*Tula: La ciudad del sacrificio.
Por Iván Hernández Mendoza
La semana pasada hablé sobre la importancia de cancelar los megaproyectos que representan una catástrofe ambiental para nuestro país. Expuse cómo las empresas, movidas únicamente por el beneficio económico, arrasan con todo sin importar el bienestar humano o animal. También señalé cómo los gobiernos intentan vendernos la idea de desarrollo, disfrazando prácticas imperialistas y ocultando el impacto en las esferas sociales, culturales y, sobre todo, en la salud pública. Un claro ejemplo de esto es el Proyecto Saguaro.
Pero esta advertencia no debería pasar desapercibida, y menos para nosotros, los tulenses. Nadie mejor que las y los ciudadanos de Tula entiende el alto precio que se paga en nombre del progreso y la industria. Nuestra región está marcada por residuos industriales, aire enrarecido y aguas contaminadas. El río Tula y la presa Endhó despiden olores nauseabundos, mientras que la termoeléctrica, la refinería y las cementeras emiten gases tóxicos que ponen en riesgo la salud de la población.
La refinería de Tula es una de las más contaminantes y peligrosas de México. Diversos estudios de la última década han demostrado su relación con el aumento de enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares, neurológicas y respiratorias, así como un incremento en los casos de cáncer. A pesar de ello, la ciudad sigue dependiendo económicamente de estas industrias, lo que hace que muchos ignoren los costos en salud pública.
Sin embargo, ¿realmente los beneficios económicos compensan los riesgos? Tan solo la semana pasada, las autoridades federales contemplaban activar protocolos de contingencia ambiental debido a los altos niveles de contaminación en el aire. No por nada, la presidenta Claudia Sheinbaum mencionó en su discurso de toma de posesión que uno de los megaproyectos de su administración será transformar a Tula de la ciudad más contaminada a la más limpia. Pero al igual que con otros proyectos gubernamentales, la reducción del impacto ambiental y las mejoras para la población tardarán años en materializarse.
Teniendo esto en cuenta, sorprende que aún no exista una organización civil independiente y apartidista que busque el mejoramiento de la situación. La población tulense debería ser la primera en alzar la voz contra proyectos industriales que pongan en riesgo la integridad de toda una región. Pero seguimos siendo una comunidad taciturna ante estas amenazas. Tal vez la nube gris que emana de las altas chimeneas de PEMEX y CFE ya asfixió nuestra capacidad de resistencia y lucha.
Sabemos lo que ocurre cuando se le da rienda suelta a la industria con fines económicos egoístas. Conocemos las consecuencias y vemos de primera mano la destrucción. Aun así, seguimos siendo espectadores, inertes ante un futuro donde México podría estar compuesto de muchas Tulas: lugares donde la gente respira, bebe y come contaminación; donde la basura y los malos olores se vuelven parte del paisaje cotidiano y las infancias crecen creyendo que esto es normal, tal como lo hicimos nosotros.
Hoy es el momento de demostrar que, bajo esta nube tóxica y rodeados de aguas turbias, existe una población que no permitirá que se perpetúe la idea de las “zonas de sacrificio”. No podemos aceptar que ciertos lugares sean considerados irrecuperables y condenados al deterioro eterno. Si algo nos ha enseñado la historia es que el cambio nunca llega por sí solo; hay que exigir, construirlo y defenderlo.
Contacto: ivanalan29@gmail.com