4 de dic de 2021

La triste historia de mi madre 01/09/2020

(Segunda y última parte)


Por OFICINA | martes 1 de septiembre del 2020 , 11:46 a. m.

Por Dora Martínez

Mientras avanzaba el embarazo mi madre aprendía cosas del negocio, su condición física no le permitía salir a hacer las compras de material, mientras las hermanas aprovechaban meterse en las ventas de las casas y ganar sus altas comisiones.

A nosotros nos atendían las sirvientas, mi abuelo nos prohibía estar en la sala o en las recámaras, todo eran cosas de la abuela y no podíamos tocar nada. Nos puso una televisión en un cuarto de las sirvientas y ahí pasábamos la tarde después de las tareas escolares. Nuestro pequeño bebé no conoció a su padre.

Pilar trabajaba hasta muy tarde todos los días, prosperó y volvimos a tener una casa propia, nos separamos de mi abuelo. Nunca quiso tener otra pareja, optó por refugiarse mucho en la religión y ayudar a la iglesia. Siguió esos consejos de su guía espiritual de ayudar siempre al prójimo y actuar conforme a la ley de Dios, ser un buen católico, etcétera…Mi madre aprendió a ver el mundo de diferente manera, pero de forma desfavorable partiendo de su punto de vista, donde todos son malos, envidiosos, borrachos, egoístas y otros defectos que la gente normal pueda tener.

Al alcanzar a rehacer su fortuna y darnos una vida digna se volvió muy exigente. Desarrolló una soberbia enorme y vivió una realidad paralela; se sentía un ejemplo a seguir, nos decía que deberíamos en el futuro ser mejor que ella.

Soñaba con que sus hijas tuvieran al mejor partido en la vida, sin saber que el destino de cada uno de nosotros era diferente, por ejemplo, yo vivo en unión libre desde hace más de diez años, tengo dos hijos bautizados (lo hicimos moviendo la vara alta con el obispo), mi hermana se divorció después de años de matrimonio, mi hermano Salvador, mujeriego e infiel igual que mi padre. Carlos el nene pequeño se fue a vivir con una persona mayor con un hijo de otra persona. Está claro que no somos lo que mi madre esperaba. Cada uno tiene su propia historia.

Cuando mamá llegaba a revisar tareas nos esperábamos unos duros chancletazos si no cumplíamos, en la época de la secundaria se vuelve uno muy rebelde, pero a todos nos gustó estudiar, creo que después de todo no fuimos hijos difíciles, … bueno mi hermano sí. Todos tuvimos una marca de abandono; Erika se volvió muy amargada y antisocial, Brenda se escapaba a las fiestas y tomaba alcohol, yo me uní a mi pareja muy joven y a Salvador de todas las escuelas lo corrían; terminó la preparatoria e intentó dedicarse a la administración turística.

Años después, ya que éramos una familia reconstruida, me di a la tarea de buscar el paradero de mi padre a través de contactos con mis tías. Lo encontramos en Baja California donde tiene una empresa de construcción de vivienda, es millonario y con una familia de tres hijas, he de reconocer que ellas son bonitas y se parecen a su madre.

Al paso del tiempo mis hermanos pequeños olvidaron la imagen de nuestro padre. Mi hermano Salvador cuando vio fotos de él, lo odió profundamente porque tienen un gran parecido físico. Mi madre al enterarse me dejó de hablar por meses enteros, pero todavía dice que es el amor de su vida, que nunca amaría a otra persona.

Lo triste de la historia es que durante todos estos años Pilar piensa que le quitaron a su marido a la mala, usando hechizos y brujerías; actualmente piensa que haberse casado con mi padre fue lo mejor que le ha pasado en la vida; sus mejores momentos fueron con Andrés.

Cuando habla de él, siempre es alabándolo, cada canción que escucha dice que su marido las cantaba muy bonito, que tal canción le trae grandes recuerdos. Sigue hablando de ser la víctima de las circunstancias sin aceptar su triste realidad.

A todo mundo le platica su triste pasado, no sé si lo hace por dar la imagen de una madre, que como una guerrera luchando ante la adversidad para sacar a sus hijos adelante; pero hay otra faceta detrás de ella - cosa que no dirá- es una madre, absorbente, dominante, metiche, intrigante; piensa y decide por los demás. Tanto en la vida de pareja de cada uno de nosotros como en las relaciones de trabajo, ha sido muy conflictiva.

Tal vez el hecho de ser la jefa de familia nos ha querido criar con la idea de ser una familia feliz, unida, muégano, sin envidias ni odios entre nosotros. A todos lados juntos y las cosas son de todos.

Con la pareja de Brenda tuvo mucho conflicto, con el de Erika también y con mi marido lo sobrelleva porque soy la que está más cerca de ella, pero lo menosprecia mucho. Ahora que Brenda está divorciada, cualquier pareja le parece un pelafustán, debo decir que mi hermana se equivoca cada vez que elige a alguien, creo lo hace a propósito, ella se ha ido 20 veces de la casa por no soportarse mutuamente.

Sin embargo, como madre, Brenda es la hija que más preocupa.  Las mismas veces que se han peleado y se han ido de la casa son las mismas que la ha perdonado y regresa, la arropa y la premia; ambas tienen un carácter muy difícil.

Mi hermano Salvador le dio el golpe más duro a mi madre, se unió con una persona a la que embarazó; tuvieron una hermosa hija y a la primera oportunidad le fue infiel y ahora están separados.

Mi madre jura que es bueno y que fue un error- yo creo que repite la historia- y espera tengan reconciliación. El nene Carlos hace poco quería suicidarse porque su pareja no soporta a mi madre… en fin la vida de cada uno de nosotros es para otro capítulo.

La huella del abandono que deja la pareja debe ser algo muy difícil de superar;  el papel de padre y madre al mismo tiempo no es sano y, más profunda y dolorosa es la huella del abandono en los hijos. No sé qué es peor, si haber tenido a tu padre contigo unos años o no haberlo conocido como en el caso de mi hermano.

La huella de abandono te crea inconscientemente un miedo a repetir la historia, te atemoriza a convertirte en una persona igual o peor que nuestros padres. El aprendizaje que deja la experiencia vivida es aprender de los errores, cuando te veas en el espejo y veas en él lo que más te choca… estás a tiempo de corregir y a acudir a ayuda profesional. FIN

 

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