16 de feb de 2019

*UNA HISTORIA DE XOCHITLÁN 1

Por José Antonio Trejo Rodríguez.   “Usted es de Tula ¿Conoce Xochitlán? De allí es mi familia”,


Por OFICINA | martes 5 de febrero del 2019 , 05:05 p.m.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

 

“Usted es de Tula ¿Conoce Xochitlán? De allí es mi familia”, me compartió con emoción Paty Nieto Chimal hace unas dos décadas, cuando fuimos compañeros de trabajo. Las historias por ella narradas, vivencias de su niñez, me llevaron a evocar un mundo mágico, para mí desconocido hasta la narración que ahora les comparto con la anuencia de “la Nieto” como sus cuates la conocemos con cariño y que pude escuchar de manera más amplia hace pocos días cuando me la encontré con su familia por las calles de México.

 

“Visitábamos a mi abuelito en Xochitlán, se llamaba Pablo, nos llevaba a pasear al río y a un lugar al que le decían “el montón”, él nos decía que eran los restos del palacio de una reina, la reina Xóchitl, a quien su padre la llevó a vivir alejada de su pueblo, pues había “dado un mal paso” y no quería que los nobles toltecas se enteraran y que por esa razón, esa comunidad se llama Xochitlán”.

 

“Decía mi abuelito Pablo que ese lugar era muy especial, pues además de estar en contacto con la naturaleza, crecían flores que en otro lado no se veían. También hablaba que había una peña y que desde la lejanía parecía que derramaba miel sobre lo alto de la pirámide “del montón”. Mi abuelita, que se llamaba Jovita Nieto Chimal, decía que esa era la pirámide madre y que estaba alineada con las pirámides de Tula. Mi abuelita Jovita agregaba que ese era un lugar sagrado. Allí se llegaban a encontrar monolitos, lo mismo que en “el montón” pero los vecinos no podían llevarse nada, porque eran propiedad de la reina Xóchitl y de hacerlo les castigaría haciendo improductivas sus tierras.”

 

“Ahora ya no recuerdo en dónde está la peña, pero mi abuelita decía que por el horizonte. Por cierto que mi abuelita Jovita nació en la hacienda del Oro el 30 de enero de 1905. En 1907 llegó a Xochitlán. Su mamá la entregó en 1910 a la casa grande con su hermano, que era capataz de la hacienda para que trabajara como molendera. Allí, la esposa del hacendado le enseñó a leer, a escribir, a cantar y a tocar la pianola.”

 

“Cuando Jovita creció ya sabía cocinar y se fue a trabajar a La Cruz Azul, como ayudante de cocina, en donde preparaban la comida para más de 100 personas, entre ingenieros, químicos, técnicos. Decía que sabían hacer quesos, mermeladas, pan, todo de forma artesanal. Ya para esos días Jovita no cobraba su sueldo con maíz, le pagaban con monedas de oro, creo que eran dos centavos.”

 

“Pero llegaron los días de la Revolución y apareció la moneda de los diferentes grupos revolucionarios y todo se vuelve un caos, por lo que los dueños de La Cruz Azul les pagaban con plata. Al incrementarse el desorden revolucionario los señores se fueron y en agradecimiento le dejaron un centenario a cada una de sus empleadas. Solo que la ama de llaves se las tanteó y les entregó monedas revolucionarias; pero se enfermó de gravedad, en un acto de contrición, les confesó todo y falleció. Ellas encontraron los centenarios y decidieron darlos en donación a la iglesia.”

 

Al respecto, en el sitio de Internet https://relatosehistorias.mx/nuestras-historias/cuales-fueron-los-origenes-de-la-industria-cementera-la-cruz-azul se encuentra publicado el excelente artículo "¿Cuáles fueron los orígenes de la industria cementera La Cruz Azul? Del Porfiriato a la Revolución” escrito por Oswaldo Ramírez González, en el cual establece que, en la época en la que Jovita Nieto Chimal trabajó para La Cruz Azul, el accionista principal de la empresa era Fernando Vicente Trinidad Pimentel Fagoaga, quien, de acuerdo con la espléndida narrativa de Ramírez González, era un personaje muy importante de su tiempo y por la narración que Jovita hizo a su nieta también se trató de un gran ser humano.

 

De don Fernando Pimentel se dice que fue parte del influyente grupo de porfiristas llamados “los científicos”, además de alcalde de la Ciudad de México de 1904 a 1911, encabezó a la empresa Ferrocarriles Nacionales de México. Financiero especializado presidió el Banco Central de México. Además se decía que tenía fuerte amistad con la familia Madero y que incluso intercedió por ellos en los inicios de la Revolución, aún y cuando él perteneció al Club Reeleccionista que apoyaba a don Porfirio y a Ramón Corral en las elecciones de 1910. Tras la debacle del porfirismo, don Fernando Pimentel y Fagoaga se fue a vivir a España en donde se dice tuvo varios negocios en Madrid y en Barcelona.

 

Después de trabajar en La Cruz Azul, Jovita Nieto Chimal se fue a laborar a La Tolteca, aunque por motivos de espacio esa parte de su historia será narrada en una siguiente entrega. Por lo pronto, Paty Nieto me encargó enviar saludos muy afectuosos a su tía, doña Remedios Baltazar Martínez, que vive en Xochitlán. *NI*

 

ÚLTIMAS NOTICIAS

PUBLICIDAD

ARCHIVO