*Shakira no solo ya no llora, sino que factura, llena estadios y rompe récords.

Por Claudia Patricia Rodríguez Dorantes

Hace unos años, viajando por Turquía, a las latinas nos decían “Shakira”. No importaba si éramos mexicanas, argentinas o colombianas. Para ellos, todas éramos Shakira. Y ¿saben qué? Se sentía muy bien. Porque en el fondo, Shakira no solo representa a una artista famosa, sino a una mujer latina que ha conquistado el mundo sin dejar de ser ella misma.

Shakira Isabel Mebarak Ripoll nació el 2 de febrero de 1977 en Barranquilla, Colombia. A sus 48 años, esta cantante, compositora, bailarina, productora y empresaria publicó su primer álbum, Magia, a los 13 años, con canciones que había escrito desde los 8.

El gran salto llegó con Pies Descalzos (1995), y su consolidación internacional se dio con ¿Dónde están los ladrones? (1998). En 2001, Laundry Service marcó su exitoso debut en inglés, con himnos como “Whenever, Wherever” y “Underneath Your Clothes”. Luego vinieron éxitos globales como “Hips Don’t Lie”, “Waka Waka”, “Chantaje”, “Monotonía” y, más recientemente, su famosa colaboración con Bizarrap.

Con más de 80 millones de discos vendidos, tres premios Grammy, 12 Latin Grammy y una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, Shakira no solo ha hecho historia: la ha bailado.

En 2010 conoció a Gerard Piqué durante la grabación de “Waka Waka”. De ahí nació una relación de más de una década, dos hijos —Milan y Sasha— y una vida compartida en Barcelona. Pero en junio de 2022, la historia cambió: anunciaron su separación en medio de rumores de infidelidad por parte del futbolista con Clara Chía.

Lejos de esconderse, Shakira hizo lo que mejor sabe: convirtió el dolor en música. Canciones como “Monotonía”, “TQG” y la “Bzrp Music Sessions Vol. 53” no solo fueron éxitos inmediatos, sino un auténtico manifiesto de fuerza emocional. Frases como “Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan” o “Yo valgo por dos de 22” resonaron en millones de mujeres que se sintieron identificadas, comprendidas, acompañadas.

Pero también hubo críticas. Se dijo que expuso demasiado su vida personal, que puso en el centro a sus hijos, que facturaba con el dolor, que se victimizaba. Aun así, la mayoría del público se volcó a su favor. Porque Shakira no lloró: compuso. No se escondió: bailó. Y en el proceso, muchas la vimos más humana, más cercana y fuerte.

De todo ese proceso personal nació “Las mujeres ya no lloran”, su duodécimo álbum, y con él, una gira mundial del mismo nombre que inició el 11 de febrero de 2025 en Río de Janeiro. Con más de dos millones de boletos vendidos, la gira ya es un éxito rotundo. Pero más allá de los números, lo que importa es lo que se vive en ese escenario.

Yo fui el domingo. Y vi a una Shakira más segura que nunca. Fuerte, contenta, renovada. Con esa sonrisa que baila sola y una energía que contagia. Y vi también a un público feliz, disfrazado de Shakira, cantando a gritos, emocionado hasta las lágrimas. No era solo un concierto, era una especie de ritual compartido. Un acto de catarsis colectiva.

Porque cuando una mujer transforma su historia en fuerza y su herida en arte, no solo sana: nos representa.

Escríbanme a claurodriguezdor@gmail.com  *NI*

Por Nueva Imagen de Hidalgo

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