17 de abr de 2021

*Momentos cruciales.

Por José Guadalupe Rodríguez Cruz


Por OFICINA | martes 5 de mayo del 2020 , 06:28 p. m.

En Confianza 

 

Terminaba el 2019 cuando recuerdo haber leído  en alguna parte que una ciudad de la lejana China, cuyo nombre  me costó recordar, se encontraron de pronto con un contagio cuyo origen no estaba claro. Corona su nombre y claro aquí de luego lo relacionamos con la mundialmente famosa marca de cerveza.

La notita del hecho no causó mayor interés en la mayoría de  quienes lo leímos, sin embargo para un mes después ya se hablaba con insistencia del coronavirus no solamente en Wuhan una ciudad de China central con más de 11 millones de habitantes y capital de la provincia de Hubei, sino en otras parte del mundo sobre todo en Europa.

El origen del virus parece no estar claro, pero se insiste que los murciélagos son los causantes y no tardó mucho en que el mal denominado SARS-CoV-2 llamado así por la similitud de sus síntomas agudos con ,los inducidos por el síndrome respiratorio severo llamado SARS que surgió en el 2012, apareció en los humanos.

Hoy se habla de más de más de 3 millones de infectados y alrededor de  250 mil  muertos a lo largo de decenas de  países en donde Estados Unidos, Italia, Francia y España están convertidos en las naciones con mayor número de decesos. Por cuanto a las fechas tentativas para superar el mal en México, se habla que en estos primeros días de mayo se vive apenas la mayor crisis.

Esta neumonía conocida como covid 19 ha cambiado la vida de la gran mayoría de los mexicanos, sobre todo en las ciudades medianas y grandes. En nuestro entorno las cosas  son diferentes. Tula es  hoy una ciudad distinta. Sin clases desde kínder  hasta universidades; los negocios medianos y chicos cerrados, sobre todo si no venden artículos de los llamados esenciales.

Las gasolineras han reducido los horarios de servicio, al igual que en el tianguis y  mercado. Las oficinas del gobierno municipal, con los servicios apenas indispensables. El tráfico de vehículos también se ve menos pesado, aunque por momentos han cerrado algunas vialidades y el paso se hace lento. Los restaurantes son pocos los abiertos, algunos han optado por dar servicio a domicilio.

Ante la disminución de pasaje las corridas de microbuses  a colonias y pueblos de la periferia se hacen más espaciadas al igual que las de autobuses a Pachuca y Ciudad de México sobre todo. Las bases de taxistas de pronto se ven a su mayor capacidad de autos estacionados, a veces vacías y no porque anden dando servicio sino que ante la falta de trabajo algunos conductores optan por irse a casa con su unidad.

Hoy resulta común ver en Tula locales comerciales vacíos, la falta de clientes de comida, de ropa, de zapatos, de regalos, de todos los giros que se puedan imaginar cuyos dueños pagan renta, hoy están desocupando los inmuebles. No hay clientes, no hay ingresos, a despedir a  los empleados, no hay otra alternativa.

En los pueblos parece que el nuevo ritmo de vida no ha cambiado mucho. Tal vez el hecho de que mujeres y hombres que laboran en ciudades como CDMX, Pachuca, Querétaro o Tula misma, hoy se han visto en la necesidad de regresar al pueblo  ante la falta de empleo y entonces es común ver a vecinos que ya se extrañaba.

Pero las cosas  van de mal en peor. Son cada vez más graves. Si para las familias con ingresos económicos  regulares digamos, el tema se complica porque de pronto sus integrantes se han quedado sin trabajo, el asunto está peor para quienes apenas viven al día y a quienes decirles o exigirles que se queden en casa, parece les estamos dictando  una sentencia de muerte.

¿Qué va a pasar?

Nos enfrentamos a un escenario  grave, muy grave, en la salud y en lo económico. Sin pensar por supuesto que ellos  -los que viven en pequeñas comunas-  no tendrán  o no  tienen problemas tan serios, parece que lo más delicado puede darse en las  ciudades y entre más grandes más problemas de contagio y de quedarse sin empleo.

 Y es que en las comunidades por fortuna  todavía muchas  sin contagios por lo que a la epidemia se refiere y en cuanto a subsistir, desde siempre los ingresos familiares  son precarios. Digamos que están acostumbrados a vivir con poco, con  lo que les da la tierra, el maíz para las tortillas, o  a ir al cerro por los nopales, las verdolagas, los quelites, las tunas.

Pero para  la ciudad, ¿qué viene? La rapiña, mendigar por las calles, pero y la gente cómo darles, si la mayoría está  igual sin empleo, sin ingresos. Ah y ahora con esa disposición de restricciones para circular en auto en medio de la crisis más grave de la que se tenga memoria.

Está claro que no es tiempo de politizar el asunto, pero es momento, ¡ya! de que el gobierno implemente medidas urgentes para paliar la crisis. Y debe atenderse en las dos vertientes, la  de salud y la  económica.

No vemos acciones encaminadas a atender el escenario que se presenta. Nos parece inconcebible que el gobierno destine miles de millones de pesos a la construcción de una refinería por ejemplo, cuando el precio del petróleo está por los suelos o a la construcción del  tren maya cuando en estos momentos en lo que menos piensa la gente en México y en el mundo es en irse a pasear.

Increíble por ejemplo que el presidente critique y pretenda poner trabas al financiamiento que el BID ofrece por 12 mil millones de dólares al Consejo Mexicano de Negocios para que más de 30 mil medianas y pequeñas empresas mexicanas puedan sortear la crisis.

Hoy necesitamos –como nunca- una guía acertada en el gobierno. Que ya deje de hablar  de “sus adversarios los neoliberales”, en asumir discursos triunfalistas  de que “ya falta poco, vamos a seguir así”. Que ya deje de descalificar a políticos, a periodistas, a empresarios cuyo único, pero mortal, pecado es pensar diferente de este hombre a quien la crisis de nuestro país “le cayó como anillo al dedo”.

Por hoy es todo, nos leemos en la próxima entrega, pero…En Confianza. (EDICIÓN DIGITAL)

 

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