4 de dic de 2021

*FERNANDA

Primera de dos partes


Por OFICINA | martes 26 de enero del 2021 , 05:14 p. m.

Por Dora Martínez

Tal vez les parezca mi historia muy común, pero lo que uno vive y siente es único.

Tenía 21 años, vivía con mis padres en la ciudad de México, y me fui con mi hermana- casada - al puerto de Acapulco, con el fin de independizarme y seguir estudiando. Me topé con una realidad que no esperaba, no había cupo para entrar a la universidad y mientras me puse a trabajar.

Mi cuñado pudo conseguirme un trabajo en el Ayuntamiento, en el departamento de Reglamentos; me volví burócrata, era asistente del asistente del jefe del departamento, en realidad no hacía nada… algunos oficios, cartas de requerimientos, pedidos de papelería y tareas de secretaria, me aburría tremendamente, pero al final debía mantenerme y conservar mi fuente de ingreso.

Empecé a conocer amigos de mi hermana y compañeros de trabajo, agarré la fiesta los primeros seis meses yendo a comidas, salidas en las noches a bares, a conocer restaurantes de moda, lugares para bailar, paseos en yates.. y así poco a poco me hice al modo costeño de manera fácil y divertida. No me costó mucho. La comida es deliciosa, lo malo es que le entré mucho al alcohol en aquellos años.

En una fiesta de fin de año conocí a Giovanni, quien trabajaba con mi cuñado en Servicios de Agua del municipio. Empezamos a salir de vez en cuando y platicamos sobre nuestras vidas.  Él pertenece a una familia que emigró a los Estados Unidos y lo llevó muy chico, después se regresó a México, a la ciudad de Puebla con unos parientes. Ahí empezó a jugar futbol y estuvo en el equipo de reservas de nivel profesional, no logró mucho y desesperado buscó trabajo en un restaurante donde se capacitó como mesero.

Años después se mudó a Acapulco, ya tenía cinco años de haber llegado aquí cuando yo lo conocí. Unos meses después hizo una solicitud en un restaurante de esos donde la fiesta es hasta el amanecer, en la preciosa bahía de Santa Lucía con una vista espectacular y con mucha asistencia de clientes. Estuvo muy contento todo el tiempo que trabajó ahí y yo seguí todos estos años en la fiesta.

Ya vivimos juntos cuando un día empezó a tener ideas de regresar a Nueva York donde están sus padres, pero al tramitar su visa le dijeron que debía hacer un trámite especial de solicitar el perdón a la nación porque entró de manera ilegal cuando tenía dos años. Tramité mi visa y me la negaron por no tener ingresos suficientes para garantizar mi regreso, no tenía ahorros y no pude obtenerla.

Todo esto del perdón tardó dos o tres años, no lo tengo preciso, la familia empezó a intervenir y le dieron algunas ideas de cómo regresar.

Tuvieron la brillante idea de proponerle que se casara con una colombiana que se dedicaba a dar ese beneficio, después de seis meses se divorciarían y ella podía ayudar a otra persona, obviamente se le pagaba una buena cantidad de dólares, mientras esto no se definía pasaron dos años más. Como no se resolvía el futuro, me embaracé, pero el destino me hizo otra jugada…

Finalmente lo logró, viajó con un permiso de solo unos días, se casó y la boda le costó cien mil pesos mexicanos (5,500 dólares aproximadamente); la colombiana muy dispuesta aceptó la boda, era su paga y su manera de sostenerse- quien sabe cuántos matrimonios llevaba- y en una semana estaban casados.

Estuve muy triste los días siguientes,  algo me decía que no lo volvería a ver…; molesta, triste, sola y embarazada estuve muy deprimida. Habíamos platicado que era muy difícil lograrlo, pero si llegaba a suceder el plan conmigo sería que me pasara de ilegal con un “coyote”, persona de mucha experiencia quien había logrado pasar a muchas personas al otro lado sin que lo agarraran. Después de que me negaran la visa no tenía otra opción, debía arriesgarme.

Tardamos tres meses en poder tener todo arreglado, tenía cinco meses de embarazo y apenas se me notaba mi pancita. Fue toda una aventura, cincuenta mil pesos cobró el contacto en Reynosa, Tamaulipas; el plan era sencillo, pasar por puente internacional a McAllen, Texas, al otro lado del Río Bravo.  Viajé al norte para contactar al “coyote”, me dio indicaciones documentos falsos y me preparé para el viaje; el propósito era pasar a McAllen (de compras) y de ahí viajaría sola en bus para que no me detectaran en aeropuertos. Pero la realidad fue otra.

Giovani estaba trabajando como mesero en un lugar en el Bronx. Pudo hacerlo porque gozaba del beneficio de estar casado con una residente legal. Solo por teléfono nos podíamos comunicar por las noches al salir de su trabajo, esta actitud me empezó a dar curiosidad. Platicábamos sobre cómo iba mi embarazo y estábamos muy felices de que íbamos a estar juntos y seríamos padres, de hecho, la tirada era estar allá para cuando naciera el bebé. Pero no aceptaba que habláramos en su día de descanso ni cuando estuviera en casa, el acuerdo era que se casaría, pero no viviría con esa persona, sino que se quedaría con sus padres hasta que yo llegará, pero no era así… (Continuará)...

 

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