17 de ago de 2018

*EL SEÑOR DE EL HUERTO.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.   “¿Qué te pasa Mayolín. Qué te pasa Mayolín?” D


Por OFICINA | martes 6 de febrero del 2018 , 06:00 p.m.

Por José Antonio Trejo Rodríguez.

 

“¿Qué te pasa Mayolín. Qué te pasa Mayolín?” Decía el médico auscultando al bebé, cuyos padres habían llegado a consultarlo desde su casa en El Huerto Nantzha, caminando por el antiguo camino real, pasando por las inmediaciones de lo que ahora es la Casa de Formación Diocesana, entonces llena de sembradíos y con gruesos postes que, a la sombra de frondosos árboles, daban espacio para amarrar a las bestias de carga de quienes llegaban a Tula a vender y a comprar mercancías.

 

Las piedras redondas “de río” con que estaban tapizadas las calles General Anaya y Guerrero, sembradas de altas palmeras, fueron mudos testigos de los pasos presurosos de Balbina y de Ponciano, dirigiéndose a la calle 5 de Mayo, antes de cruzar las vías, para que su hijo más pequeño recibiera atención médica; la fiebre no cesaba y un mal presagio les acompañaba.

 

El doctor rindió su diagnóstico, sin ofrecer falsas esperanzas recetó medicinas al pequeño y recomendó mantenerlo abrigado. El matrimonio y su criatura retornaron a su casa, pero antes hicieron una parada en el templo de El Señor de El Huerto, construcción colonial, orientada su puerta principal hacia el poniente, a imagen y semejanza de la orientación de las puertas principales de los templos católicos en Europa. Cabe señalar que Ponciano trabajaría por un tiempo como camposantero en el predio aledaño al templo, utilizado desde tiempos inmemoriales como panteón.

 

La pareja entró al sagrado recinto, dirigiéndose de inmediato hasta al altar mayor y sin preámbulo lo sentaron en la cobijita que le envolvía el regordete cuerpecito, dejando al pequeño Mayolo al descubierto, frente a la Sagrada imagen de Jesús orando en el huerto de los olivos; rezaron y rogaron con tanta fe y devoción al Señor de El Huerto para que sanara al chiquillo. Enseguida lo cubrieron y se marcharon a su hogar, en donde un poco más tarde observaron con tanto gusto, junto a la abuelita Chenchita, que la fiebre había desaparecido y el pequeño había sanado.

 

A partir de esa situación, Mayolo Trejo García acudió, hasta el fin de sus días, con tanta devoción y agradecimiento a dejar enormes ramos de flores al templo del Señor de El Huerto. Esta historia es cierta, la vivieron mis abuelos Balbina y Ponciano, así como mi tío Mayolo y me fue narrada por mi papá Antonio hace unos 45 años y con gusto se las comparto en este miércoles 7 de febrero, fecha en la que se celebra a El Señor de El Huerto y en la que a partir de las 8 de la mañana, saldrá en la tradicional procesión a Nantzha en donde se celebrará una misa a las 9 y de allí a San Andrés con misa a las 11, para volver a El Huerto para la misa de la fiesta a las 13:30 horas.

 

El pasado domingo vi pasar a un señor cargando un bulto con yerbas con un olor delicioso, identifiqué el fuerte aroma de la manzanilla y de la ruda, me platicó que las llevaría a la misa de El Huerto para que fuesen bendecidas por el Padre Germán y se armen los ramitos para quienes gusten pasar al cajón. Otro señor de mayor edad me explica que desde hace mucho tiempo las personas acuden a la fiesta y a las procesiones de El Señor de El Huerto para cubrirse con su manto y pedir su amparo, mientras tanto otra persona reza, toca una campana y entrega un ramito de yerba, una estampa y un cordón. Agrega que antes se acostumbraba a tener un “padrino de cajón” que era quien acercaba a su ahijado, daba una limosna y ataba el cordón en el cuello del ahijado; esta cinta no debería de ser retirada, solo hasta que el tiempo desgastara el tejido.

 

“Vamos a misa y a comer a la feria de El Huerto” decía mi papá a principios de los años 80 y allá íbamos. La popular plaza estaba repleta de puestos con toda clase de mercancías: juguetes, pan, alimentos y bebidas y juegos; comúnmente se elegía el puesto de “doña Mode”, vecina de Barrio Alto, para comer un plato de caldosas enchiladas verdes acompañadas de una pieza de pollo freído en manteca o de un huevo cocido, había quien prefería un pambazo, una tostada de pata con un atractivo sabor a vinagre o de pollo deshebrado, una gordita de chícharos o unas quesadillas. Los señores podían beber una cervecita, los chamacos un refresco enfriado en el hielo que dejaban los propios camiones refresqueros y cerveceros.

 

“Tenemos que recuperar la grandeza de la feria de El Señor de El Huerto” me dice con mucho ánimo Javier Porras, el nuevo Delegado de Barrio Alto segunda sección, acompañado de su comité, y añade: “Andamos tocando las puertas de los empresarios, comerciantes y amigos tulenses que nos quieran ayudar en esta causa noble” Su voluntad y ahínco hacen pensar que tendrá éxito en su propósito.

 

Preguntaban hace algunos meses los ejecutivos de la experimentada empresa Ikarus, constructora de panteones y nichos mortuorios entre los que se cuentan los de la “Plaza Mariana”, acerca de la imagen que llevaría la primera capilla de nichos construida en la ampliación del panteón de El Huerto. La respuesta por parte de quienes participamos en el proyecto fue unánime y por supuesto con mucho gusto: “El Señor de El Huerto, es su templo, es el panteón bajo su protección, además de ser el cementerio más entrañable para los tulenses de, al menos, la cabecera municipal” La empresa no reparó en calidad, diseño y buen gusto, imprimió una bellísima imagen de El Señor de El Huerto en mosaicos de mármol blanco thasos de Grecia, si usted no ha tenido la oportunidad de admirarla, puede hacerlo ahora que vaya a la fiesta, en serio que no se lo puede perder ¡Es una imagen maravillosa!

 

¿Tiene algo mejor qué hacer este miércoles? Nos vemos en la fiesta de El Señor de El Huerto. *NI*

 

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