24 de ene de 2021

*Estado fallido, no pero…

Para la  gente que vive  en Culiacán, la capital del estado de Sinaloa con casi un millón de habitantes, la tarde del pasado j


Por OFICINA | martes 22 de octubre del 2019 , 05:31 p. m.

Para la  gente que vive  en Culiacán, la capital del estado de Sinaloa con casi un millón de habitantes, la tarde del pasado jueves 17 será una fecha inolvidable cuando fuerzas policiales del gobierno pretendieron detener a Ovidio Guzmán el hijo del Chapo  líder del cártel de Sinaloa y que hoy purga cadena perpetua por narcotráfico en una prisión de Estados Unidos.

Sobre el tema se ha dicho de todo. La descalificación absoluta al gobierno de López Obrador por su fallida estrategia, y por el otro lado la opinión de sus numerosos defensores que encuentran en el argumento de que se soltó al Chapito para “evitar la muerte de muchas personas”, escenario posible  que por supuesto no se ignora y al que no le falta razón.

Más allá de filias y fobias con el actual gobierno federal, está claro que nos encontramos frente a una complicada prueba de un gobierno que pronto va a cumplir un año de gestión. Al paso de los días y conocer más detalles de lo ocurrido el jueves reciente, queda muy claro que el gobierno federal a través del Ejército y la Guardia Nacional, fallaron absolutamente en su cometido.

Con todo y ello está claro que no podemos hablar de un estado fallido si por éste entendemos a un gobierno con un absoluto y total fracaso en lo social, en lo económico, en lo político. Cuando hablamos de un gobierno ineficaz, imposibilitado de dar a sus gobernados los mínimos satisfactores en educación, salud. Por supuesto que por fortuna no es el caso de nuestro México hoy en día.

Pero sí preocupa y mucho que en Culiacán el crimen organizado se haya anotado una victoria tan contundente e inobjetable como no la consiguió en el gobierno de Calderón o en el de Peña, cuando ciertamente se dispararon los índices de violencia y que en ambos sexenios el gobierno fue incapaz de meter al orden hasta el grado que hoy parecen incontrolables.

Sin quitar el dedo del caso Culiacán, preocupa sí el tema de la inseguridad que se sigue padeciendo en nuestro país. Solamente en la semana reciente tengamos presente los homicidios múltiples de civiles en Iguala , Guerrero y de policías en Aguililla en Michoacán. Y es que la cifra de muertes violentas alcanza ya, cuando faltan más de dos meses para terminar este 2019, la escandalosa cifra de casi 24 mil.

La economía en México no pasa por sus mejores momentos, el crecimiento según los expertos es de casi cero. Menos de lo que avanzó el país en los últimos cinco sexenios, 30 años cuando tuvimos dos presidentes panistas y tres priistas. La austeridad del actual gobierno ha dejado sin empleo a cientos, a miles de empleados del gobierno federal, jefes de familia que hoy se dedican a todo lo que nos podamos imaginar.

En materia de salud a pesar de los muchos desmentidos de funcionarios de gobierno, la escasez de  personal,  de equipo y de  medicamentos en hospitales públicos es el pan de cada día. Está próximo a desaparecer el seguro popular, la preocupación es qué va a pasar con millones de familias cuya única forma de acceder al servicio médico es justamente por este medio que pronto será historia.

El gobierno comienza la construcción del aeropuerto en Santa Lucía, pero la preocupación de cientos de miles de personas se mantiene latente por el hecho que la obra no cumpla las mínimas condiciones que exige la aeronáutica  en el mundo. Millones de pesos tirados a la basura por el proyecto de Texcoco en algo que no nos deja de parecer una actitud llena de soberbia, sólo para dejar claro quién manda en este país.

Se han tenido aciertos sin duda. El robo de combustible ha venido a menos, pero el tema sigue latente, como pendiente está el castigar a tantos funcionarios de Pemex que durante mucho tiempo robaron (roban) hasta quebrar a la empresa más importante del país. El tema de la austeridad está bien pero  sin caer en los excesos, como el de dejar a medias una reunión de AMLO con el embajador de Estados Unidos e invitados, “porque me deja el avión”, toda vez que el presidente viaja en vuelos comerciales.

Bien por tirar a Romero Deschamps, el mejor ejemplo de la corrupción sindical. Aquí vemos una buena estrategia en su remoción, las aguas no se agitaron más de lo necesario y nadie descarta ver enjuiciado  a don Carlos, pero  sería más importante decomisarle su cuantiosa fortuna mal habida.

Bien no perder de vista el combate a la corrupción como elemento esencial del actual gobierno. Los resultados son pocos, pero vemos que no se  quita el dedo del renglón y eso ya es ganancia, cuando menos para que los corruptos de siempre –muchos de los cuales siguen incrustados en los tres órdenes de gobierno- le piensen antes de actuar igual.

Que siga el procedimiento contra Emilio Lozoya, Rosario Robles, las investigaciones contra Medina Mora y contra tantos que se han enriquecido al amparo del poder, pero no en una justicia selectiva que deja a salvo a personajes como Elba Esther Gordillo, Manuel Bartlett, Napoleón Gómez, René Bejarano y no sé cuántos más que a tiempo se cobijaron con el manto de la 4T.

A final de cuentas entre aciertos y yerros López Obrador transita para cumplir su primer año como presidente. Después de lo ocurrido en Culiacán el tema de la inseguridad es un pendiente  de primer orden  y  no vemos que se asome una actitud gubernamental  encaminada a devolver la tranquilidad a los mexicanos.

Cuidado, si las cosas no mejoran en un tiempo razonable, estado fallido podría ser ahora sí  el futuro de México.

Por hoy es todo, nos leemos en la próxima entrega, pero… En  Confianza. *NI*

 

 

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