22 de oct de 2017

*UN PASEO MARAVILLOSO.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.   “Señora ¿Qué tiene para comer? Estoy hambriento como un lobo; he c


Por OFICINA | martes 10 de octubre del 2017 , 04:53 p.m.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

 

“Señora ¿Qué tiene para comer? Estoy hambriento como un lobo; he caminado bastante y además traigo unos invitados a quienes les he presumido que aquí se come delicioso”, le dije a doña Betyna desde la puerta de su cocina económica ubicada en el mero centro de Santa María Macuá. Eran casi las 4 de la tarde, habíamos caminado varias horas extasiados en la belleza de la naturaleza y la obra de los hombres.

 

Siempre tan gentil, doña Betyna nos despachó de inmediato unos deliciosos sopes de frijol, abundantes platos de humeante arroz blanco, pancita en caldo rojo a la que como buenos comelones agregamos cebolla picada, orégano, limón, el mío bastante rebelde que un par de ocasiones se me resbala y cae al plato salpicando todo y provoca la carcajada de mis acompañantes. Además de unas enchiladas verdes acompañadas de pechuga y costilla asada con una buena ración de cebolla caramelizada. Las tortillas bien calientes y una salsa brava. Para bajarse la comida es obligación beber un delicioso y queretano refresco “Victoria” que solo allí se puede encontrar.

 

Pregunto por mis amigos: Adán Álvarez, el delegado y por Gabino Cruz Barrera, el subdelegado, de Santa María Macuá; el primero también es uno de los mayordomos de la Capilla de la Asunción de María Santísima. Ambos son hombres orgullosos de las maravillas que alberga su comunidad y me han recomendado visitar un par de puentes antiguos, uno colonial sobre el “Río de las Piedras Negras” y otro del siglo XIX sobre el mismo cauce que permitió el paso de la vía del Ferrocarril Central Mexicano.

 

“Cuando llueve mucho se puede ver la caída del agua en “las ajuntas”, pero les recomiendo no acercarse porque está resbaloso y puede ser peligroso; además hay mucha víbora de cascabel y coralillo. También pasando el cerro del Guachiti hay arroyos que en estos días bajan llenos de agua ¿Si los conoce? Llegan a la presa de Xitejé de la Reforma” Nos platica alegremente nuestra anfitriona al conocer nuestra expedición por el puente de 2 arcos que permite el paso de los vehículos hacia su comunidad, exactamente en la curva que viene del cruce con el entronque hacia Héroes Carranza, para mayor referencia puede ubicarse con el pozo de agua que allí está y por la desviación hacia Santiago Oxthoc.

 

Las ranas rompen el silencio del río, a cada paso saltan enormes chapulines, las arañas crean puentes entre las ramas con sus pegajosas telas. El olor de la hierba fresca es delicioso, parece una combinación de té verde con limón: ácida, dulce, fresca, todo a la vez. Los hongos silvestres se ven por doquier, sobre todo en la majada esparcida por la rivera. Grandes lagartijas exhiben pleno dominio sobre las paredes del puente, que muestra huecos en los que posiblemente sus constructores apoyaron la cimbra durante su edificación. A pocos metros se oye a los automovilistas pasar, quizá sin percatarse del monumento histórico que les permite entrar y salir a Santa María Macuá, cuya arquitectura es muy parecida al “Puente Métlac” nos hace observar uno de los paseantes que le sabe al tema.

 

“Vamos a la Presa del ferrocarril y de allí a Santiago Oxthoc, al cabo están muy cerca, nosotros paseamos allá en moto y hay una capilla antigua”. Nos invita otro de los expedicionarios y allá vamos por una carretera de terracería y otra medio pavimentada y con tantos baches que hasta se hallan numerados. Cruzamos por un puente elevado las vías del viaducto de Kansas City Southern de México, entramos a territorio del Estado de México, vamos subiendo, la vegetación comienza a variar. La tienda “Los Pérez” saluda a la entrada de Santiago Oxthoc; hay viento, así lo muestra la ondeante Bandera de la Primaria Valentín Gómez Farías. La capilla del lugar está cerrada, solo vemos la fachada de paso notando que no es del estilo franciscano.

 

Atravesamos la población y enfilamos hacia unas grandes peñas, la carreta está protegida por bordos que tratan de evitar que los múltiples escurrimientos del cerro lleno de pinos se lleven el material. Una bonita presa se atisba hacia el sur y el conductor exclama emocionado “¡Una cascada!” Hacemos algunas fotografías y pequeños videos. El ganado pasta alrededor del cuerpo de agua y decidimos seguir para encontrar esa imponente caída de agua y un gigantesco sabino que a su lado parece ser su fiel guardián. “Sigamos mi intuición femenina” dice risueña una de las excursionistas.

 

La carretera nos lleva a “El Durazno” en el Municipio de Jilotepec, a una altura de 2,580 metros sobre el nivel del mar. Junto a la carreta hay una terracería en excelentes condiciones que conduce hasta la cima del cerro, el viento sopla fuerte, hay gordo ganado pastando en los terrenos vecinos, caminamos entre las piedras y algo de lodo y pasto para hallar un arroyo de agua fresca que origina la majestuosa caída de agua, conocida como “el Salto del Durazno de Guerrero” según mencionan 2 jovencitas que alegres nos saludan a su paso para arrear su ganado. La vista es espléndida; se nota un puente en construcción para brincar el arroyo y un mirador en obra negra para apreciar mejor la cascada. Es recomendable ser precavido y no pisar las orillas del acantilado, pues varias rocas se notan fracturadas y una caída desde esa altura sería fatal.

 

Es tarde y la panza ordena buscar alimento caliente en Santa María Macuá “¿Cómo conociste esta deliciosa cocina?” Me preguntan mis compañeros paseantes mientras saborean y devoran el contenido de sus platos; la misma doña Betyna les responde “El señor siempre pasa aquí cuando viene a Macuá, aunque no tenga hambre, al menos para tomarse su refresco “Victoria” No se pierdan la oportunidad de conocer esos lugares paradisiacos, ni de comer con doña Betyna en Macuá, están muy cerca del Centro de Tula y les aseguro que una vez que los conozcan estarán muy cerca de su corazón. *NI*

 

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