14 de nov de 2018

*EXPERIENCIAS DE SUSTO.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.   “Leí tu columna del miércoles y te quiero platicar que a mi cuñado


Por OFICINA | martes 30 de octubre del 2018 , 05:43 p.m.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

 

“Leí tu columna del miércoles y te quiero platicar que a mi cuñado se lo llevaba una muerta desde El Huerto hasta el Panteón de San Andrés, que le decía que se quería casar con él y que le daría mucho dinero. Unas veces amanecía en el panteón de El Huerto y las otras en el de San Andrés, todo golpeado. No sé cómo le hacía, si caminaba dormido o qué, pero eso lo vivió durante mucho tiempo”. Me comparte mi viejo y querido amigo don Ángel antes de proseguir con su relato “Además, la muerta, se le aparecía en las noches cuando él venía de trabajar; incluso él decía que lo iba a ver mientras dormía y que hasta le dejaba un cabello largo en la almohada y ¿Qué crees? Que allí estaba un cabello largo y blanco”

 

“Yo veía a los difuntos en la noche desde que era niña” me comenta Elizabeth al encontrarnos en una de las funciones que en el 2017 presentó la Compañía de Teatro y Leyendas de Tula en el panteón de El Huerto: “Ya hasta me había acostumbrado a mirarlos rondando sus tumbas. Todos vestían ropajes de sus épocas, había hasta quienes usaban hábitos de fraile, otros se veían como Hernán Cortés. Mira, en las noches de difuntos ellos salen a visitar a sus familias y por eso nunca los veremos cuando se hacen estas bonitas funciones de teatro, pues en estas fechas no hay nadie. El que quiera se podría quedar a dormir aquí y no le pasaría nada”, agregaba con mucha calma mientras recorríamos los antiguos pasillos y veíamos la silueta del espléndido templo franciscano alumbrado por las lámparas de la calle y por nuestras linternas.

 

“Aquí se sube el muerto”, decía mi tío Mayolo al ir manejando hacia la Ciudad de México a la altura del tajo de Nochistongo. Enseguida explicaba la causa de su decir al preguntarle cómo lo sabía: “Cuando vengo solo, de repente se siente más peso en el coche, hasta el asiento se mira aplastado; una vez lo vi de reojo en el espejo retrovisor y sí me espanté, pero preferí hacerle la plática. Nunca me volteó a ver, iba mirando por la ventanilla. Ya para llegar a Jorobas se bajó”. Enseguida se iba de largo contando otras historias que le habían sucedido en el barrio de Santa Bárbara: “Cuando me toca trabajar en el turno de noche me voy caminando, pues vivo a unas 5 o 6 cuadras, pero me sale un bulto de entre las sombras de los puestos de comida que hay por la chamba. Mejor le digo que le invito un cigarro para que deje de perseguirme”, agregaba con desenfado, como si nada.

 

“Mi tío Lupe era muy enamorado y peleonero, por las noches se iba a echar novio y mi papá lo acompañaba para apoyarlo en caso de que le echaran pleito”, contaba mi papá. “En una ocasión al llegar la noche se fueron con rumbo a la casa de su novia María en Nantzha. La luna estaba llena y decía mi papá que a lo lejos miraron a una mujer de espaldas. El tío Lupe le pidió a mi papá que lo esperara, pues María ya lo estaba esperando. Mi papá se quedó bajo un gran pirul y desde allí vigiló a su hermano que con picardía se acercaba a su novia, a lo mejor para asustarla; cuando de repente vio que el tío Lupe cayó al suelo, creyendo que lo habían venadeado, mi papá agarró su machete para ir por su hermano, cuando una yegua pasó a todo galope junto a él y casi lo arrolla. Llegó a ver al tío Lupe, se fijó que no estaba herido, solo desmayado; no vio a María y creyó que espantada habría corrido hacia su casa. El tío Lupe despertó y lo que le contó a mi papá era de miedo”.

 

“Dijo que al llegar a ver a María, juguetón, le picó las costillas y ella volteó el rostro y la sorpresa que lo llevó al desmayo es que no era María, era una mujer con rostro de yegua. Mi papá entendió que era la misma yegua que estuvo a punto de atropellarlo”. Ambos se fueron azorados para su casa. El tío Lupe murió tiempo después, venadeado, al ir cruzando el río montado en su caballo. Su cuerpo fue encontrado por unos vecinos que le avisaron a mi abuelo Ponciano que su hermano estaba flotando en la corriente y con unos lazos lo sacaron para darle cristiana sepultura. Nunca recordó mi papá en qué cementerio lo sepultaron.

 

“Era un niño de 2 años y mi padrino Quico me llevaba casi arrastrando a ver a su novia que vivía en el Tepetate, frente a la estación del tren en Querétaro. Entonces era un cerro pelón, lleno de piedras. Llegábamos a una gran cerca de piedra y allí me dejaba sentado. Lo recibían en la un cuarto de la casa, él se sentaba en una silla y su novia en otra enfrente de él, en medio había un sofá en el que se sentaban los papás de la muchacha.” Narraba con gran memoria mi hermano Carlos. “Decía mi padrino que siempre le salía un charro vestido de negro, montado en un caballo negro, que le ponía una fuetiza y no lo dejaba pasar. Al contarles a unas señoras, le dijeron que era el diablo, pero que si llevaba a un niño no le saldría, así que me llevaba a mí, mira que culpa tendría yo de sus correrías. Claro, estaba chiquitillo, así que me daba sueño y él me despertaba a coscorrones para que no se le apareciera el pelao que lo atizaba a chicotazos. Yo nunca lo vi.”

 

“El padrino pidió la mano de su novia, fue “mi grande”, así se le decía a mi abuelita Pánfila García, pero no se casaron, a la muchacha la mordió una víbora de cascabel. Te digo que allí estaba lleno de piedras. Antes no me mordieron a mí, pues me sentaba en una cerca de piedra.” Concluía su narración mi hermano, tan afecto a contar sus historias vividas. Aunque la que les comparto solo me la contó a mí viajando de Querétaro a Tula, después de haber ido a dejar a mamá que había pasado unas vacaciones de fin de año con sus hijos en Tula.

 

Que pasen un feliz día de todos los santos y por supuesto un gran día de los fieles difuntos ensalzando la memoria de sus, nuestros, seres queridos y no se pierdan la excelsa puesta en escena que la Compañía de Teatro y Leyendas de Tula y la Presidencia de Tula han preparado en el Tulabús todas las noches de este puente del día de muertos y los fines de semana de noviembre. Compren sus boletos con Magda Olguín, la titular de Turismo en el kiosko que tiene junto al módulo del jardín; la experiencia será única y más si se comparte en familia. *NI*

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