17 de jul de 2019

*La desgracia de Tlahuelilpan es el resultado del crecimiento del huachicol en Hidalgo.

Por Jesús González El 5 de diciembre del 2017 un grupo fuertemente armado atacó la comandancia de la policía municipal en


Por OFICINA | viernes 25 de enero del 2019 , 05:57 p.m.

Por Jesús González

El 5 de diciembre del 2017 un grupo fuertemente armado atacó la comandancia de la policía municipal en Tepetitlán, los delincuentes se llevaron un rifle R15 y una pistola nueve milímetros, así como las llaves de cinco patrullas recién adquiridas por el gobierno local, el hecho llamó la atención y se dijo que se investigaría, a la fecha poco o nada se sabe de los avances de las indagatorias.

A este ataque se suman un sinfín de homicidios dolosos en los municipios de Tula, Tepetitlán, Tezontepec de Aldama, Tlahuelilpan, Tlaxcoapan, Atotonilco de Tula, Mixquiahuala y otras localidades donde los llamados huachicoleros han hecho su centro de operación para almacenar y comercializar el hidrocarburo robado de ductos de Pemex.

El uso del huachicol se volvió una actividad “normal” durante el 2018, más de uno reconocía que utilizaba este producto porque además de ser económico sí servían litros de a litro; taxistas, comerciantes, empresarios y una gran parte de la sociedad llenaba sus tanques de gasolina robada, mientras eso pasaba los gobiernos en turno se hacían de la vista gorda y poco o nada hacían para evitar este delito.

El tema se empezó a socializar en pobladores que de la noche a la mañana cambiaron su forma de vivir, ahora salarios de mil pesos diarios por halconear, incluso otras cantidades más fuertes era el sustento de quienes le entraban a la industria del huachicol; niños, mujeres, adultos mayores, jóvenes, gente de todas las edades hacían equipo para dedicarse a este ilícito.

El cáncer huachicolero fue creciendo agarrado de la mano de uno de los gobiernos más corruptos que ha tenido México, el de Enrique Peña Nieto, ya era normal reportar un muerto en tal lado, una balacera en otro, más muertos, más heridos y la mata seguía dando en un delito que crecía y crecía, que no atraía la mirada de nadie, solo de grupos delincuenciales que vieron en la zona una mina de oro fácil de explotar amparados en la corrupción gubernamental.

El tiempo avanzó y tuvo que suceder una tragedia donde más de cien personas perdieron la vida para que medios nacionales e internacionales, así como la mirada de gobiernos de otros países y organizaciones de talla mundial voltearan a ver lo que sucedía en Hidalgo, un estado donde sus gobernantes se jactan en decir que es de los más seguros del país, un estado donde la pobreza duele en la huasteca hidalguense y en varios municipios que siguen siendo saqueados por líderes políticos que solo han visto por su bienestar y no por el de la gente.

Tuvo que pasar esta desgracia para darnos cuenta que Tlahuelilpan es un municipio con el 50 por ciento de sus pobladores en la pobreza, sin oportunidades de crecimiento económico, condenados a vivir de un campo que se encuentra en el abandono y que solo les da para sobrevivir en este país donde ser pobre es sinónimo de olvido.

Lo de Tlahuelilpan no debe quedarse como una simple tragedia o entrar en las desgracias más fuertes a nivel mundial que ha tenido la humanidad; la desgracia de la gente de Tlahuelilpan debe ser un parteaguas para ver qué estamos haciendo mal como sociedad y mejorar el camino, replantear nuestra forma de pensar y actuar, dejar de ser muy buenos para hablar y pésimos para ser empáticos con la tragedia de los demás.

A toda la gente que perdió un ser querido sirvan estas líneas para enviarles mis más sinceras condolencias y para elevar una oración a Dios con la finalidad de que dé pronta resignación a los deudos, como sociedad debemos ver la forma de apoyarlos y no de juzgarlos, quien se crea superior a los demás ha perdido la esencia para lo que fue creado, que es para amar y ser feliz.

SANTO: En medio de la desgracia familias enteras se han acercado a Tlahuelilpan para auxiliar de una o de otra manera a los afectados, no todo está perdido, aún hay esperanza de que en la sociedad son más los buenos que buscan un mundo mejor.  

DEMONIO: Lamentable que el diputado local Asael Hernández utilice los hechos ocurridos en Tlahuelilpan para sacar raja política y acusar al gobierno federal de esta tragedia, se le olvida a don Asael que cuando fue alcalde de Tezontepec de Aldama su mayor preocupación fue crecer políticamente, pues en varias ocasiones dejó el cargo para atender funciones en su partido.

ÚLTIMAS NOTICIAS


ARCHIVO