17 de ago de 2018

*LEYENDAS DE XOCHITLÁN.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.   A la memoria de Antonio Trejo García, mi papá, nacido hace 103 años. Mi


Por OFICINA | martes 16 de enero del 2018 , 04:00 p.m.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

 

A la memoria de Antonio Trejo García, mi papá, nacido hace 103 años.

Mi prima Carmela vivió en Xochitlán los últimos años de su vida, por estas fechas estaría muy cerca de cumplir 80 años, ahora ya descansa en paz en el cementerio de la localidad; en una ocasión me contó sobre una señora de avanzada edad que tenía por vecina, quien era surtida de periódicos y revistas cada semana por una de sus hijas que llegaba a visitarla desde la Ciudad de México y que se aficionó a leer esta columna y sin dudarlo le preguntó a mi prima si éramos parientes, al recibir respuesta afirmativa, la señora me mandaba saludos, en reciprocidad a su gentileza desde casa se le enviaban ejemplares de la NI para su lectura y ahora, también les comparto un par de leyendas de Xochitlán, contada una por mi prima Carmela que en Gloria esté y otra por mi amigo Marcos Uribe Paz, esperando que las disfruten.

La mujer del río. Me platicaba mi papá que el tío Sixto y la tía Chayo vivían en una pequeña casa en medio de las milpas que cultivaban con maíz, frijol, flor de calabaza. Los domingos visitaban al abuelito Ponciano y a la abuelita Balbina en su casa de Nantzha; llegaban caminando, traían de la mano al hijo mayor de la familia: Raymundo, un pequeño muy delgado a quien el abuelito Ponciano recibía con un puño de tibia y deliciosa barbacoa recién hecha que semana tras semana vendía en su tienda, desestimando las advertencias de su hija y de su yerno: “No suegro, el niño está ético” Él, siendo hombre desenfadado, alentaba al chiquillo “Ético, ni que ético, tenga mijo, coma”.

Mi prima Carmela decía que entre semana don Sixto trabajaba en las obras de construcción de la carretera a Tepeji, así que salía muy de madrugada de su casa, antes dejaba lista la pastura para las mulas, borregas y vacas, se echaba su morral al hombro conteniendo su itacate, emprendía una larga caminata por el cerro para cruzar el río Rosas a la altura de “el paso” y seguía su andar atravesando los cerros aledaños a San Andrés, Nantzha, San Ildefonso, San Lucas, para llegar al costado del cerro del tecolote en donde se realizaba la diaria, dura y gratificante labor que le permitía mejorar el bienestar de su familia.

Al terminar su trabajo emprendía de nueva cuenta la caminata para llegar al obscurecer a “el paso” en donde se detenía para lavar los trastes del lonche, enjuagar su camisa y de ser posible echarse una zambullida que le permitiera refrescarse y asearse. En una de esas ocasiones regresó un poco más tarde que de costumbre ya que se quedó a trabajar unas horas extras, el cansancio no le impidió realizar sus actividades aprovechando la luz de la luna llena, pero al disponerse a continuar su camino pudo ver entre la obscuridad una silueta femenina que, aun cuando le daba la espalda, se adivinaba atractiva.

Con curiosidad se fue acercando y de repente se desvaneció, quedando tirado a la deriva durante varias horas hasta que la tía Chayo, desesperada por su ausencia, había pedido ayuda a los parientes y vecinos para salir a buscarlo, siendo encontrado desmayado en la rivera del Rosas. Ya repuesto narró su experiencia siendo escuchado con atención por sus familiares, algunos de ellos echaron mano a la memoria para explicar que desde mucho tiempo atrás se conocía de la extraña aparición, quizá se tratase de un fantasma, que se manifiesta bañándose en el río Rosas todas las noches de luna llena para atraer a los hombres y luego llevárselos con ella entre la corriente del mismo.

Los fantasmas de la mesa. Bien puede inferirse la importante población precolombina asentada en la región de Tula al dar cuenta del número y de la cercanía de los templos construidos por los franciscanos llegados de Europa a evangelizar estas tierras: Bomintzhá, San Lucas, San Miguel Vindhó, San Marcos, San Lorenzo, Tula, Santa Ana, El Huerto, San Andrés, Xochitlán, Santa María Macuá, San Miguel de las Piedras, San Juan Michimaloya, Santa María Michimaltongo, San Pedro Mártir Nextlalpan, San Francisco de la Cal y El Llano.

Quizá por ello no debería de extrañarnos que actualmente en los medios y plataformas de comunicación se han reportado notas respecto a que en las obras del gasoducto que TransCanada construye, se han localizado asentamientos precolombinos por los rumbos del occidente que, como corresponde, el INAH está estudiando; se han referido a entierros, basamentos y alfarería.

 Marcos, orgulloso vecino de Xochitlán, me cuenta sobre una espeluznante experiencia que, junto a uno de sus compadres, vivió en “la mesa” una noche en que salieron a cazar conejos y liebres “Salimos caminando en la noche para dirigirnos a la mesa Pepe Toño, al llegar al lugar acordamos separarnos unos 100 metros para iniciar la caminata, prendimos nuestras lámparas y allá fuimos. Sin embargo yo tenía una fea sensación, como cuando sientes que alguien te está siguiendo, me dio escalofrío, me volví y alucé con la lámpara, nada había”

Continúa su narración “Como quiera seguí caminando sin poder quitarme esa idea, cuando de repente comencé a escuchar música prehispánica, con claridad podía oír flautas y tambores. Detuve mi marcha para aclarar mi mente y para tratar de ubicar de dónde provenía la música y déjame decirte que allí es cerro, no hay casas. Al darme cuenta que no me lo estaba imaginando le chiflé a mi compadre, él me regresó el silbido, me hizo señas con su lámpara, le respondí de igual forma pidiéndole que se acercara”.

 “Llegó preguntando qué sucedía y le pedí que guardara silencio y escuchara. Se sorprendió con la música. Debo decirte que se oía bonito, pero reflexionamos que eso no era nada bueno y decidimos ya no continuar y regresamos al pueblo. Pasaron unos días y le platiqué a mi mamá nuestra experiencia, ella me explicó que cuando era niña, los señores mayores decían que en la mesa había existido un pueblito desde antes de la conquista, además me recomendó ya no ir por ese rumbo de noche, pues si se escuchaba música de seguro no se trataba de cosa buena” NI.

 

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