17 de ago de 2018

*RIGO ES AMOR.

*RIGO ES AMOR. Por José Antonio Trejo Rodríguez.   En 1982 se celebró un gran baile en la recién inaugurada amplia


Por OFICINA | martes 6 de marzo del 2018 , 05:10 p.m.

*RIGO ES AMOR.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

 

En 1982 se celebró un gran baile en la recién inaugurada ampliación de la calle Zaragoza del Centro de Tula, se presentaba el estelar Rigo Tovar y su Costa Azul, alternando con una naciente agrupación conocida como Los Bukis de Ario de Rosales, Michoacán.

La popularidad del compositor e intérprete de Matamoros, Tamaulipas, llevó los precios de las entradas a niveles de locura: se ofrecían boletos con asientos en mesa y botella incluida. La bocacalle de Zaragoza esquina con Hidalgo fue tapiada con altas láminas de metal, lo mismo ocurrió en la esquina con Leandro Valle. En esos tiempos dicho tramo de la calle Zaragoza estaba desierto, no era un dinámico centro de comercio y de servicios como lo es actualmente.

La expectativa del baile era amplia, los adolescentes preguntábamos a nuestros amigos mayores si acudirían a tan destacado evento, había quien asentía, otros argumentaban preferir la música de Xavier Passos y su Grupo Capricornio, también nacido en Matamoros y quien popularizó la hasta hoy vigente melodía “Cumbia francesa”: “Era, era el amor, que por primera vez llegó, cuando llegaste tú desde ese día todo cambió…”, disfrútela en YouTube incluso cantada en francés por “El Mero Mero” como también se le conoció a este popular músico, reconocimiento que se hacía patente hasta en la defensa del autobús en el que se transportaba.

 “Rigo es amor” me dice Ivette, una gran amiga y lectora desde hace años y añade “Escribe algo de Rigo, para recordar su música”, mientras tararea “Mi Matamoros querido, nunca te podré olvidar…” y ejecuta unos pasos de cumbia y se sigue con “Hoy que es tu cumpleaños, te venimos a cantar, que la pases muy contenta, con mucha felicidad…”, antes de que los concurrentes a la reunión comencemos a comentar los increíbles solos de los teclados del Costa Azul, ejecutados por Efrén Solís, y ciertamente eran fenomenales ¿Díganme qué se le iguala a los riffs de “Mi Matamoros querido” o de “El testamento”?

Esa noche sabatina de 1982, mientras el gran baile se celebraba en el Centro de Tula, los adolescentes que nos juntábamos para echar relajo nos fuimos a los XV años de una de las amigas del grupo, allí llegó un conjunto a tocar, cuyo cantante presumía de haber abierto el baile de Rigo y por supuesto, alababa el gran ambiente que en la fiesta se vivía. Los curiosos le preguntábamos su experiencia por alternar con verdaderos gigantes de la música y aquel respondía con que solo habían tocado un rato, que no habían podido ver a los estelares y que una vez concluida su actuación se dirigieron a cumplir con sus compromisos habituales.

Aunque su popularidad fue paulatinamente disminuyendo, la leyenda rodeaba al “Ídolo de las multitudes” Se mencionaba que estaba casi ciego y que había acudido a tratamientos a base de picaduras de abejas; también se decía que aun siendo una figura de la música tropical, era un fanático del heavy metal y que gracias a su enorme fortuna viajaba en jet privado a Inglaterra a escuchar y convivir con estrellas del rock; incluso se especulaba que contrataba y cerraba la mítica “Cavern” para tocar con sus amigos y que grabó uno de sus discos en los célebres estudios de Abbey Road; esto último se establece como cierto en la página Wikipedia dedicada a Rigo Tovar y se dice que allí grabaron una parte del álbum “Dos tardes de mi vida” en 1977.

 “¿Cómo será no lo sé, a quién le preguntaré…?” continúa el concierto de mi amiga y lectora Ivette, mientras abordamos los recuerdos de los escándalos sucedidos en su funeral en el 2005 cuando ni la letra de “El testamento”: “En mi testamento está la solución y vas a dejarlas a todas contentas…” pudo ser premonitoria. Pero no solo cantó cumbia “Te quiero, dijiste, tomando mis manos entre tus manitas de blanco marfil…” de la gran María Grever formó parte de su discografía; lo mismo “Quizá, quizá, quizá” de Osvaldo Farrés” y “No son solo palabritas” de Palito Ortega: “Te quiero como nadie te ha querido, te quiero como nadie te querrá…”

 “Mi amiga, mi esposa, mi amante”, “No que no”, “Besando al cruz, Cuando tu cariño”, “Perdóname mi amor por ser tan guapo”, “Recordando Monterrey”, “Quítate la máscara”, “Mi tinajita”, “La múcura”, “El pájaro chogüí”, son solo algunas de sus éxitos que en la charla afloran y por supuesto, no puede faltar el más grande todos “Mi sirenita”, la melodía que no puede faltar en ninguna fiesta familiar que se respete, y establecemos que ni las de “Caballo Dorado” son más populares que el himno que inmortalizó a Rigo Tovar y su Costa Azul: “Tuvimos un sirenito, justo al año de casados, con la cara de angelito, pero cola de pescado…”

 “Oh que gusto de volverte a ver, saludarte y saber que estás bien, oh que gusto volverte a encontrar, tan bonita, guapa y tan cordial…”, Le suelto a Ivette en cada ocasión que nos encontramos y al darnos la mano ejecutamos unos pasos de cumbia que incluye una vuelta de cada quien; es una costumbre de casi dos décadas y que expresa la alegría de saludar a una amiga tan querida. El rito se repite en la despedida, una vez que las malteadas de chocolate han sido terminadas y que a la charla se le ponen puntos suspensivos que pueden alargarse durante meses e incluso años sin que mengüe el gusto por volvernos a ver.

El próximo 29 de marzo se cumplirán 72 años del nacimiento de Rigo Tovar y el 27 de marzo cumplirá 13 años de fallecido. Vaya esta columna como un modesto tributo a su memoria ¡Rigo es Amor! *NI*

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