4 de dic de 2021

*Fernanda. 2

(Última parte de dos)


Por OFICINA | martes 2 de febrero del 2021 , 05:07 p. m.

“El destino lo es todo”, como dicen por ahí..

Realicé el viaje a Reynosa,  pasé la noche en un hotelito modesto donde esperé a Carlos el coyote, me dio documentos y pagué su dinerito y experimentaba sentimientos encontrados… miedo, emoción… lloraba a solas por las dos cosas, tenía ilusión de un futuro próspero en otro país junto a Gio, pasé la noche en vela ilusionada y nerviosa.

Por la mañana, Carlos el coyote me llevó al puente internacional. Pasamos en su coche, la guardia de aduana revisó mis documentos, nos dieron paso, el guardia con una sonrisa cínica dijo: Adelante… y nos detuvieron en territorio americano.

Mientras tanto, ese mismo día Gio esperaba noticias mías en cuanto estuviera en territorio americano.

Carlos el coyote fue arrestado porque lo reconocieron, realmente esa fue la razón; había pasado en los dos últimos meses tres veces con diferentes esposas, para mi mala suerte la tercera era la vencida…  descubrieron la falsificación de mi VISA,  aunque mi pasaporte era auténtico de nada valió. Nos esposaron, pasamos ese día detenidos, nos mandaron a una garita incomunicados y por separado… de ahí no volví a ver al coyote.

El lugar era un gallinero, tenían a la gente detenida en jaulas, dormían en el suelo con una cobija térmica. La comida era precaria y había mucho maltrato; cierto es el abuso de la policía y más de la fronteriza contra ilegales, los vi ensañarse contra los salvadoreños y otros latinos; debo decir que por mi embarazo a mí no me tocaron, pero hubo algunas personas, incluyendo mujeres,  golpeadas; me deportaron tres días después en avión directo a la Ciudad de México y con la advertencia de no poder entrar al país americano nunca.

Lloré, lloré y lloré... el destino me negaba estar con Gio.

Me entregaron a las autoridades mexicanas con una ficha de deportación. Hasta que me liberaron pude comunicarme con mis padres en la Ciudad de México, ellos fueron por mí y estuve con ellos una semana. En esos días hablé con Gio, le conté todo lo ocurrido, él pensó lo peor, creyó que me habían violado, que el coyote me había abandonado en la nada, se imaginó mil cosas.

Después de oír mi historia me confesó que la colombiana lo había comprometido a vivir con ella los seis meses para poder otorgarle el divorcio, así que no era necesario entender que tenían una relación de pareja con sexo incluido. Toda esta vivencia me lastimó mucho, ya sospechaba que algo pasaba con su casamiento, su familia nunca me dijo nada, nadie me contactó para advertirme lo que pasaba; tal vez si me hubiera enterado, esta sería otra historia, pero parece que para mí estaba claro mi camino de los desengaños.

Regresé a Acapulco sin trabajo y sin dinero, mis padres y mi hermano me apoyaron unas semanas, pero el embarazo no me permitía trabajar, simplemente no me contrataban.

Pasé los siguientes meses recluida en mi recámara en casa de mi hermana. Llegó el día del parto y me atendí en un hospital de salud pública , aunque Gio había mandado algo de dinero, no era suficiente para atenderme en una clínica particular.

Llegó el momento de tener a mi bebé en mis brazos, entre sorpresa y alegría recibí a una niña igualita a Gio… morena, de labios gruesos, china y de ojos grandes. Ni como negar que era su hija.

Semanas después envié fotos de la bebé y Giovanni lloraba de emoción, decía que pronto vendría a México sin problemas porque finalmente le habían otorgado el perdón y ahora veía que había sido en vano el haberse casado, aunque faltaba poco para poder tramitar el divorcio, algo más me latía que no me quería decir. Son esos momentos en los que la intuición femenina da miedo.

Seis meses después del nacimiento de mi ratona, Gio pudo venir a México sólo siete días. La abrazó cariñosamente y emocionado juró que nunca la abandonaría y que vendría con regularidad hasta que pudiéramos estar juntos.

Una mañana después de una loca noche de pasión y sexo se armó de valor para decirme que no podría separarse de Gilda la colombiana, que la relación se había arraigado y se querían, que se sentía enamorado y muy atraído por ella, porque era muy guapa y comprensiva, que había resuelto seguir con ella.

No pueden imaginar el golpazo que me llevé, la desilusión del amor de mi vida, mi amor se me cayó de golpe del pedestal donde lo tenía.

 

La vida siguió, él regresó a Estados Unidos y me despedí de él para siempre, debía dejar de quererlo y salir adelante. Quizá imaginen que cumplió su palabra y fue un padre responsable, pero no fue así. Nos abandonó y hoy que mi pequeña tiene seis años sólo la ha visto dos veces en su vida.

Traté de establecer relaciones con otras personas, pero cometí muchos errores, me equivoqué relacionando con gente de la droga y es un medio del cual es muy difícil y peligroso salir.

No sé si por fortuna o desgracia mataron al chavo con el que anduve y volví a corregir el camino. Regresé a vivir con mis padres a la Ciudad de México y ahora tengo un trabajo y una vida tranquila, únicamente velo por la salud y educación de mi ratona… FIN.

 

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