4 de dic de 2021

*LA SECTA.

Primera de dos partes


Por OFICINA | martes 1 de diciembre del 2020 , 04:25 p. m.

Por Dora Martínez

Fue realmente estresante y peligroso salir de aquel terrible lugar, afortunadamente pude salir a tiempo…

Mis padres llevaban unos cinco años metidos en una agrupación donde tomaban cursos para desarrollo humano, en mi corto entender eran cursos sobre comunicación y sesiones de terapia psicológica. Mi padre era el más entusiasmado en seguir en eso; estaba involucrada mucha gente famosa y de la farándula y empresarios de alto poder económico. Les gustaba mucho la socialización y acudían a casi todos los eventos. Organizaban de vez en cuando subastas y recaudación de fondos para la construcción de un solo centro en CDMX.

Los cursos, los libros y los eventos, implican una gran inversión económica; todo su dinero lo destinaban a tomar sus cursos cada mes.

Ilusionados por alcanzar niveles de instructores, maestros , guías, facilitadores,  preparadores y un sin fin de dominaciones - que tenía la organización-.

Un día dejaron todo, vendieron casa, muebles, dejaron todos sus arraigos, amigos, familia, hijos y se fueron a la sede de esta organización en Estados Unidos.

Meses después cuando terminé la preparatoria decidí alcanzar a mis padres y viajé para iniciar la preparación de mejora como ser humano. También fui ilusionada - no sé qué idea tenía en la cabeza-. No supe ver las señales de que algo andaba mal, pues desde el día en que mis padres partieron no tuvimos comunicación con ellos;  solo avisaron que habían llegado bien y que ingresaron a aquel lugar que describieron como una fortaleza, un edificio impresionantemente grande y moderno.

El acuerdo que tuvimos para viajar fue un intercambio cultural y entré como estudiante a USA. Una persona me recogió en el aeropuerto de Los Ángeles, fue muy amable su trato y me llevó a la sede.

Quedé impresionada de aquel lugar, pero me asusté mucho cuando hice mi registro de ingreso.

Me quitaron mi pasaporte, dinero y maleta, me dieron un pants y tenis; pregunté por qué se hacía eso, dijeron que era muy cómodo para las actividades y que mi ropa no iba a ser necesaria. Entendí que tendría otras mudas. Sólo me dejaron mi ropa interior.

Me instalaron en un ala del edificio y pregunté dónde estaban mis padres, y si estaría con ellos. Me dijeron que no los vería porque ellos alcanzaron un nivel avanzado de cursos y estaban hospedados en otra sección.

El primer día, como en la escuela, me dieron horarios de cursos, salas donde los tomaría, porque eran áreas de juntas, no aulas normales;  horarios de actividades recreativas, para biblioteca, y lo más increíble, una guía de alimentación.

Sorprendentemente toda esa documentación que recibí incluía una invitación para el evento de bienvenida en el aula magna a las cinco de la tarde. Pregunté a la guía que nos daba el recorrido si iría vestida con pants, río y dijo que obviamente no, que me llevarían un traje formal a mi habitación.

 

Emocionada me preparé para la reunión, curiosamente la ropa me quedó perfecta, a las mujeres nos tocó falda. El aula magna era enorme; había más de mil personas, todas de diferentes nacionalidades, los grupos de orientales, italianos, argentinos o latinos como ellos nos denominaban, etc.

Apareció a la hora exacta un personaje norteamericano, carismático y con esa esencia de líder motivador hablando en inglés y exclamando con voz fuerte y clara:

“ ¡Hola a todos! ¡cómo se encuentra ese ánimo! ¿Están contentos?

¡Sean bienvenidos a este centro mundial de desarrollo!

¡Espero que su corazón esté contento de encontrarse aquí!

El auditorio clamaba con hurras y gritos.

“Mi nombre es Ryan- continuó- soy el director general de este grandioso centro y también representante de nuestro gran líder Harol Smith, fundador de esta maravillosa organización.

Seguramente hoy ha sido un día emocionante para ustedes después de haber realizado el recorrido de este hermoso edificio llamado la Fortaleza e ícono de esta hermosa ciudad.

Todos ustedes han llegado aquí con el fin de cambiar sus vidas para ser mejores personas, mejores seres humanos.

El hecho de separarse de su vida anterior y encontrarse aquí, me dice que han tomado la mejor decisión de su vida. Les platicaré un poco sobre la filosofía, misión, visión y metas de esta organización”

De pronto apareció una gran pantalla donde se proyectó un video del edificio y sus amenidades, luego un organigrama de la organización fue explicado y una vez aclarados todos sus conceptos nos dijeron que el curso se terminaba en un año y cada mes seríamos evaluados para subir al siguiente nivel, lo cual implicaba que cada mes nos tocaría cambiar de compañeros y huéspedes.

La noche fue muy emocionante y la gran sorpresa del evento fue la presencia de reconocidos actores de Hollywood, quienes nos dieron un breve mensaje de ánimo, uno de ellos dijo: El camino es duro y todo en la vida es difícil cuando se quiere llegar a un objetivo. Leí entre líneas que la cosa no era tan color de rosa, no era solamente estudiar, el curso de un año era caro… era invertir una fortuna para lograr tener un nivel importante. Pero no lograba ver qué había tras ese mensaje de alerta.

Al regresar a la habitación encontré sobre la mesa un aviso que decía:

Bienvenida a esta tu nueva casa.

Has sido seleccionada para trabajar en el área de cocina, tus labores empiezan a las cinco de la mañana.

Estaré en tu puerta a las 4:50 am y te llevaré a tu lugar de trabajo.

¡Abrí los ojos de tamaño de un plato! Yo no sabía ni hervir agua. ¿por qué en la cocina?… mañana solicitaré ver las otras opciones, además nadie me dijo que debía desempeñar un trabajo, creí que el precio incluía todo como en un campus universitario… pero no fue así.

Apenas había logrado conciliar el sueño cuando llamaron a la puerta. Es hora de prepararse me dijo una voz femenina, eran las 3:50 am.  Ni en sueños imaginé que me tendría que levantar a esas horas.

Me bañé rápidamente y me puse el pants. Me amarré mi cabello largo para sostenerlo en un chongo, pensé que si iba a estar en cocina una regla sería tener el pelo recogido.

A la hora acordada se presentó mi guía, ella era latina, y yo creo, graduada en algún colegio militar, estricta, con un don de mando, pero de buenos modales, no sonreía ni hacía empatía con nadie.

Me condujo a un comedor enorme, como para mil comensales. Todo tipo industrial o empresarial. Barras larguísimas de acero inoxidable y bandejas para alimentos.

Me presentaron con la jefa de cocina, me dio la bienvenida y me hizo un pequeño cuestionario. Al darse cuenta de que no sabía cocinar me asignó la tarea de lavaplatos. Solo disponía de 10 minutos para desayunar antes de abrir al comedor a las ocho de la mañana. Mi tarea terminaba al finalizar el desayuno, dejar todo limpio, impecable y recogido, seco y guardado.

Esa primera mañana terminé exhausta y apenas eran las diez. Las indicaciones para el día siguiente era presentarme con el cabello corto, para lo cual me dieron un pase para un área de Imagen y Estilo.

¡No lo podía creer, no tenía chance de decir ¡no… yo protesto! no presté juramento para estar en un lugar así. Yo vine a estudiar.

Caminé hacia mi habitación y revisé mi horario, a las 10:30 tenía mi primera clase llamada Introducción al conocimiento de la mente y el alma.

Parecía que habían tomado el tiempo y el número de pasos para llegar de un lugar a otro. Nadie llegaba tarde a ningún punto. Moría de sueño y de cansancio. Literalmente esa primera clase el pase de noche (zzz).

Las clases teóricas duraban 45 minutos y las prácticas dos horas ininterrumpidas. La siguiente era una de esas;  a la 1 de la tarde era el lunch y se reanudan las clases a las 2:30 pm. y así rutinariamente.

La cita en diseño de imagen te arreglaba de acuerdo con tus labores, me cortaron el cabello a los hombros, me enseñaron a sujetarlo con redes y cofia esterilizada. Me cortaron las uñas al filo de la yema de mis dedos. Me quitaron el esmalte. Me dieron un uniforme blanco con zapatos especiales para trabajo de cocina, guantes o mangas de plástico y lentes de seguridad para evitar salpicaduras o quemaduras en los ojos.

Eso sí, para la seguridad en el trabajo los gringos eran los mejores en prevención.

Para las labores escolares me dieron un pants azul y para las prácticas uno rojo, esto determinaba las zonas donde debía moverme. Otros eran verdes, azules, rosas, morados, amarillos y así en cada caso. Detectaban rápidamente si alguien de un color diferente se filtraba en una zona a la que no pertenecía.

Nunca en ningún caso podía usar la falda del traje ni mi ropa, la cual permanecía en maleta en un almacén que se encontraba en cada piso. Usar joyas, anillos, collares, adornos para el cabello, ni pensarlo.

La primera semana fue muy difícil acostumbrarme sobre todo al horario, luego a la comida y muy difícilmente me adapté a la rutina. La segunda semana alucinaba un despertador que tocaba todas las mañanas la puerta.

Al paso de dos meses empecé a notar que las cosas eran diferentes, dejé de ver a algunas personas en el comedor, pensando de manera optimista me dije que habían logrado subir de nivel y seguramente estaban en otra posición, pero no era así. Se oían historias de pasillo respecto a que si estaban castigados en el sótano por desertar. No entendía muy bien eso, porque no estaba en un reclusorio, convento o algo religioso.

Me dediqué a parar la oreja y a observar a la gente. Cada tarde a la hora del lunch pedía permiso para visitar a mis padres, la respuesta era, “no hay tiempo para eso, ni para pasear fuera del edificio y visitar otras áreas”.

Empecé a sentir que algo andaba mal. Nunca vi a nadie enojado o armando un lío. Los guías siempre estaban serios y guardaban silencio.

Los instructores de cada curso eran muy motivadores. Cuando terminabas una unidad o módulo de estudio te decían frases como  “Eres el mejor. Buen trabajo. Eres fantástico, maravilloso, único, etc.”.

Al cumplir mi tercer mes hice un plantón en la oficina de coordinador para que me dejaran visitar a mis padres. Lo logré rápidamente antes de que organizara una manifestación.

Tuve con el coordinador una plática donde fui aclarando todas mis dudas y temores. Por ejemplo, le dije que me negaba a que me cortaran el pelo y mis uñas, que no había aplicado para hacer un trabajo, que para eso pagaba cientos de miles de pesos, que ellos deberían tener personal para hacer las labores de mantenimiento, que me negaba rotundamente a no tener un día de descanso, que yo quería salir y conocer la ciudad.

El coordinador sin perder la compostura me escuchó tranquilamente. Primero me dijo que el siguiente domingo vería a mis padres por la noche en un lugar neutral, podía ser la biblioteca o las áreas de cómputo.

Luego dijo que todas mis inconformidades se debían a un acto de indisciplina, que las normas estaban establecidas y yo las debía seguir. Pregunté si podía trabajar en la biblioteca y la respuesta fue negativa, según no tenía yo la madurez y preparación para orientar a los estudiantes.

Decepcionada salí de aquella entrevista, pero me entusiasmaba la idea de ver a mis padres, ellos ya llevaban un tiempo ahí, tal vez ellos me explicarían todas esas prohibiciones de otra manera y no como una regla.

A las 8 de la noche del domingo después de mi última clase, se presentó mi guía y me llevó a otra ala y al centro de cómputo, les juro que si hubieran podido vendarme los ojos lo hubieran hecho, pasé frente a grandes salones donde había una especie de cubículos y parecía que estaban en entrevistas algunas personas. Tiempo después me enteré de qué era ese lugar.

Me encontré con mis padres y nos abrazamos y lloramos por unos momentos. Me dijeron que estaban bien, que también hacían trabajos rudos. Mi padre lavaba los baños ¡inimaginable! Mi padre que en su trabajo solía contar y contar y contar dinero, y notas de compras. Regresaba a casa cansado de tantos números, un trabajo muy sedentario y tranquilo. Y mi madre ¡limpiaba los dormitorios.! Lo que nunca en su vida ha hecho, no recoge ni su ropa sucia. No podía creer que estuvieran contentos en ese lugar.

Me dijeron que no estaban del todo contentos, pero que ellos querían ser algo importante en la organización y que cumpliendo el año saldrían con una calificación para dar cursos en México.

Yo me manifesté en contra de todo, les dije que no estaba muy convencida de querer seguir en la organización, que había escuchado cosas terribles de castigos por querer salir de ese lugar acusados de ser desertores, de gente que han castigado en el sótano por el motivo de querer salir y regresar a sus países.... Continuará

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