31 de may de 2020

¡No te vayas! 04/02/2020

Por Dora Martínez


Por OFICINA | martes 4 de febrero del 2020 , 06:42 p. m.

(segunda y última parte)

En la guardería le mostraban un video al entregarle a su bebé, colocaban una cámara en cada cunero, registraba la hora de sus alimentos (biberones) sus cambios de ropa, así como sus periodos de juego y estimulación. Todos los días Gina se iba con una gran satisfacción por el servicio y la atención personalizada con cada bebé.

Celebraban los ocho meses de David y su desarrollo alcanzado, sus graciosos balbuceos, pide de comer su papilla tronando sus labios, ya se sienta solo y gatea velozmente. Juega a vaciar cajas de juguetes y comienza a decir papá, lo que hace que Ernesto no quepa de tanto amor que siente por su pequeño.  Su chequeo médico indicaba estar sano y pasado de su talla, un bebé fuerte alto, robusto y saludable.

Estaban en esos días compartiendo alegrías, cuando personal de la guardería llamó al trabajo de Gina, avisó que tuvieron que llevar a David de urgencia al hospital que se encontraba al otro lado de la avenida.

- ¡Vaya directamente para allá es urgente!, le dijeron.

Gina botó su trabajo y salió descontrolada, muy nerviosa tanto que temblaba de pies a cabeza y la voz se le cortaba, le marcó a Ernesto, él se encontraba en el sur de la ciudad haciendo una presentación a nuevos clientes ante la situación de tratarse de la salud del pequeño, pidió continuar por la tarde y salió de inmediato.

Gina tardó 30 minutos en llegar al hospital, se le hizo una eternidad, zigzagueó en todo el traslado, estuvo a punto de perder el control, se subió a la banqueta, brincó topes. En su trayecto pensó que se les había caído, que pudo tener vómito o alguna infección estomacal causándole fiebre. Por fin llegó.

La esperaban en el área de urgencias médicas, la directora de la guardería, la cuidadora personal y el médico pediatra del hospital. Gina se percató que el médico daba un informe en ese momento y corrió para poder escuchar.

- ¿Qué sucedió? Preguntó Gina con mucho miedo.

-Cálmese un poco señora, dijo la directora. Su bebé presentó un problema respiratorio y lo trajimos de inmediato, lo trasladaron en ambulancia.

- ¿Cómo, pero ¿qué le pasó?

La directora un poco evasiva respondió:

-Lo atendieron de inmediato, le pusieron oxígeno…

Gina comenzó a llorar y se dirigió al doctor.

-Por favor, ¿dígame que sucedió?

El médico, le dijo que el bebé llegó con vías respiratorias bloqueadas y presentaba labios azules, sus signos vitales muy débiles…  tratamos de salvarlo … pero falleció.

Para Gina la explicación no era lógica, ¿qué pasó en la guardería? Confundida y en shock no podía resistir tanto dolor en su pecho. Tuvo mareo y se desmayó.

El médico la asistió y la metieron en una camilla al área de recuperación. 40 minutos después llegó Ernesto y se enteró de la terrible noticia, al contrario de Gina él encriptó sus emociones y trató de pensar con claridad. Pidió una explicación de los hechos y escuchó la versión de la directora.

-           El bebé estaba en su cuna durmiendo, quince minutos antes había tomado su cereal y fruta y su biberón. Todo parecía normal, pero al hacer el recorrido y la supervisión de la siesta, la cuidadora se percató que no se veía bien, aparentemente se pudo haber bronco aspirado o un eructo lo pudo ahogar. Lo levantamos y no estaba respirando. Llamamos de inmediato a la ambulancia y esto pasó.

El doctor le dio la misma explicación que a Gina, el parte médico será muerte por obstrucción respiratoria.

Gina y Ernesto decidieron no hacerle autopsia y recibieron a su bebé de acuerdo con el procedimiento del hospital. Cuando le entregaron el cuerpo del pequeño, Gina no podía del dolor: lo abrazó y lloró, le dijo estas palabras:

No te vayas pequeño bam bam, eres mi luz, la razón de mi vida, quisiera irme contigo y no separarme de ti.

Dios y los Ángeles te reciben con amor, pero a mí me dejas con un vacío inmenso para siempre. Nadie ocupará tu lugar ni a nadie voy a amar igual. Sé que estarás en los jardines celestiales con gran felicidad, Dios te ha regresado a tu casa espiritual y deseo seas un angelito lleno de amor. Yo tu madre te bendigo y doy gracias a Dios por haberme permitido tenerte este corto tiempo en mi vida.

Al ser comunicada la noticia con la familia, Alicia tuvo taquicardia y un micro infarto que la puso en cama nuevamente. Rogelio sufrió mucho dolor y enojo ante los hechos, pensó que no era justa la vida con su hija, no se explicaba qué podía estar pagando con tanto castigo para ella. Reflexionó sobre los acontecimientos que habían marcado la vida de Gina desde el engaño de su boda, todo el daño emocional por el que ha pasado, luego la dificultad para embarazarse y la pérdida de ese milagro que Dios le concedió. No podía aceptar tanta desgracia, tanta infelicidad para ella.

Se enojó con Dios, dejó de ir a misa y agradecer, dejó de visitar al Señor de los Milagros, su fe se quebrantó rotundamente. Alicia trataba de controlar sus emociones; sin embargo, el dolor del luto la sumió en una depresión.

Después del duelo, fueron a la guardería y pidieron el video del fatídico día. Como era de suponer la directora lo negó, discutieron y procedieron a levantar una demanda en contra de la guardería por negligencia.  Al llegar al ministerio público se encontraron trabas para hacer su demanda, se dieron cuenta del influyentísimo y protección que tenía la directora porque el titular era su pariente. Pasaron muchas dificultades para demandar a la escuela.

Hubo unas reuniones con los padres de familia para entregarles un comunicado donde las autoridades deslindaban a la guardería de negligencia y responsabilizaban a Gina por no haber declarado que el bebé tenía un problema de salud, lo que no era verdad.

Una amiga de Gina se entera de la cita a esa junta y le avisa a tiempo. Gina asiste sin ser convocada, llega con su abogado y una periodista conocida suya.

La noticia de la falsa información de la escuela corrió como pólvora. La muerte de un bebé en la mejor guardería de la zona más importante de la ciudad les causaba un gran desprestigio. Al menos sirvió para calmar un poco su enojo.

Así han pasado seis meses entre abogados y demandas.

Al paso de los días, Gina todavía no podía guardar las cosas de su bebé, Ernesto todos los días le pedía otra oportunidad para embarazarse y ella se negó, no quiso saber nada de hijos por varios meses.

Su salud física y mental se vio afectada, por lo que aceptó ir a terapia con una tanatóloga. Asistieron en pareja e incluyeron a los abuelos. Todos necesitaban ayuda profesional y superar cada etapa del duelo. Gina aprendió a sobrellevar el dolor y el vacío de la muerte de un hijo, superó poco a poco la ausencia, la negación, el enojo, aceptó regresar a su ángel al cielo.

Dejó su exitoso trabajo y pensó en dedicarse a algo que le diera un giro a su vida.

Ernesto por su parte parecía que lo hubiera superado más rápido, pero no era verdad, él cuidaba las apariencias para darle fortaleza a Gina, ella era su mundo, su razón de vivir, no hubiera podido soportar que a Gina le pasara algo de muerte, tenía la esperanza de poder tener otro hijo y lucharía para lograrlo.

Gina sigue aislada de las relaciones sociales y lejos de las amistades con bebés, no asiste a bodas, ni bautizos ni baby shower; sin embargo, trabaja en su equilibrio emocional no dejándose caer en depresión; se percibe enojada, amargada, resentida, pero trabaja en ello y se sobrepone. 

Se ha dedicado a poner un negocio de comida gourmet, adquiriendo una franquicia. Y se va acoplando a su nueva vida. FIN

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