22 de oct de 2017

Políticas Públicas 12/07/2017

*LOS TEMPLOS COLONIALES DE TULA 2.


Por OFICINA | martes 11 de julio del 2017 , 11:31 a.m.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

 

Continuamos con la descripción de los templos coloniales de Tula, información que se puede localizar en el “Catálogo de Construcciones Religiosas del Estado de Hidalgo” de Luis Azcue y Mancera, que en la anterior edición de Políticas Públicas se citó e incluso se compartió su ubicación en Internet. La riqueza histórica del documento es evidente, aunque por cuestión de espacio, en esta columna solo se aborda información general, por lo que el lector puede realizar una consulta a profundidad en la fuente de información citada si así lo desea.

 

Parroquia de San José: Se menciona que a la Alcaldía Mayor de Tula pertenecían los pueblos que eran repúblicas de indios: Michimaloya, Tepeji del Río, Tepetitlán, Nextlalpan, Axuchitlán, Ixtlalpa, Tultengo y Xicapotla. Se agrega que sobre el río que atraviesa la ciudad, que era llamado “Grande de Tula”, se construyó un puente bajo el gobierno del Virrey de Bucareli, mismo que se concluyó el miércoles 8 de abril de 1772, con las contribuciones de don Francisco Martínez Brown, Conde de Valparaíso y el cura Onofre Gil Barragán (véase José Antonio Trejo Rodríguez “La placa del puente Metlac” Políticas Públicas, en Nueva Imagen de Hidalgo 7 de octubre de 2014).

 

Entre los datos descriptivos, se dice que en tiempos idos la tierra de Tula fue muy apropiada para el cultivo de mora, olivo y viñedos que fueron muy productivos. También, que uno de los hombres notables nacidos en Tula fue el indígena don Nicolás Montaño, pariente de Moctezuma II, que en 1551 recibiera de parte del Virrey Luis de Velasco los nombramientos de Cacique de Tula, Caballero de la Real Orden de Santiago y Capitán General; grados que fueron confirmados por el Rey Carlos V.

 

En 1529 se tuvo como primer apóstol en Tula a Fray Alonso de Rangel; el primer catequizador fue Fray Juan de Alameda que se desempeñó como guardián de Tula en 1539. El iniciador de las obras del templo y convento fue Fray Antonio de San Juan en 1550 con los diezmos, dedicándolo a San José y concluyéndolo en 1554; según cita el autor del “Catálogo de Construcciones Religiosas del Estado de Hidalgo” al cronista franciscano Gerónimo de Mendieta. Fray Pedro de Castillo fue otro de los evangelizadores de Tula y murió en el convento de San José en 1577 y fue sepultado junto a las gradas del altar mayor.

 

Otras fuentes de información citadas por Luis Azcue y Mancera son: “Itinerario Parroquial del Arzobispado de México” del Señor Fortino Hipólito Vera, quien agrega fechas de conclusión de la parroquia en 1585 con su claustro, dormitorios y huerta; señala que además de Fray Pedro del Castillo, allí también está sepultado Fray Cristóbal Zancoza y a ambos los cataloga como grandes siervos de Dios. La “Relación” de Fray Alonso Ponce, indica que en el río se pescaban muy buenos bagres y que la huerta producía muchas nueces, uvas, muchas otras frutas y hortalizas y que allí moraban cuatro religiosos.

 

La “Crónica de la Provincia del Santo Evangelio de México” en “El teatro mexicano” de Fray Agustín de Betancourt, menciona que la bóveda de la parroquia es de las mejores del Reino, si no es que es la mejor. Agrega que en Tollan moraban tres mil personas de las cuales 636 eran españoles, negros y mestizos que administraban 4 religiosos y contaba con siete haciendas de labor y de ganado. Había siete cofradías: tres de españoles (El Santísimo; las Ánimas y la Purísima Concepción) y 4 de naturales (El Santísimo; las Ánimas; la Soledad y San Nicolás) todas con sus altares. También había una Tercera Orden que se ejercitaba espiritualmente.

 

Hablaba de seis “hermitas” una por cada barrio del pueblo: El Calvario; San Pedro; la Natividad de la Virgen; la “Asumpción”, San Miguel y San Francisco. Agrega que en la portería estaban la hermita y Capilla del Santo Sepulcro. Contaba con 15 pueblos divididos en tres parcialidades: Santa María del Pino (a 5 leguas) llamada Techcli; San Juan Michimaloyan (a 2 leguas) donde se pesca; la Asunción de Xochitlán (a 2 leguas) tierra de flores o Nic en otomí; San Andrés (a 1 legua); Santa Ana (a 2 leguas); San Juan Bautista de “Tezotepec”, cerro del tezontle, también llamada Teantexch en otomí; San Francisco “Tlahualilpan” (a 2 leguas) conocida como Huantex o milpa de riego; San Pedro Tlachcapan (a 2 leguas) ciénega conocida como Comendehé; la “Asumpción” de Zacamolpan (a 2 leguas y media) tierra de bárbaros conocida como Mapuhí; la Natividad de “Illocan donde se coge lo primero” y también conocida en Otomí como Maxté; San Lucas Huantela (a 2 leguas) caja de agua; San Miguel; San Marcos Iztlatlali (a 1 legua) alias Tazaí; San Lorenzo Quepachtli (a un cuarto de legua) que es tinto y en otomí Majeando y San Pedro “Alpoyeca” agua salobre y conocida como Undehé.

 

Agrega que los libros antiguos hablaban de muchas poblaciones más que ahora se han dividido como: Tepetitlán, Zaoila, Nextlalpan, que eran encomiendas particulares, pero que Tollan siempre fue de la Corona Real. Enumera a más frailes cuyos restos descansan en la parroquia de San José y cuyos nombres se hallan en el “Menologio” refiriéndose a una de las obras de Fray Agustín de Betancourt: “Menologio Franciscano de los varones más señalados que con sus vidas ejemplares ilustraron la provincia del Santo Evangelio de México”. Los restos corresponden a Fray Alonso Urbano, Fray Christobal de Zamora, Fray Diego Cordero, Fray Juan de San Clemente y Fray Pablo Castillo.

 

El cura de la Parroquia durante 1863, Licenciado don José María Ruiz de Velasco, mencionó que la parroquia de San José se construyó con la arquitectura propia para servir de fortaleza, al igual que el resto de edificaciones construidas por la orden franciscana en nuestro país, con flancos cubiertos por torres y garitas para doblar sus líneas de defensa y con una dura mampostería. Agrega que la longitud del templo es de 60 varas castellanas, que su latitud es de 15 varas y su altura de 30 varas. Las paredes tienen un espesor de dos y media varas en toda la construcción (la vara castellana equivale a 83 y medio centímetros) El exterior se cubre con piedras de cantera cuyo tamaño disminuye en función de la altura en la que están colocadas; están pegadas con delgadas hiladas de cal.

 

Se menciona que en los altares del templo se hallaban buenas pinturas, obras de los más renombrados artistas mexicanos. Cabe señalar que en el catálogo “Juan Correa. Su arte y su obra” Tomo II, segunda parte, a cargo de Elisa Vargas Hugo y José Guadalupe Victoria, editado por la UNAM, se menciona que de acuerdo a un hallazgo de Guillermo Tovar de Teresa: el 2 de junio de 1691, Tomás Juárez, maestro ensamblador, recibió 530 pesos, de 550 pesos acordados, para realizar un retablo para la iglesia de Tula y entregarlo en el mes de noviembre; pero al no terminarlas a tiempo pidió una prórroga de dos meses el 23 de mayo de 1692. La obra estaría a cargo de Juan Correa, representando a los 4 doctores de la iglesia (San Agustín de Hipona, San Ambrosio de Milán, San Gregorio Magno y San Jerónimo de Estridón); los lienzos de San Pablo y de San Andrés, Nuestra Señora de la Concepción y el de la Trinidad.

 

La descripción del cura Ruiz de Velasco menciona a la obra del atrio “tan célebre como la iglesia”, con una elevación de cinco varas, con un muro de 800 varas de largo y un terraplén artificial que no baja del millón de varas cúbicas. Recargando su argumento en que por lo reciente de la conquista y a falta de maestros españoles, la edificación resultó lujosamente minuciosa. Agrega que en sus archivos había documentos en idioma mexicano, como testamentos y otros muy bien realizados, lo que lleva a fortalecer su dicho de que los religiosos de la parroquia fueron “hombres de grandes virtudes y conocimientos”

 

Regresando a la descripción de Luis Azcue y Mancera en el “Catálogo de Construcciones Religiosas del Estado de Hidalgo”, se presentan dibujos de la fachada, exteriores e interiores de la parroquia, así como una descripción arquitectónica que al autor resume así: “En términos generales puede decirse que el templo es de esbeltas proporciones, bello en sus cubiertas pero mal decorado y con escasa luz, aunque esta circunstancia está acorde con su categoría de iglesia fortaleza.”

 

También se refiere a los muebles relevantes que albergaba: una pintura en el coro de la sagrada familia servida por ángeles, dice que de composición animada y con influencia italiana. Habla de otra pintura “carmelita” sin marco, que se encuentra clavada en la pared del coro. Cita otra con el bautismo de San Francisco, que sin firma, bien puede ser de la autoría de Cristóbal de la Torre y que contiene la leyenda: “"A devoción del Br. Dn. Francisco Antonio de Valeros de Reyna Presbto. y Colectr. de Diezmos". Además describe la existencia de una pintura de San Rafael, otra de Santa Rosa de Lima, una de la Flagelación del Señor, otra de la Divina Pastora, una más de “Jesús azotado y conducido por sus verdugos”, además de la “Exaltación de la Purísima Concepción” del autor Miguel Ávila firmada el 20 de mayo de 1727. Menciona un par de cómodas, también una banca del siglo XVI y habla de un altorrelieve de “El Padre Eterno”

 

La parroquia, hoy Catedral, de San José se encuentra en pie, magnífica, en el centro de Tula, visítela con el “Catálogo de Construcciones Religiosas del Estado de Hidalgo” en la mano y compare la actualidad con la descripción que hacen Luis Azcue y Mancera y el cura Ruiz de Velasco. Seguramente se maravillará al darse cuenta de que a casi quinientos años de haberse construido sigue siendo una obra magnífica, la más grandiosa herencia que nos dejaron los frailes franciscanos y los naturales quienes la concibieron y la edificaron. CONTINUARÁ… *NI.

 

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