*La Amenaza Invisible: El Proyecto Saguaro y el Futuro de México.
Por Iván Hernández Mendoza
¡Somos una sociedad en riesgo! O, mejor dicho, siempre lo hemos estado. Somos una especie capaz de pensar en el futuro y anticipar las consecuencias de nuestras acciones, pero rara vez lo hacemos. Parece que nuestra biología nos predispone a reaccionar en lugar de reflexionar, priorizando el beneficio individual sobre el colectivo. Desde una perspectiva evolutiva, esto podría explicarse como un instinto de supervivencia arraigado en toda la vida en el planeta.
Sin embargo, nuestro contexto actual es distinto. El instinto de supervivencia ya no es el único factor que rige nuestras vidas; hemos desarrollado estructuras sociales, conocimientos científicos y sistemas de pensamiento que deberían permitirnos tomar decisiones más informadas y justas. En teoría, nuestras sociedades ya no se basan exclusivamente en explicaciones espirituales o dogmáticas, sino en la razón, la lógica y el conocimiento. Pero en la práctica, esto no siempre se traduce en acciones que beneficien a la mayoría.
Durante mucho tiempo, se pensó que el mundo operaba bajo la premisa de la “supervivencia del más fuerte”, justificando el abuso de los poderosos sobre los débiles. Este pensamiento legitimó conquistas, genocidios y la expansión de imperios. Con el tiempo, a estas prácticas se les dio otro nombre: imperialismo.
A grandes rasgos, el imperialismo es una estrategia de dominación política, económica, militar o cultural mediante la cual un Estado extiende su poder sobre otros pueblos o territorios. A pesar de haber desencadenado guerras devastadoras y crisis humanitarias, esta práctica no ha desaparecido; solo ha cambiado de forma. Hoy, la dominación no siempre se ejerce con ejércitos, sino con tratados comerciales, dependencia económica y presión diplomática.
México ha sido víctima de estas dinámicas por décadas. Nuestro país ha estado bajo la sombra de Estados Unidos, siendo vigilado y manipulado en su política y economía. Basta con recordar las crisis provocadas por sus medidas arancelarias o la injerencia en nuestras decisiones soberanas. Esta relación de dependencia y sometimiento no es un accidente; es el resultado de una estructura diseñada para perpetuar el dominio de unos sobre otros.
El imperialismo actual es más sutil, pero igual de letal. Un ejemplo reciente es el Proyecto Saguaro, desarrollado por la empresa estadounidense México Pacific. Esta empresa planea exportar gas natural licuado desde un puerto en Puerto Libertad, Sonora, hacia el mercado asiático. Pero detrás de la promesa de crecimiento económico, este proyecto representa una amenaza ambiental de gran magnitud.
El Golfo de California, conocido como el “Acuario del Mundo”, alberga el 85% de los mamíferos marinos de México. La infraestructura de este proyecto podría afectar gravemente a especies como las ballenas y otras formas de vida marina. Además, el transporte de gas fósil por suelo mexicano agravará la crisis climática, cuyos efectos ya impactan a comunidades vulnerables. En otras palabras, una vez más, una empresa extranjera busca explotar nuestros recursos y destruir nuestro ecosistema para su propio beneficio, sin dejar verdaderas ganancias en el país.
Según diversas organizaciones ambientales, el impacto del Proyecto Saguaro no solo se limita a la contaminación. Se trata de la destrucción de un ecosistema único en el mundo. Y lo más alarmante es que este ecocidio se justificará con los mismos discursos de siempre: “inversión extranjera”, “derrama económica” y “desarrollo”. Pero la realidad es otra: las ganancias se irán al extranjero, mientras que los costos ambientales y sociales quedarán en nuestras costas.
¿Vamos a permitirlo? Invito a cada lector a informarse sobre el Proyecto Saguaro y a sumarse al movimiento en su contra. Existen iniciativas como Ballenas o Gas, donde pueden encontrar materiales para difundir esta problemática y firmar una petición para detenerlo. La lucha contra el imperialismo no está solo en manos de los gobiernos; es una responsabilidad de la sociedad civil. La organización y la información son nuestras mejores armas.
Luchemos hoy para poder vivir mañana. *NI*