*El cuidado: la labor que sostiene la vida.
Por Claudia Patricia Rodríguez Dorantes
El cuidado es una tarea que va más allá de atender las necesidades físicas de alguien. Implica también un lazo emocional, una dedicación constante y una responsabilidad que no se reconoce ni se valora en su justa medida. Es una labor que se mueve entre lo tangible e intangible, entre lo privado y lo público, y que en muchas ocasiones se da por sentada, a pesar de ser un pilar fundamental de nuestra sociedad.
De acuerdo con la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados 2022, en México, 31.7 millones de personas de 15 años y más brindaron cuidados a integrantes de su hogar o de otros hogares, de las cuales el 75.1% son mujeres.
Las mujeres cuidadoras dedican, en promedio, 38.9 horas semanales a estas labores. En términos económicos, el trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados tuvo un valor estimado de 7.2 billones de pesos en 2022, lo que equivale al 24.3% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional. Esta contribución, que representa casi una cuarta parte de la economía, sigue siendo en gran medida invisible.
El trabajo de cuidados no remunerados abarca desde la preparación de alimentos hasta la atención de niños, personas mayores y aquellas con discapacidad. Se estima que el 80% del cuidado de los enfermos recae en las familias, y que 9 de cada 10 mujeres cuidadoras experimentan un impacto físico y psicológico significativo debido a la carga que conlleva esta responsabilidad.
Acompañar a familiares de la tercera edad representa un desafío particular. Enfermedades como el Alzhéimer implican una atención continua y un esfuerzo físico y emocional constante. “Tienes que estar pendiente las 24 horas, no sabes por dónde va a salir, cada día te encuentras algo nuevo, así que estás alerta las 24 horas”, señala una mujer que cuida a su esposo enfermo. Y es que el Alzhéimer no tiene freno; avanza poco a poco, deteriorando la capacidad cognitiva y física de quienes lo padecen, mientras sus cuidadoras y cuidadores sostienen día a día el peso de la enfermedad.
Muchas veces, damos por hecho que siempre habrá alguien dispuesto a cuidar, pero, ¿cuántas familias tienen en su seno a una persona que, con paciencia y dedicación, sostiene la vida cotidiana de quienes necesitan apoyo? Estas labores son esenciales para el bienestar de sus seres queridos y, en última instancia, para el funcionamiento de la sociedad. No basta con reconocer su importancia; es fundamental generar condiciones que permitan que el cuidado no sea una carga que recaiga únicamente en algunas personas, sino que se valore y se apoye desde todos los ámbitos posibles.
En mi familia, hay dos mujeres cuya labor ha sido invaluable. Mi tía Lydia, quien actualmente cuida a mi abuelito con amor, compromiso y una paciencia admirable. Mi tía Irene quien hace algunos años acompañó a mi abuelita en sus últimos años con una entrega que dejó huella en todos nosotros. Sus formas de cuidar fueron distintas porque los momentos y las circunstancias también lo fueron, pero ambas compartieron la misma dedicación y el mismo sentido de responsabilidad que sostienen a tantas familias en este país.
¿Quiénes en nuestras familias han asumido este papel fundamental? Es momento de reconocerlas, de compartir sus historias y de darles visibilidad. Si conoces a alguien que día a día realiza esta labor con amor y compromiso, escríbeme a claurodriguezdor@gmail.com y publiquemos su historia. *NI*