajaron mucho y me platicaban de los lugares que conocieron en el mundo. La primera vez que vi un video de París quedé impresionada, mi amiga Margarita nos compartió muchas veces videos de ciudades sobre todo de Europa, mi corazón latía a galope cuando vi los palacios de Ámsterdam y sus canales que ni en calendarios había visto, soñaba con ir a esos lugares.

Luego iba a casa y les contaba a mis hermanos con tanta emoción que me decían: parece que tú fuiste al viaje…  Continuará...

 

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