22 de sep de 2018

*UNA TARDE EN EL ESTADIO.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.   La primera vez que vi un juego del Cruz Azul fue a fines de los 70 en el Azteca, la Má


Por OFICINA | martes 26 de junio del 2018 , 05:08 p.m.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

 

La primera vez que vi un juego del Cruz Azul fue a fines de los 70 en el Azteca, la Máquina se enfrentaba a la fiera del León. El verde pasto se asemejaba a una gigantesca alfombra y se fundía con el uniforme de los panzas verdes; la Máquina vestía su uniforme de local: playera azul marino y short blanco. No es lo mismo ver el fut desde la tele que en el estadio, allí había que estar atento, pues en esos años no existían pantallas gigantes ni dispositivos móviles que permitieran disfrutar de la repetición de alguna jugada clave en el partido.

 

Por esa misma época llegó de visita a México el equipo francés “As Nancy” en el que militaba Michel Platini, entre sus partidos figuró un encuentro en el 10 de Diciembre contra el Cruz Azul, así que un nutrido grupo de amigos y familiares partimos a bordo de un “Delfín” a verlo, en ese entonces los camiones tenían la ruta que salía de Tula, pasaba por San Marcos, atravesaba la planta de La Cruz Azul, llegaba a Monte Alegre y daba vuelta hacia Tula, pasando por El Carmen. Los que salían de Tula con rumbo a El Carmen recorrían inversamente la ruta. El As Nancy no mostró gran cosa, su único atractivo era su jugador estrella que llegó a ser presidente de la FIFA.

 

Una de las tardes más divertidas en el estadio la viví en la temporada 81-82 en el “Venustiano Carranza” casa de los recién ascendidos “Canarios” del Morelia. Sufrí bastante para conseguir un boleto: horas de largas filas ante las taquillas, empujones, codazos, forcejeos, hasta que tuve el anhelado boleto en las manos. El domingo me apersoné temprano en las puertas del estadio y para mi sorpresa ya el graderío estaba completamente ocupado. Como pude me instalé en una de las escaleras, que a los pocos minutos rebosaba de aficionados que mirábamos el calentamiento de los equipos: “el oso” Ferrero estaba en la banca y Julito Aguilar defendía el marco cementero; del otro lado estaba “el gato” Félix Madrigal; los técnicos eran don Nacho Trelles, quien en un mes cumplirá 102 años, con los “Ates” estaba Pepe Moncebáez.

 

El partido estaba emocionante y la multitud saltaba y gritaba eufórica, muchos se mantenían de pie pasada la emoción y eran amedrentados por el resto para sentarse, so pena de ser bañados “Ahí va el agua” gritaban. Llegó el descanso y al reiniciarse el juego las advertencias subían de tono “Siéntense que ahora si no va el agua, ya saben que es lo que va” quienes escuchábamos reíamos de la ocurrencia. Más jugadas emocionantes, más gente parada, omisa de las advertencias del baño nada higiénico; hasta que uno de los osados, haciéndose el valiente volteó hacia la tribuna solo para recibir en pleno rostro un baño de espumoso líquido, azorado atinó a limpiarse con la mano y gritar “hijos de su…” maldición que nadie contestó; el silencio en esa parte de la tribuna era sepulcral, todos hicimos como si no hubiéramos visto lo que ocurrió.

 

El bañado revisó la tribuna con ojos desorbitados, tratando de hallar al causante de su desgracia y al no conseguirlo, abandonó de inmediato el inmueble, en el momento que desapareció de la vista todos soltamos la carcajada. Se escuchó una voz escaleras arriba “Advertimos que no era agua” las risas siguieron por un buen rato y ya nadie se mantuvo en pie.

 

El pasado sábado nos dirigimos con tiempo al 10 de Diciembre para ver el partido de preparación entre el Cruz Azul y los Gallos del Querétaro. Las gradas de sombra estaban repletas, así que tuvimos que sentarnos en las de sol, el concreto ardía, ni siquiera el uso de alguna prenda o periódicos lograba menguar el calor de los asientos. La mayoría llevaba gorra o echaba mano de las que allí se vendían, una que otra damita portaba sombrilla, previendo las vespertinas lluvias a las que el tiempo atmosférico nos ha condicionado en los últimos días.

 

Los jugadores de la Máquina calentaban bajo la mirada del cuerpo técnico, los plumíferos hacían lo propio. El estadio se llenaba rápidamente y quienes no traían boleto continuaron la tradición de ver el juego desde el puente peatonal del CECA. Unos minutos antes de las 4, el Cruz Azul se va al vestidor y pronto aparece su alineación formada en el túnel: Alison, Lichnovsky, Aguilar, Marcone, Caraglio, Elías, el Jerry Flores, Cata, Baca, Domínguez; los Gallos presentaron en la puerta a su estelar Tiago Volpi quien lució en un atajadón. Caixinha y Rafa Puente dirigieron sin contratiempos. El público de Ciudad Cooperativa alentando a su equipo de manera decente, los pocos visitantes de los Gallos no tuvo problemas de ninguna índole. Al descanso los Gallos se fueron ganando por la mínima diferencia.

 

Para el segundo tiempo ambos cuadros cambiaron a sus jugadores. La tribuna de sol disfrutó la vista de sus ídolos mientras trotaban para aflojar. La Máquina presentó un cuadro más acoplado para la segunda parte: Rentería, Montoya, Méndez, Mena, Caute, Silva. La tarde refrescaba, las nubes aislaban al sol; la Máquina empataba el partido, pero el cuadro de los Gallos tomaría la ventaja definitiva. Ambas escuadras mostraron que se están preparando a conciencia para la inminente temporada. Cruz Azul se nota muy bien armado, sin duda que Pedro Caixinha tiene capital humano de sobra para cubrir todas las posiciones de la cancha y aun así contar con una banca de lujo, con jugadores que serían titulares indiscutibles en cualquier otro equipo. La competencia será en grande.

 

Lo mejor de todo fue la ordenada y civilizada convivencia entre los aficionados: chicos y grandes conviviendo familiarmente, la mayoría portando sus playeras celestes, aunque muchos conservaban las verdes y blancas con las que por la mañana de ese sábado alentaron a la Selección Nacional ante Korea del Sur y que seguramente lucirán este miércoles en el partido ante Suecia. Una tarde en el estadio no se cambia por nada. NI

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