22 de oct de 2017

*LA RUTA FRANCISCANA.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.   Salimos apenas clareando montando nuestras bicicletas desde la puerta frontal, la que mira ha


Por OFICINA | martes 19 de septiembre del 2017 , 06:06 p.m.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

 

Salimos apenas clareando montando nuestras bicicletas desde la puerta frontal, la que mira hacia el poniente, de la grandiosa Catedral de San José, en el mero corazón de Tula, nuestras mochilas contenían agua, cámaras, herramientas, manzanas y además podían guardar los rompevientos para cuando hiciera más calor. Tomamos por la angosta calle Allende, que a esa hora, sin autos, se ve más ancha. Era importante partir desde la construcción más importante de la época colonial, realizada por las manos franciscanas y de los naturales.

 

Siempre será grato saludar a la histórica Antigua Estación del Ferrocarril antes de subir por Zarco hasta Guerrero, continuar hasta la Plazuela Leona Vicario, ese es el nombre oficial de las canchas vecinas a la Capilla de El Señor de El Huerto, segundo templo colonial y tercer inmueble histórico visitado esa mañana en menos de 10 minutos, en un radio de apenas unos mil metros.

 

La siguiente parada es en el puente del Ferrocarril Central Mexicano, sobre el antiguo río San Andrés, hoy río Rosas, apenas unos 300 metros antes de llegar como cuarta estación a la Capilla de San Andrés, el tercer templo colonial que visitamos, el sol apenas se asoma, la verde vegetación brinda un marco espléndido a la fachada encalada del inmueble. Ahora hay que subir rumbo al Xonthé para llegar al puente de El Paso, cruzar por debajo de la autopista Arco Norte por un pequeño puente y subir por una empinada terracería serpenteante hasta nuestro cuarto templo colonial: la Capilla de la Asunción en Xochitlán.

 

Hay que darle unos sorbos a la cantimplora, recargar fuerzas con unas galletas o una fruta y salir hacia el tumbo de las presas y acometer una bonita bajada que nos deposita en la vecindad de una planta industrial, junto al viaducto ferroviario de Kansas City, aunque allí ya corren paralelas las vías de Ferrosur, el antiguo Ferrocarril Central Mexicano, cuyo primer tramo de 100 kilómetros que iba de México a San Antonio fue inaugurado el 15 de septiembre de 1883.

 

Los paredones de la antigua hacienda de San Antonio permiten ver la torre de la Capilla que glorifica al Santo originario de Padua. Nuestra ruta marca transitar sobre el pavimento, en un ascendente puente, que muy pronto nos deposita en la carretera que va hacia Héroes Carranza, antiguo centro de intercambio comercial en cuya Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe plasmó su obra el recordado muralista tulense: don José de Jesús Lozada “don Chuchito”.

 

Vámonos para Santa María Macuá, directo al templo con uno de los nombres más hermosos que hay en la región: la “Capilla de la Natividad de María Santísima”, para después comer un delicioso bocadillo en una pequeña cocina económica ubicada en la esquina de la plaza principal y degustar una refrescante soda “Victoria” originaria de Querétaro.

 

A las afueras de Macuá, apenas saliendo de la Cuarta Manzana, visitamos el puente del río de las Piedras Negras y el puente del ferrocarril, de inmediato continuamos por la carretera hasta las inmediaciones de “los Parajes” en donde siempre habrá motivo para engullir un taco de pollo en barbacoa; bajamos hacia San Miguel por una cuesta que la verdad cuesta mucho subir y al llegar a la Escuela Primaria de la segunda sección doblamos a la izquierda para seguir bajando hasta cruzar el puente del río de las Piedras Negras y elegir a la de la extrema izquierda, entre 3 cuestas que desafiantes se levantan ante nuestra vista para subir a admirar la Capilla de San Miguel, rodearla y bajar al río para cruzarlo por un vado y visitar las pinturas rupestres del lugar, un sitio mágico en el que el tiempo parece detenerse.

 

Nos devolvemos a la carretera, la bajada es una bendición a la hora en la que el sol se exhibe sin reparos sobre nuestras cabezas y es hora de acometer una cuesta hasta la colonial Iglesia de San Juan Bautista en Michimaloya y en donde fuentes fidedignas señalan restos de una capilla abierta. Tomamos por un camino vecinal para ir a Michimaltongo, a ver si la suerte nos permite aunque sea ver de lejos la torre de su Capilla de La Candelaria hundida en la presa Endhó, cosa imposible por el alto nivel de las aguas.

 

Ahora bajamos por una terracería y subimos una pequeña colina para atravesar “El Retiro”, una pequeña comunidad del Municipio de Tepetitlán, vecina a nuestro destino que es el antiguo San Francisco de la Cal, ahora San Francisco Bojay Pueblo. Mi amigo Nacho Barrera me platica que llevó el nombre de San Francisco de la Cal porque hubo explotaciones de material, incluso allí se fabricó cemento; agrega que en las lomas cercanas quedan los hornos como testimonio de la histórica importancia de la actividad. Aquí si se aprecia buena parte de la estructura de la Capilla de San Francisco de Asís que está hundida en la presa Endhó.

 

Estamos en terrenos cercanos a lo que fuera “el Condado de Moctezuma” bañado por el antiguamente conocido como “río grande de Tula” y en cuyos márgenes había auténticos vergeles, según me dicen antiguos testimonios recogidos de sus ancestros por los actuales pobladores: “Me platicaba mi abuelita que allí se sembraba fresa, chile, vegetales y todos los niños participaban en la cosecha. Eran las tierras de la Hacienda de San Pedro Mártir Nextlalpan” dice mi amigo Bernabé Bravo.

 

Es hora de emprender el regreso por una carretera de terracería bastante cómoda que nos deposita después de 7 kilómetros en el Centro de Tula, a la puerta de la Catedral de San José, lugar de inicio y término de La Ruta Franciscana: 9 templos coloniales, del siglo XVI, aunque 2 de ellos bajo el agua de la presa Endhó; una Estación Ferrocarrilera construida en el Porfiriato, lo mismo que 3 puentes; una hacienda de la época del Primer Imperio mexicano; y un templo del siglo XX. Súmele el cúmulo de historias, las delicias culinarias que hay, el panorama y sobre todo la calidez de las personas que allá viven. Esa es la Ruta Franciscana y está aquí en Tula ¡Hay que ir! *NI*

 

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