4 de dic de 2021

*La triste historia de mi madre.

(Primera de dos partes)


Por OFICINA | martes 25 de agosto del 2020 , 03:52 p. m.

Por Dora Martínez

Pilar y Andrés son mis padres, se casaron muy jóvenes, a los 20 años tuvieron a la primera de cinco hijos que soy yo. Durante los siguientes diez años fueron un matrimonio como -supongo- la mayoría. A los dos años nació mi hermana y a los cuatro años otra hermana.

En esta etapa de mi niñez cuando yo contaba con seis añitos me di cuenta de la mala relación que existía entre ellos; muchos pleitos y malos tratos. Mi madre se dedicaba al cuidado de nosotros sus pequeñas, a las cuestiones escolares y a apoyar el negocio familiar de la venta de material para construcción.

Entre los pasatiempos de mi padre -que no era convivir con sus hijas- le gustaba cantar, perteneció a tríos musicales y a veces cantaba con un grupo de mariachis. Estas distracciones lo llevaron a tener muchas aventuras “insignificantes” con muchas mujeres.

Recuerdo que cuando papá regresaba a casa con copas y manchas de maquillaje en la camisa se armaba la pelea, fuera la hora que fuera; a veces papá no regresaba a casa hasta el día siguiente todavía en estado inconveniente y entonces la pelea era peor.

En esa época vivíamos en la casa contigua a la casa de los abuelos y las tías paternas. La familia odiaba a mi madre,  la agredían y amenazaban cuando mis padres peleaban. Según ellas aconsejaban a mi madre para comprender a mi padre; su papel era aguantar cualquier cosa sin reclamos ya que era el “señor” de la casa y le debía respeto y obediencia; las amenazas iban desde el maltrato físico y verbal, hasta echarla de la casa. A pesar de ser objeto de insultos mi madre guardaba silencio y agachaba la cabeza.

Creo que lo que la detenía no era toda la situación de la familia sino el inmenso amor hacia mi padre y el miedo a perderlo. En mis cortos diez años, vi a mi madre todo el tiempo embarazada, debió quererlo mucho o tal vez era un recurso para retenerlo con ella a pesar de saber de sus aventuras.

Pilar venía de una familia de clase media, la tercera de cinco hermanos fue huérfana de madre a los 15 años y quedaron bajo el cuidado de su padre, el abuelo se volvió agrio y amargado a raíz de la muerte de su compañera de vida; sus hermanas, o sea mis tías Marthita y Maribel siempre fueron envidiosas con mi madre,  la despreciaron siempre y hasta la fecha.

Mi abuelo les dio carrera a todos sus hijos para salir adelante, Pilar es diseñadora de interiores, lo cual le dio oportunidad de tener un buen gusto para elegir todo, ropa, accesorios, colores para decorar y su aspecto personal, aunque físicamente no es la más bonita de las hermanas; Marthita es contadora y Maribel arquitecto. Ellas al igual que el abuelo tienen su participación en el negocio y por supuesto mucha competencia entre sí; el tío Lalo es doctor y Paco abogado.

Desde joven el abuelo le entendió a los negocios y se asoció con gente de dinero para invertir en la construcción de residencias en zonas de alto nivel económico. Llegando a tener posibilidades de independizarse y formar su propia empresa. En esta relación de comprar material a la familia paterna, en sus inicios, fue que se da la relación y el matrimonio de mis padres.

Cuando mi madre estaba embarazada de mi hermano, la relación era insostenible, para mí era muy doloroso ver cómo trataba a mi madre, mi padre se volvió violento, llegó a golpearla en el vientre con un hijo dentro, a nosotras las mujeres nos insultaba diciendo que éramos unas inútiles y que solo esperaba que nos casaremos para deshacerse de la responsabilidad de nuestra manutención.

Mientras esto sucedía nuestra familia gozaba de todo lo económico y lo material. Las mejores escuelas para las niñas, la ropa se compraba en Palacio de Hierro y siempre nos daban dinero los domingos.  Para los abuelos nunca fuimos sus tesoros, lejos de eso éramos una lata si los visitábamos.

Nació mi hermanito y mientras mi madre se recuperaba, mi padre aprovechaba para viajar a las playas de Acapulco en compañía de la que fuera su secretaria en ese momento. Isabel era una jovencita que acababa de terminar su carrera de secretaria ejecutiva bilingüe, muy bonita físicamente y muy coqueta. Pienso que ha de haber tenido unos 22 años, una carne fresca para un hombre de 45 años. Hoy sería considerado un chavorruco,  asaltacunas…

Tuvieron una relación por varios años, mis tías las brujas, Maribel y Martha le decían que lo había embrujado, que solo quería su dinero, que todo iba a acabar pronto y todas esas cosas feas que se le pueden decir y que no ayudan. Yo creo que hasta se alegraban de la desgracia sentimental de Pilar; nunca la apoyaron para dejarlo, para darle valor de reconocer que no la quería, apoyarla para defenderse de las malas personas de la familia política. Nunca una palabra de amor o decirle que no estaba sola. Muy al contrario, le recriminaban su mala elección de haberse casado con un patán infiel, a fin de cuentas, eso fue.

Cinco años después, mi hermanito cumplía años, mi madre iba por su quinto embarazo y mi padre nos abandonó, a partir de ese día y hasta hoy no lo hemos vuelto a ver. Como se dice ahora, fue por cigarros y no ha regresado.

Mi madre lo buscó desesperada, lloraba a mares preguntándose qué pudo haber hecho mal si solo lo había amado. No se dio cuenta o no aceptó que él dejó de amarla hacía muchos años. Creyó que lo habían secuestrado o matado, nunca pensó que se fue feliz con otra mujer.

Fue muy triste para nosotros quedarnos sin padre de la noche a la mañana, no podíamos entender cómo una persona se deshace de su familia desapareciendo. Sin embargo, el ambiente se sentía ligero, calmo y tranquilo, aunque triste por la ausencia, aliviaba el alma no presenciar más peleas de pareja.

El único recurso que tenía Pilar para salir adelante fue recurrir a su padre, muy en contra de la aceptación de sus hermanas, el abuelo la acogió en su casa con sus cuatro hijos.  Cambiamos de escuela y nos quedamos sin nada, sin lujos ni dinero. Mi madre aceptó entrar a trabajar en el negocio del abuelo para tener un plato de sopa en nuestra mesa. Mis dos hermanas hubiéramos deseado andar de presumidas saliendo con amigos, pero nos quedamos sin ellos al momento de irnos de casa, teníamos 12 años Erika, 10 Brenda, yo 14 y cinco el pequeño Salvador y unos cuatro meses el bebé en camino. Fue un cambio muy brutal… Continuará...

 

 

 

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