23 de nov de 2017

*La capilla de San Martín de Porres en Jalpa

Por José Antonio Trejo Rodríguez.   La charla se desarrollaba allá por los años 80 en el interior de uno de los cam


Por OFICINA | martes 24 de octubre del 2017 , 06:47 p.m.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

 

La charla se desarrollaba allá por los años 80 en el interior de uno de los camiones de pasajeros con dirección a “El Carmen”, cuatro jóvenes seminaristas, uno de ellos realizaba pastoral en Jalpa, muy bien documentados argumentaban sobre la historia de los santos de la iglesia católica. Señalaban que San Judas Tadeo había llegado a ocupar el lugar en la devoción de los fieles mexicanos que durante muchos años había ocupado San Martín de Porres, Santo Patrono de Jalpa. En ese momento, siendo escucha involuntario de la amena discusión teológica, entendí el motivo por el cual a principios de los años 70 del siglo pasado se publicaba una revista con pasajes de la vida de San Martín de Porres.

 

Considerando la información de Irene Herner en Mitos y Monitos, historietas y fotonovelas en México, UNAM-Editorial Nueva Imagen en su primera edición de 1979; a un precio de 3 pesos por número, la revista con ilustraciones excelsas en color sepia e impresa en papel revolución, se ponía a la venta semanalmente por la Ed. Lat., se titulaba “San Martín de Porres” y en el mercado acompañaba en la temática a otra revista titulada “La Virgen Morena” publicada quincenalmente con un tiraje de 125 mil ejemplares y con un precio de 3 pesos. La periodicidad de las publicaciones lleva a inferir la popularidad, como decían los seminaristas, de San Martín de Porres, aunque la autora no publica el tiraje semanal en su libro.

 

Mi mamá compraba la revista, recuerdo a la perfección una de sus historias aun cuando era muy pequeño y ni siquiera sabía leer; ella me la contó y siempre se me quedó grabada, lo mismo que las imágenes: estaba Fray Martín barriendo el patio de su convento, un enorme espacio rodeado por arcos y habitaciones en planta baja y en una planta alta, en medio se encontraba una fuente; siempre lo seguían un ratón, un gato, un perro, una paloma posada en su hombro sobre la capa negra de su blanco hábito de dominico. A mí la construcción se me figuraba muy parecida a las construcciones coloniales de Querétaro.

 

Su superior le pidió que fuera a comprar azúcar blanca al tendajón y le dio dinero para ello. En su camino, Fray Martín se encontró a unas personas que, hambrientas y necesitadas le piden ayuda para comprar pan, él sin chistar les comparte de las monedas que su superior le entregó. Al llegar al almacén se da cuenta de que su presupuesto solo le alcanza para comprar azúcar morena, la adquiere y la lleva de regreso a su superior, quien molesto al ver la azúcar morena le reprende con severidad. El padre Martín, acongojado, va hacia la fuente de agua y mete la azúcar ante la mirada colérica del padre superior que le sigue reclamando, pero de repente cae de hinojos y le pide perdón al ver que lejos de disolverse en el agua, la azúcar se blanquea en las manos de Fray Martín.

 

“Sabes amigo, hace más de 30 años mi esposo me regaló una imagen chiquita de San Martín de Porres, éramos novios, la tengo guardada con mucho amor” me comparte con alegría mi compañera de la Secundaria Tollan, Iliana Reséndiz. Enseguida me encamina a que le pregunta su marido la razón y este responde “Siempre me llamaba la atención San Martín porque está rodeado de animalitos; ya tu sabes que aquí en la familia amamos a los perros, a las aves y eso les hemos inculcado a nuestros hijos y esperamos que ellos lo hagan con sus propios hijos” me responde el Matemático Arturo Díaz.

 

El padre Tomás Nava Cendejas pidió silencio a los parroquianos, antes de dar su bendición para concluir la misa de celebración de la fiesta patronal se daría un mensaje, esta vez a cargo de un hombre joven quien visiblemente emocionado acompañó al padre Tomás y comenzó a narrar la historia de su hija quien había nacido enferma del corazón y su vida se hallaba en riesgo, enseguida mostró una fotografía asegurada con un alfiler en el hábito de San Martín de Porres desde hacía muchos años, el frágil cuerpo de la bebé era asistido por sondas, los feligreses callados y en respeto lo escuchaban. El hombre continuó narrando que él, su esposa y su padre la encomendaron con fe a San Martín de Porres y en ese momento le pidió a una espigada chiquilla “Jenifer, ven hija” para que pasara al frente, presentarla y dar gracias públicamente a San Martín de Porres por haber intercedido ante Dios para salvarla. Los asistentes soltaron un grito de admiración, muchos rompieron en llanto profundamente emocionados, otros abrazaron a la niña maravillados de que esa pequeña indefensa de la foto fuese esa sana chiquilla, aún después de que el padre Tomás diera unas palabras para fortalecer la fe, dar su bendición y concluir la misa.

 

En el año 2002 el escritor hidalguense Máximo Martínez Rosas se reunió con un grupo de vecinos de Jalpa para platicar y poder publicar en el siguiente año un libro titulado “Dos Culturas”, apoyado por el gobierno municipal que encabezó José Guadalupe Rodríguez Cruz. Presentes estuvieron don Juan y su hermano don Leonardo Villeda; Sarita Luján; doña Adela Cerón y su mamá doña Finita Moreno; Toño Luján y su tío don Enrique Cerón; don Ramón Hernández y su esposa doña Flor Luján; doña Esperanza “Coco” Lozada; Mari Espíndola; Agustín Cerón; Pancho su hermano Mundo y su hermana Alejandra Ángeles y el esposo de esta Isidro; Javier Guerrero, algunos de ellos ya descansan en paz; quienes entre risas, y a veces con la mirada cargada de nostalgia, narraron la fabulosa historia de la construcción de la Capilla de San Martín de Porres, en ese tiempo era Delegado y tuve la fortuna de escucharla acompañado por el compositor tulense don Pancho Contreras Avendaño.

 

Mencionaron que reunidos en cónclave en la tienda de don Ventura, viendo que la colonia comenzaba a poblarse y por ende a crecer, un comité de vecinos fue a ver al padre Alfonso Moreno a la Catedral para pedirle que se pusiera una capilla en Jalpa y así contar con un lugar para la oración y la reflexión, además de iniciar en la misma Colonia con clases de catecismo sin necesidad de que los niños fuesen hasta la Catedral. El padre Alfonso les entregó en custodia una imagen de San Martín de Porres que había sido donada por un señor de San Marcos; que fue colocada en una cabaña armada con carrizos en lo alto de una loma a la que se llegaba por una brecha terregosa, en un terreno cedido por el señor Álvarez para tal fin.

 

Posteriormente, con el esfuerzo de la comunidad, se construyó un pequeño cuarto con techo de láminas de zinc, tenía bancas donadas por los propios vecinos, como don Alejandro Espíndola, así se podía leer en el respaldo de las mismas. Recuerdo que a un costado del altar se podía observar una lámina pintada a mano, mostrando un quirófano, un médico y enfermeras con tapabocas y en la plancha una persona; al respecto, don Fidel Vega nos explicaba que era un exvoto, es decir una ilustración para dar gracias a San Martín de Porres por una intercesión divina ante una sentida necesidad, en este caso de salud.

 

La llegada a Jalpa de la pastoral de fin de semana encabezada por los seminaristas del Seminario Interregional en los años 70 le inyectó dinamismo a la formación de grupos de oración y acción de jóvenes, catequistas, parejas, niños. Así, la comunidad avanzó hacia la construcción de una capilla en toda forma. Se realizaron kermeses, torneos deportivos, rifas, festivales con la actuación de los mismos vecinos y con los recursos obtenidos se sembraron cimientos, se levantaron castillos, paredes y trabes. Los trabajos de construcción no fueron sencillos, incluso la misa de la fiesta patronal de un año a mediados de los 70 se celebró en los paredones, siendo oficiada por un antiguo seminarista que trabajara en Jalpa, el padre Juan Randell.

 

A la par, la comunidad comenzó a pavimentar las calles arenosas y la Colonia se poblaba rápidamente, ya no había calles de tierra para celebrar las clásicas carreras de cintas en las que las madrinas premiaban con una loción, unos pañuelos o un llavero a los intrépidos jinetes que lograban ensartar una cinta al galope de su cuaco. Una vez techada y cercada la Capilla, el comité de construcción recibió las bancas, el Cristo y las cortinas que dejaban de utilizarse en la Catedral ante la remodelación del altar mayor. La fachada albergó un par de peces formado por trozos de vidrio y se adquirieron las piedras para el altar y el sillón del sacerdote; poco tiempo después se puso el barandal del coro, también el piso del atrio, se comenzaron a construir los sanitarios; se adquirió una estatua de cantera de San Martín de Porres que adorna el prado; se concluyeron los sanitarios; se pintó la fachada y el interior. Se ha equipado y remodelado el mobiliario. También a base de mucho esfuerzo y sacrificios se adquirió un terreno que permitirá ampliar las instalaciones, sobre todo para las clases de catecismo y las fiestas patronales.

 

En el marco de la fiesta patronal de 2017, gracias a las labores del comité pro Capilla de San Martín de Porres, el apoyo del Delegado Nicolás Barbosa Alonso y la cooperación de los vecinos, este próximo viernes 3 de noviembre a las 6:30 de la tarde se inaugurará el nuevo altar, realizado totalmente de madera, un proyecto que comenzó desde hace unos 2 años; tendremos la grata visita de Monseñor Juan Pedro Juárez Meléndez, Obispo de Tula; acompañado por el padre Héctor García Vázquez, párroco del Sagrado Corazón; el padre Germán Llamas, vicario de la Diócesis y antiguo párroco en Jalpa. Albergando la esperanza de que asistan el padre Jesús Cornejo, el padre Martín Barranco, el padre Tomás Nava Cendejas, el padre Ciro Ventura Reyes, el padre Jesús Mejía y la memoria del ya fallecido padre Gerardo Pérez, quienes han sido párrocos y amigos de esta querida Capilla.

 

Pero aún más grato será encontrarse con los vecinos y antiguos habitantes de Jalpa, así como los nuevos amigos que se han ido sumando a las actividades que aquí se realizan: los Amigos de la Bici, la Nueva Imagen de Hidalgo, los ciclistas de la Antigua Estación del Ferrocarril, la Asociación Adelante, las familias Vázquez Hernández, los Narváez Avendaño, los Rodríguez Moreno, los Peña Guzmán, los Rodríguez Dorantes, los Díaz Reséndiz, los Martínez Viveros, los Figueroa Jiménez, los Ramírez Neri, los Rodríguez Ballesteros, don Miguel Pérez Arroyo, doña Sofía Guzmán Soto, don Agustín Suárez y a todas y cada una de las personas quienes hacen favor de leer esta columna ¡Todos están cordialmente invitados, acá los esperamos! *NI*

 

 

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