14 de jun de 2021

*LOREDANA. (Última parte de cuatro)

Por Dora Martínez


Por OFICINA | martes 20 de abril del 2021 , 03:59 p. m.

Luego tomé un curso de fotografía y vendía fotos para revistas y seguía ganando muy poco y Javier no quedaba en ningún empleo, en su tiempo libre empezó a conseguir una distribución de agua purificada y ganaba muy poco, pero ayudaba.

Yo aguantaba todos los insultos y daño emocional que me causaba mi madre, me decía que odiaba que tuviera un marido mantenido (igual que ella). Pero no se daba cuenta que padecíamos el mismo mal, aunque por diferentes razones, ella por no estar sola y yo por amor a mi marido.

Un día empecé a tener síntomas muy extraños, creí que me había dado cáncer en el estómago o algo así, pero acudí al médico temerosa de que fuera un mal; nos dijo que estaba embarazada, ¡mi sorpresa fue enorme! La doctora nos dijo que sería un embarazo muy complicado; requería tener mucho cuidado y vigilancia.

Subí otros 10 kilos durante el embarazo lo cual hizo un parto muy complicado, decidieron hacerme cesárea y nació una linda niña sana y saludable. Agradecí mil veces a la virgen por estar vivas y le puse su nombre para tenerla presente siempre.

Vino una época muy difícil, a los dos años de ser padres, Javier se la pasaba perdiendo el tiempo en ir a buscar empleo, estuvo muy poco tiempo en una radiodifusora y se enamoró de una señora productora, era su cougar, como les llaman ahora; curiosamente mi madre tenía una relación con un joven muy guapo no mayor de 23 años, ella era su cougar… y yo encerrada cuidando a mi pequeña y sufriendo el desprecio de mi madre y de mi marido.

Para acabarla de fregar mi madre se da cuenta de lo de Javier porque lo ve en un restaurante en las Lomas con esta señora; sin que yo tuviera conocimiento, lo vigiló varias semanas y con pruebas en la mano me lo dice y enfrenta a Javier; él lo acepta cínicamente y promete terminar con esa vieja - así lo expresó- que ya lo tenía harto porque exigía demasiado y le daba poco y listo se acabó el conflicto.

Seguimos la vida con una infidelidad tras otra. Llegó el momento de tocar el límite de mi paciencia y nos separamos, se fue de casa un 31 de diciembre y yo entre lágrimas y alegría brindé por mi libertad cenando un sándwich y diciendo feliz año nuevo.

Luego de un periodo de oír a mis amigas decir ¡Te lo dije… Te echaste a perder la vida casándote tan joven… ya ves, ¡ya ves!, encontré de ellas muy pocas palabras de consuelo. Después me puse a buscar empleo de todóloga. ¡Ah porque eso sí, según yo sé hacer muchas cosas!, me fui frustrando al no conseguir nada porque en todos lados me pedían experiencia, tengo más de 10 años de no trabajar en nada y ser dependiente económico de mi madre. ¡Está canijo!

Mi madre procuraba todo para mi hija, yo empecé a buscar formas de recuperar mi salud, bajar de peso y controlar el problema de tiroides. Reactivé mi vida social, recuperé algunas amistades y en mis navegaciones por redes sociales encontré a Beto un excompañero de la secundaria,  de aquellos niños que alborotaba las hormonas, a diferencia de lo otros chicos Beto era mi amor imposible, quería andar con él y yo no le interesaba como novia, en fin… Sucedió que lo encontré en redes sociales, hicimos contacto y me platicó que estaba recién llegado a México, después de años de vivir en Boston y que nunca se casó. Ahora a sus casi 40 años sigue soltero y empezamos a vernos; los días que mi hija pasa con su padre casi siempre en fin de semana yo empecé a ver a Beto hasta el momento en que empezamos a tener sexo y él pasaba los fines de semana conmigo.

Extrañamente él no quería salir, no íbamos a fiestas ni me presentaba a los amigos, ni yo a él; nuestra relación era íntima, sólo de nosotros dos, nadie sabe que nos veíamos incluso ni mi madre. Así llevamos dos años. Cuando Beto llegó a saber por mí que me vi con alguien de la escuela, empezó a repetir que me ama, que quiere casarse y tener familia, que él sabrá ganarse a mi hija y será como suya y respetará el lugar de su padre sin que ella se sienta ofendida. Es tan lindo pensar en la familia ideal, pero no deja de pasar en mi mente que un padrastro le puede hacer el mismo daño de violación como ha sucedido en la familia.

Dejando un poco aparte mis pensamientos fantasiosos, seguimos en la relación con Beto, yo logré bajar 40 kilos con un tratamiento maravilloso, mis problemas de quistes y tumores siguen bajo control y me volví muy sexosa, Beto disfrutaba mucho de las sorpresas que yo le preparaba en lo referente al sexo y pensaba que estaba loco por mí. Hace dos meses nos pasó algo que cambió mi vida nuevamente.

Me empecé sentir mal un viernes y noté que tenía un retraso de unos días, nada que no me ocurriera frecuentemente, pero ese día empecé con un sangrado poco habitual, al día siguiente sábado le dije a Beto, me siento muy débil creo que tengo baja la presión, no me puedo levantar, ven por mí y llévame al médico. Beto se presentó hasta casi en la noche, llegó dando mil disculpas y yo casi desfallecía por una hemorragia intensa. Me llevó al hospital, llamó a mi madre y esperó que llegaran . El médico me metió a quirófano y me hizo un legrado, de paso viendo mis estudios extirpó un quiste ovárico del tamaño de un limón que presionó mi matriz. Perdí mucha sangre y pidieron transfusiones de emergencia, también presenté un cuadro alto de anemia.

Claro que todo lo supe cuando pude estar consciente. Beto no estuvo en el hospital ningún día durante una semana que estuve en estado crítico, no preguntó por mí. En los días de recuperación y cuando ya estaban casi por darme de alta, busqué desesperadamente a Beto por celular, mensajes por aquí y por allá y nada.

Desvié mi atención a buscar donadores de sangre y estuve tratando de recuperarme, físicamente me sentía muy débil y decaída, pero tenía esperanza de ver a Beto.

Regresé a la casa de mi madre para no estar sola, cuando llegamos me metí a las redes sociales para ver si aparecía en algún lugar que tal vez hubiera ido a trabajar y no pude enterarme. Encontré fotos de Beto con otra mujer, estuvo de fin de semana en Acapulco, se veía feliz con el amor de su vida según sus comentarios de fotos; preocupado por mi salud no estuvo nunca, no sé si supo que era un embarazo, un hijo de él lo que me sacaron. Quedé muy lastimada del corazón, darme cuenta de que Beto no era para mí y que pensé que era un hombre maravilloso, pero la infidelidad y la mentira son lo peor que me pueden hacer, y que no puedo perdonar.

Días después lo localicé y le conté todo lo que pasó sin decirle de las fotos que vi. Dijo: mi amor, yo tuve que salir porque mamá enfermó y salí volando a su casa, te juro que estuve con ella, entonces armándome de valor le dije con calma: Sé dónde estuviste y con quien, no era necesario que mintieras o te desaparecieras, sólo me hubieras dicho estoy con otra persona y asunto arreglado, tú con tu vida y yo con la mía; la diferencia entre tu y yo es la honestidad. Gracias por lo que nos tocó vivir y hasta aquí las cosas. Sólo quiero que quede en tu memoria que tuve un aborto de un hijo tuyo, casi muero por la hemorragia, no sabía que estaba embarazada, tenía muy pocas semanas. Únicamente quédate con eso, lo demás, lo que hiciste, a donde hayas estado, no importa nada.

Más de un mes ha pasado sin que hayamos tenido comunicación, duele que se haya ido de mi vida de esta manera, pero sólo me quedo con el aprendizaje de esta experiencia y a seguir adelante en esta vida con amores y desengaños. FIN

 

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