31 de may de 2020

Historias de mujeres 12/06/2019

*El secuestro. (Última parte)   SÉPTIMO DÍA La Consulta con Agnes la Vidente   Llegaron puntuales a la cita, sie


Por OFICINA | martes 11 de junio del 2019 , 06:51 p. m.

*El secuestro.

(Última parte)

 

SÉPTIMO DÍA

La Consulta con Agnes la Vidente

 

Llegaron puntuales a la cita, siendo las primeras en registrarse, pasaron a la consulta sin esperar. Adela Hernández es una mujer de edad madura tal vez de 58 años, de apariencia sencilla, recatada y tímida. Estaba muy nerviosa y cansada. La vidente le ofreció una pequeña taza de té tranquilizante.

Adela explicó las razones por las que se sentía tensa, una es que su religión no le permite poner su fe en cosas  de adivinación o rituales de otras religiones. Otra que sentía estar actuando en forma contradictoria por estas ahí, pero al conocer el caso de su amiga Kika que se había resuelto con ayuda de la vidente la hacía sentir la necesidad de recurrir a ella, un poco por la confianza de saber que es verídico lo que pueda saber del paradero de su esposo como fuera posible sin importar los medios que se requieran y la otra llevada por la desesperación la angustia y el miedo.

Señora Adela, tranquilícese. Las cosas que yo puedo hacer por la gente no están en contra de Dios ni de las religiones de cada persona. Lo que yo haga por usted no la van a ofender ni van a poner a prueba su fe, tenga confianza y vamos a comenzar.

-         Entonces ¿acláreme quién la envía conmigo? Preguntó Agnes.

--Hace unos meses usted le ayudó a resolver un problema a la familia Samperio, la señora Consuelo ¿la recuerda? Ella vino y usted ayudó a localizar a su padre que encontraron en Costa Rica, me recomendó venir aquí, ella me dio sus datos, hice una cita y le expliqué a su secretaria que era un asunto extra urgente.

- Sí recuerdo el caso de esa persona. Contestó.

--¿Cuál es su problema?

— ¡Estoy desesperada! Secuestraron a mi esposo, lo buscamos por todos lados, en el trabajo, con los familiares, con los amigos y no lo encontramos. En la madrugada como a las dos de la mañana sonó el teléfono y sólo dijeron: Ya no lo busque, nosotros lo tenemos. Comprenderá que se trata de un secuestro y he venido a pedirle me ayude a localizarlo.

-Deme datos de su esposo: ¿Cómo se llama, fecha de nacimiento? ¿Trae una foto o alguna prenda de él?

Le di una camisa sucia que llevaba en una bolsa, luego de apuntar en un cuaderno los datos, hizo sumas y combinación de números, se tomó unos minutos de concentración, rezó algo en un idioma extraño frente al altar de los santos, abrazó la camisa de mi esposo, pidió ayuda en el nombre de Dios para que le fuera revelado el lugar donde se encontraba la persona en cautiverio.

Se mantuvo con los ojos cerrados y empezó a decir:

Él se encuentra en una casa que está en despoblado, sólo hay campo alrededor. Está con los ojos vendados y las manos amarradas, los pies los tienen libres y no está golpeado.

Hacía pausas y hablaba lento, como quien describe algo a través de una cámara de video, continuó:

Viste un pantalón de mezclilla, camisa amarilla con rayas blancas, su ropa se ve limpia, eso quiere decir que no está herido ni lastimado. Afuera en la puerta está un muchacho, es una persona joven quien lo cuida. No veo a nadie más.

Luego dijo:

Voy a comunicarme con su esposo para saber si vio u oyó algo cuando se lo llevaron. Si él está pensando en lo que le ocurrió podré tener información.

Pasaron unos segundos en silencio, la vidente hacía algunas afirmaciones con monosílabos muy bajito.

-Ajá, sí --decía una y otra vez.

Comenzó a relatar:

Su esposo se dio cuenta quién fue el autor de esta obra. En su cabeza repite y repite lo que oyó. Él iba caminando por la calle cuando un carro blanco, como taxi, se paró un poco adelante, pensó que se bajaría algún pasajero. Bajó un tipo fuerte y alto, lo jaló del brazo y provocó que se tropezara, casi al caer el hombre lo levantó y lo metió de un empujón en el asiento de atrás.

“¡Jálate, jálate rápido!, dijo el hombre al chofer.

Le voy avisar al “Don” de que ya lo levantamos. Marcó y dijo rápido: Ya lo tenemos “Don”, vamos rumbo a “La Colina”, luego le marco.

¡Vas a ver infeliz, a ver si te sientes tan poderoso, al patrón no le gusta tener competencia! ¡Ya te lo habían advertido y no te quisiste quitar del camino, a los estorbos los quitamos así… &%#@...jo! ¡Vete agachadito y calladito o te parto la cabeza!

Su esposo guardó silencio tratando de ser prudente y no provocar enojo en sus captores. Se dio cuenta de que lo llevaron rumbo a “La Colina” porque el chofer dijo, tardaremos como 20 minutos en llegar a la carretera y luego 40 de la pura terracería. Él sabe que está cerca de la autopista porque oye los motores de los camiones de carga a mucha velocidad. Recuerda que después de que lo instalaron le dieron agua y le preguntaron si quería ir al baño, él dijo que no. Luego salieron los dos hombres del cuarto donde lo dejaron y murmuraban, alcanzó a oír que dijeron: Don Joaquín, ya está aquí su “encarguito”. Mañana pasamos a cobrar, ya tenemos a la persona que le dará de comer y aquí se queda Armando.

La vidente sin voltear a verme dijo:

Váyame indicando si lo que le digo tiene algún sentido para usted, si menciono palabras que su esposo en especial utiliza, si lo que veo tiene significado.

Afirmé verdaderamente sorprendida: Sí, sí, sí… es demasiada coincidencia, Joaquín es su primo y  a Armando recientemente lo había despedido de la empresa. También conozco la población que menciona, efectivamente está cerca de donde vivimos.

Agregó la vidente: Cerca de la casa donde tienen a su esposo veo una extensión de agua, probablemente sea una presa o un lago, ¿Le indica algo?

-Sí hay un lago y un bosque, agregué al tiempo que lloré desesperada y terriblemente asustada.

Terminando la visualización, Adela temblaba incontrolablemente y Caridad había palidecido,  estaban aterradas.

-         Tranquilícense por favor, no puedo  perder el contacto es importante que recuerden cualquier información de lo que acabo de mencionar.

Agnes les pidió conservaran la calma para que pudieran ayudar, Caridad había tomado nota de que se había mencionado, aunque no lograba controlar la fuerte impresión que se había llevado. Adela comenzó a llorar. La dejaron desahogarse unos minutos, luego dijo: Sra. Agnes, Joaquín es primo de mi esposo ¿Estamos hablando de la misma persona? Yo le llamé la noche que desapareció mi esposo, me contestó muy molesto, como ya era tarde, lo desperté, pero negó haberlo visto ese día.

Agnes volvió a la concentración y continuó: Sí es el mismo; el señor Joaquín  es moreno, robusto como de 60 años, canoso de ojos grandes con expresión de enojo; tiene el entre cejo fruncido todo el tiempo y es de mal carácter. Él tiene el mismo giro de negocio que ustedes, eso le ha llevado a sentir competencia y rivalidad con su esposo. El motivo del enojo es que no le ha ido bien porque su producto no es de tan buena calidad. Trata de quitarles clientela regalando producto. Se ha llevado gente de ustedes a trabajar con él. Posiblemente el chofer que manejó el carro blanco haya sido gente que estuvo con ustedes y conocía la rutina de su esposo.

Adela  volvió a interrumpir: Agnes, el agente que nos acompaña en casa nos mostró un retrato hablado de un pelirrojo y vimos a la persona que usted dice pero no lo conocemos. Tiene razón  cuando menciona que hay un Armando que lo cuida, ese muchacho lo despedimos hace dos meses, es muy  posible que fuera  él quien manejaba el coche y el pelirrojo lo subió.

-Primero  vamos a buscar la población, dijo la vidente.

Hicieron uso de un mapa y señalaron con un péndulo el lugar que buscaban. Lo que puedo visualizar es que  La Colina es un rancho en el límite con Michoacán. Ese rancho es propiedad de Joaquín, donde produce quesos, es un negocio que tiene con un socio, veo muchas personas involucradas en ese negocio.

La propiedad es muy grande, la casa donde tienen a su esposo está separada de la zona de trabajo, como en una orilla pegada a un río o un arroyo.

El pelirrojo es un trabajador del rancho, él vive en esa población, es un capataz o un jefe de los cargadores, lo veo cargando cajas y dando órdenes a algunas personas, como que tiene poder o autoridad en ese negocio.

El señor Joaquín le pagó mucho dinero para que hiciera ese trabajo y sobre todo por su discreción. Lo veo entregándole fajos de billetes, tal vez 100 mil pesos;  el chofer no dudó en recibir el dinero, veo que es de bajo recursos y necesitaba dinero;  el otro es bajito de cabello chino tipo costeño, moreno como de 35 años.

-         Él es Armando- interrumpió Adela- entonces está trabajando con Joaquín en ese rancho.

-         Armando tiene un resentimiento contra ustedes porque lo dejaron sin empleo. Por coraje aceptó participar en el secuestro.

Es una persona muy desobligada, dijo Adela, faltaba mucho y tomaba en sus horas de trabajo. Una vez volteó una camioneta y perdimos la mercancía. Para no tener problemas con él lo llevaron al Seguro Social, lo incapacitaron por un mes, después lo despedimos.

Va a regresar bien y no tardarán en liberarlo. No le van a hacer daño, en unos días estará con usted.

Hemos terminado la consulta. Cualquier cosa que pase en los próximos días manténgame informada.

Regresé a casa ese mismo día, cansada por el viaje y sorprendida por haber conocido a una persona  bendecida por Dios y dones especiales. Aún confundida por toda la información que me había dado, mi cabeza está hecha un nudo pensando en el ¿por qué de tan terrible acontecimiento, por qué Joaquín podía  tener el alma tan negra para ser capaz  de cometer actos tan atroces, por qué  en contra de mi esposo, qué daño pudo ocasionarle?

Mis hijos me esperaban con impaciencia queriendo saber con detalle toda la conversación que tuve con Agnes la vidente.  Sobreponiéndome al cansancio, pues ya era cerca de la una de la mañana, nos reunimos  en la cocina mis hijos y  también al comandante Ocampo.

Repetí los datos que había anotado y platiqué toda la conversación. El comandante tomó datos que horas después  puso a disposición del grupo de investigación.

 

La Liberación

Dos días después, cumpliéndose diez días que Raymundo había desaparecido,  sonó el teléfono. Omar quien era el indicado para responder dejó sonar tres veces el timbre y levantó el auricular.

-         ¡Bueno! dijo fuerte y en tono severo.

-          Soy yo hijo, vengan por mí estoy en San José cerca de Quiroga, en la oficina del ministerio público.

Omar palideció y el comandante lo observó.

Pregúntele si se encuentra bien y dígale que inmediatamente salimos para allá. Ordenó el comandante.

- Sí apá salimos para allá de inmediato. ¿Estás bien, no estás herido o lastimado, puedes caminar?

- Estoy bien, no se tarden por favor… y colgó.

Omar le comunicó a su madre y a su tío el doctor que lo habían liberado y dónde se encontraba. Ángel llevó un botiquín con suero, insulina  preparado para  lo que pudiera encontrarse, no sabían en qué estado de salud estaba. Salieron seguidos por el agente Ocampo y otro de los compañeros.

Tardaron tres horas para llegar a San José. Tanto el doctor como el comandante verificaron que estuviera bien,  sin golpes en el cuerpo, sin mutilaciones, sin heridas. Mientras tanto Adela y Omar fueron con el juez del lugar y pidieron ver su declaración.

Raymundo declaró que los plagiarios lo dejaron a la orilla de una carretera sin dinero, pensó que era cerca de donde lo tuvieron escondido porque su viaje fue tal vez   de menos de media hora. Caminó por un rato sin saber dónde se encontraba, descansó a la sombra de un árbol; tuvo la suerte que pasó un campesino, lo vio muy débil y deshidratado, le ofreció ayuda y lo llevó a la población más cercana. Allí buscó la oficina del ministerio público y pidió ayuda, lo comunicaron con la familia.

Declaró a la policía que él pensaba que lo habían confundido y al darse cuenta que no era la persona, lo dejaron libre;  dijo que lo trataron bien y le daban de comer. Declaró que no supo dónde estuvo encerrado.

El trayecto de regreso sólo hubo silencio, Raymundo se recostó en Adela y fingió ir dormido.

Al llegar a casa Ocampo le dijo que si se sentía con ánimo de ampliar su declaración o proceder a levantar una denuncia. Le contestó que podían retirarse y que no había nada para aclarar o investigar. Les agradeció el haber estado con la familia y se despidió.

Raymundo dijo que no quería hacer nada más. Que lo que declaró  era la verdad y era suficiente. Sólo quería descansar, poner en orden sus ideas y recuperarse.

Ángel quien en el momento del encuentro le hizo un chequeo superficial le dijo que lo llevaría a la clínica para estabilizarlo. Esa noche le administró un relajante y descansó por más de ocho horas. Al día siguiente fueron a la clínica de Ángel, permaneció todo el  día y por la noche regresaron a su casa.

Ya menos tensa la situación Raymundo preguntó a los hijos por el negocio y los problemas que había dejado sin resolver, le dieron un informe de la semana de trabajo y lo dejó tranquilo.

Por la noche ya en su recámara Raymundo le platicó a su esposa todo lo ocurrido, estaba asustado y muy decepcionado de su primo; se preguntaba que Joaquín siendo una persona tan adinerada hubiera sido capaz de planear algo así por su egoísmo.

Pensaba que si lo denunciaba iba a ser muy difícil probar que él fue el autor intelectual y tal vez nunca, por la falta de justicia, pudiera conseguir que lo encerraran por el cargo de secuestro, y que tal vez la venganza fuera fatal.

En la mente de Raymundo había una idea muy fuerte, pensó que sus parientes hicieron esto como un aviso, no quería pensar de lo que serían capaces si él les hacía frente a su provocación, así que decidió mentir y no señalar culpables. Pensaba que era un episodio muy difícil de olvidar pero tenía y debía seguir adelante con su vida normal.

Al paso de los días se fue incrementando una sensación de psicosis en la familia. Omar y Benjamín hablaban constantemente de un delirio de persecución y un deseo de venganza.

Sin embargo, esta experiencia les dejó algo bueno: Valoraron  mejor  la vida, mejoraron su relación de familia, e incrementaron su fe en Dios. FIN *NI*

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