22 de sep de 2018

*JAVIER HERNÁNDEZ GALINDO.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.   Era el inicio del trimestre en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalap


Por OFICINA | viernes 22 de junio del 2018 , 06:02 p.m.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

 

Era el inicio del trimestre en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, UAMI-I, a mediados de los ya lejanos años 80; los estudiantes de Economía del VI trimestre: Ángel Alemán, Guille Rodríguez, Rosario Hurtado, Antonio Morales, Rogelio Romero, Moisés Ramírez, Enrique Ovando, entre otros, nos arremolinábamos al caer la noche en los pasillos de los edificios B, C y D antes de subir a las aulas a tomar nuestra última clase. Aprovechábamos para intercambiar información y opiniones sobre nuestras materias y profesores “¿Con quién están tomando Estadística I?” preguntó alguno del grupo, respondí que la tomaba en el turno de la mañana con Montaño, un magnífico profesor de edad avanzada, que hablaba japonés, que al inicio de su primera clase nos enseñó a escribir en ese idioma “La estadística es muy interesante” y tenía mucha razón; algunos echaron a reír y a cotorrearme que acabaría aprendiendo japonés y no estadística, en eso mi tocayo Toño Morales dijo que él la tomaba a las 4 de la tarde con Javier Hernández Galindo, intervine en la charla diciendo que él era mi profesor de Matemáticas III, un señor alto, de lentes y que hablaba con un tono norteño.

 

Entonces, Toño Morales platicó una anécdota que había vivido más temprano: “Ya sé quien es Montaño, en la tarde se metió al salón, bueno pidió permiso antes al profesor Javier para poder tomar la clase, quien se sorprendió al verlo y de inmediato le dio la bienvenida y le dijo que era un honor tenerlo en la clase; Montaño se sonrojó y respondió que el honor era de él. Tomó la clase como cualquier otro alumno, preguntó, tomó notas y dijo que regresaría a las siguientes clases. Ya después nos dijo Javier que para Montaño eran todos sus respetos, que es muy bueno.” Y sí lo era. Aunque Javier no se quedaba atrás, sus clases de Mate III que comprendía la enseñanza de determinantes y matrices, al igual que las de Montaño, estaban llenas de ejemplos y de tareas interminables que ocupaban por completo los fines de semana, pero que permitían acreditar los exámenes con relativa facilidad.

 

A fines de los años 90 leí en la NI que la Universidad Tecnológica de Tula Tepeji tenía un nuevo rector, su nombre me pareció conocido; el entonces profesor de la UTTT José Luis Trejo Espino, egresado de Biología de la UAM-I, me confirmó que se trataba de un profesor de la División de Ciencias Básicas e Ingeniería de la Unidad Iztapalapa, mi profesor de Mate III; además mi sobrina Chely era su alumna en la carrera de Comercialización, así que le mandé saludos a los que respondió afectuoso con la invitación a visitarle. Pasaron algunos meses y por casualidad nos encontramos en la cafetería del Sharon, nos saludamos, intercambiamos comentarios, le dije que había trabajado un par de años con el Dr. Raúl Molina Salazar, que también había sido mi maestro y que en ese momento trabajaba en la SECOFI y estudiaba los sábados un Diplomado en Diseño y Aplicación de Encuestas con mi querida maestra Rosa Obdulia González Robles “Lulis”; le dio mucho gusto pues ambos eran sus amigos y compañeros profesores fundadores de la UAM-I que fue el primer plantel de la UAM.

 

El siguiente sábado, durante un receso de la clase, le platiqué a la maestra Lulis que Javier le enviaba muchos saludos; ella me comentó que unos meses atrás él la había invitado a dar una charla en la UTTT y que después le convidó a comer y hasta pulque le consiguió para que lo probara y remató: “Dígale a Javier que nos invite de nueva cuenta a su escuela. Me trataron de maravilla.”

 

Con Raúl Molina coincidimos en México para comer y conocer un largo rosario de anécdotas de la época de la creación de mi Alma Máter, las peripecias de Javier como secretario general de la UAM-I en las que René Bejarano en su papel de líder sindical le hacía la vida de cuadritos por las mañanas y por las tardes le invitaba a tomar una cerveza para platicar con calma y explicarle que no lo tomara personal, pues decía que él solo cumplía su obligación como líder. Además de las anécdotas, se trató de organizar alguna actividad en conjunto; para lo cual una calurosa mañana de primavera el Dr. Molina viajó acompañado de Toño Morales y Elba González a la UTTT. De esa visita Morales me compartió una reflexión “Íbamos caminando con Javier entre los edificios cuando vio un papel tirado en el patio, rápido lo recogió y lo depositó en el cesto; sigue siendo muy sencillo, como cuando nos daba clases”

 

Al concluir su periodo de rector lo enviaron como director general al ITSOEH y después fue nombrado coordinador regional en Tula, puesto en el que se encontró con mi sobrina y su exalumna Chely y conoció a mi ahijada Nayeli que se hallaba en trámites para iniciar estudios de postgrado en el CINVESTAV, recuerdo que tiempo después en una ocasión al estar en un evento con Reynaldo Rodríguez, papá de Nayeli, encontramos a Javier y le comentó que su hija estaba estudiando en Guadalajara y que siempre lo recordaba con afecto pues le había dado varios consejos para su vida profesional; hoy ella trabaja para una compañía transnacional y se ha capacitado en varios países.

 

“Dice el maestro Javier que está sentido porque no le ha llamado para felicitarlo por su nombramiento”, me escribió un mensaje mi sobrina. Lo acababan de nombrar subsecretario de Educación Media Superior y Superior en el Gobierno del estado, sonreí y respondí que en breve le llamaría. No solo le llamé, también fui a saludarlo, como siempre ocurría me preguntaba por mis sobrinos Chely y Jorge que también fue su alumno en la UTTT y que gracias a su desempeño académico fue enviado a Barcelona a realizar su estadía profesional.

 

“Toño, necesito platicar contigo de un proyecto que traigo y quiero tu punto de vista”, me dijo hace unos cinco años en la inauguración de la Semana de la Ciencia y la Tecnología en la UTTT a la que acudió como rector de la UTVAM y en la que el entonces rector de la UTTT, el maestro y excelente persona, Leodán Portes Vargas, me distinguió para hacer junto a Javier la declaratoria de apertura. Bromista, Javier gustaba de comentar: “Conozco a Toño desde hace muchos años, cuando me dio clases, pues es mayor que yo” y esa mañana no fue la excepción. Quedamos de comunicarnos, aunque por diversas cuestiones no seguimos con el tema que le ocupaba.

 

Pasaron los meses y luego los años, hasta que en la Universidad Politécnica de la Energía, una exalumna de Javier y amiga mutua, me compartió su número telefónico; enseguida le llamé para saludarlo con el gusto y el afecto de siempre, me habían comentado que estaba colaborando en el Politécnico. Platicamos un buen rato, esa fue la última ocasión que tuve la oportunidad de hablar con él. Este miércoles 20 de junio de 2018 mi sobrina me compartió la mala noticia de su deceso, hago lo propio con Raúl Molina y Lulis González Robles por correo electrónico. Raúl me llama por teléfono, por su tono de voz se nota consternado, era muy amigo de Javier desde hace 44 años cuando se fundó la UAM-I. Recuerdo una charla en la que platicamos sobre la celebración del 30 aniversario en la que Raúl planteó la organización de un foro con exalumnos “Te invito Javier y te siento en el presídium. Eres de los profesores más queridos del Departamento de Matemáticas entre las primeras generaciones de Economía”. Y por supuesto que lo era, en virtud de su conocimiento, siempre compartido, además de su don de gente. Mi más sentido pésame para sus seres queridos. Descansa en Paz querido amigo y maestro Javier Hernández Galindo. *NI*

 

 

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