4 de dic de 2021

*ABIGAIL.

(Primera de dos partes)


Por OFICINA | martes 18 de mayo del 2021 , 04:41 p. m.

Por Dora Martínez 

En los años ochentas conocí a Omar mi esposo, éramos jóvenes y exitosos. Omar se dedicó a la fabricación de ropa- negocio familiar-  siempre fue próspero y productivo. En las finanzas trabajé en grandes empresas de valores donde siempre me sentí satisfecha de mi realización profesional. Adquirimos una hermosa casa  en Polanco -una residencia- en la mejor zona de la ciudad, tuvimos el dinero y el estatus social que nos gustaba. No tuvimos hijos y disfrutamos mucho nuestra relación matrimonial y profesional.

Mientras estos años maravillosos pasaban Omar comenzó a involucrarse en las apuestas clandestinas. Un grupo de amigos lo invitó a jugar partidas de dominó,  se involucró fácilmente porque las apuestan eran bajas, primero eran 100 pesos para jugar; la tarifa la proponían el grupo de “viejitos” que se juntaban en aquella legendaria cantina del centro -solo era por entretenimiento -los participantes fueron cambiando y las entradas cada vez fueron tomando un nivel más alto. Llegó el momento en que las apuestas de aquel pequeño grupo superó los 10 mil pesos por jugador.

Empezó a aparecer gente sospechosa  en la cantina, los estuvieron observando durante varias semanas,  al retirarse del lugar  siguieron  a uno diferente cada día;  supieron cuáles eran sus coches y así sin hacerles daño conocieron  los movimientos de todos. Los delincuentes se enteraron  que se juntaban los jueves desde las 5 de la tarde  hasta la noche y a veces hasta el día siguiente.

Una noche los asaltantes siguieron a  Don Chema- uno de los viejitos  mayor de 75 años- el señor fue asaltado camino al estacionamiento donde estaba su coche; sabían que llevaba en la bolsa más de cien mil pesos pues lo habían visto ganar toda la tarde. Don Chema se retiró cuando la cantina cerró. Ellos ya tenían medido el tiempo que tardaba en llegar al estacionamiento, lo atacaron pocos metros de la entrada.

El problema fue serio lo golpearon fuertemente dejándolo tirado en la banqueta hasta que un chofer de valet parking de un local  lo vio y pudieron ayudarlo llamaron a la cruz roja  y lo llevaron al hospital.

El dueño de la cantina al enterarse del incidente, prohibió las apuestas tan grandes, como no podía perder a su selecto grupo de comensales, les propuso jugar en el  salón privado y poner un límite a las apuestas.Fueron conscientes que no valía la pena exponerse por su pasión o adicción al juego. 

Así se fueron haciendo grupos de jugadores y un numeroso grupo jugaba póker; cada viernes se reunían y ocupaban el salón privado, nadie podía darse cuenta cuánto dinero se jugaba pero  en un mal día se llevaban 60 mil pesos.

Omar no tuvo conciencia del dinero que apostaba hasta que llegó el primer problema, jugó hasta con cien mil pesos que lo llevaron a saquear las arcas del negocio. Así pasó una y otra vez hasta que llegó a deber desde 500 mil pesos hasta millones en deudas. Al verse imposibilitados para cubrir su deuda nos despojaron de todo, casa, autos y fondos. Un soleado día de octubre un grupo de hombres armados nos sacaron a punta de pistola - dijeron que iban en buen plan- yo todavía en bata de baño y Omar  listo para irse a trabajar. Nos echaron a la calle la ropa, vaciaron nuestros muebles como bote de basura, pusieron candados en nuestra puerta y dijeron …¡Órale a la calle si no puedes pagar!

Los vecinos nos veían asustados y con recelo, no tuvieron confianza de acercarse y darnos ayuda. Subimos a la azotea y me pude vestir. Recuperé mi bolso y dinero y nos fuimos a la casa de un pariente que quedaba cerca. No fuimos recibidos con agrado, pero fueron humanos con nosotros y nos ayudaron a ir resolviendo y a pensar con calma.

Luego de tan horrible experiencia nos mudamos al sur de la ciudad a un departamento modesto pero lindo, mi sueldo no era suficiente para pagar otro nivel, mientras que Omar no logró que la familia lo apoyara y lo sacaron del negocio.

Sin embargo, uno de sus hermanos mayores le recomendó tratar con terapia su adicción al juego. Un par de años se dedicó a recuperarse y volvió al trabajo de manera habitual, pero ahora como empleado y con un sueldo. No logró ganarse la confianza del consejo familiar. Esta situación lo llevó a tener conducta de ansiedad, a escondidas de todos regresó a las apuestas en casinos clandestinos y de vez en cuando se le veía en el hipódromo. Podría pensar que sus apuestas eran menores, pero no…Continuará

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