17 de nov de 2018

Perspectiva 21/02/2018

*El Populismo en las Elecciones de 2018. Por ESTEBAN ÁNGELES CERÓN   Frente a tiempos difíciles, la sociedad suele optar


Por OFICINA | martes 20 de febrero del 2018 , 05:09 p.m.

*El Populismo en las Elecciones de 2018.

Por ESTEBAN ÁNGELES CERÓN

 

Frente a tiempos difíciles, la sociedad suele optar por el mesianismo, por la salida fácil que promete restablecer el orden debilitado y el sentido de oportunidad social, en medio de una irracional barbarie y de un frenesí que conduce al fascismo o al populismo, caras oscuras del colectivismo ciego.

En este contexto, la precaria conducción de líderes y el desdibujado desempeño de partidos, conduce al debilitamiento de la democracia y es la antesala para que el populismo se arraigue en el ánimo de los ciudadanos en pos de una quimera política que sólo presagia un quiebre social.

Es lamentable que pocos asuman que la construcción de la Nación siempre provino del esfuerzo conjunto, jamás de la actuación profética de un individuo. Se plasmó en un crisol, con la sangre entregada por miles de mexicanos desde la Guerra de Independencia hasta el Contrato Social de 1917. Hoy se olvida que esas revoluciones que reivindicaron y dignificaron a nuestro pueblo, nos han sido heredadas en instituciones que no pueden ser desconocidas, porque son garantes de la armonía y paz social.

La ignorancia y carencia ideológica de la ciudadanía, propias de una cultura política endeble, se han incubado desde la apatía y la inconciencia social. Nublando los sentidos de nuestra sociedad, se tornan en espacio fértil para que la política se convierta en prebenda de mercaderes y sátrapas, que ocultos en la demagogia y el gatopardismo, pavimentan el camino para que el ejercicio de gobierno, se vea inoperante, ante la precaria participación ciudadana en la toma de decisiones del Estado.

Los partidos sufren de osteoporosis política, están degradados a estructuras anquilosadas, inmóviles e inmutables ante el cambio social; son un factor de la erosión democrática que vivimos, han dejado de ser intelectuales orgánicos y conductores sociales, para erigirse en arenas políticas que han obstruido la fuerza de la base militante, y lo que es peor, de la sociedad. Este es el rostro de la crisis de representatividad.

En este contexto, el déficit de las precampañas políticas advierte que no existe ni un esbozo de Proyecto-País para asegurar la estabilidad de la Nación, ni una relación causal de un voto programático que comprometa planes y programas relativos al combate a la corrupción e impunidad, al fortalecimiento del Sistema Nacional Anticorrupción y a los temas álgidos del desarrollo y la seguridad humana como el empleo, la pobreza, la desigualdad social, la educación, la salud y los derechos humanos.

El desencanto ciudadano no termina allí. El debilitamiento de las instituciones ante el peculado, corrupción e impunidad, han sentenciado al Estado al divorcio civil, que se hace presente porque el tejido social prefiere la separación de cuerpo antes que solicitar ayuda a un servidor público, que habitualmente, lo someterá a la tramitología, al burocratismo y si puede, a una dosis de moches, agravando la desconfianza en las instituciones.

Frente a este camino tortuoso, lamentablemente bien conocido por la ciudadanía, la sociedad expectante esperaba mayores definiciones y compromisos. Las precampañas resultaron una simulación. Fue difícil distinguir el rol de los partidos políticos porque resultaron ser lo mismo; se confundieron, olvidaron su compromiso social, sus principios e ideología, su plataforma y programa de acción.

Este panorama es desolador. No aporta elementos para que el ciudadano construya su decisión para que su voto resulte inteligente, conciente y racional, ya que todo indica que la simulación y la pantomima, seguirá presente mientras las campañas electorales no sean verdaderos espacios ciudadanos.

El cuestionamiento de fondo es el mismo desde hace décadas, ¿Qué harán partidos y candidatos para recuperar la confianza de la ciudadanía y para que sus votos, como voluntad soberana, sean respetados y no mueran en las urnas en que son depositados?

La ruta lógica es que los debates políticos sean un ejercicio incluyente y de dominio público, donde los candidatos establezcan y defiendan compromisos claros con la ciudadanía para construir el plan y los programas de gobierno, que como oferta política horizontal y ciudadanizada, admita y promueva la corresponsabilidad en la toma de decisiones.

Este planteamiento encierra una paradoja a subsanar, porque la democracia como régimen político y de gobierno, presenta un plano horizontal donde todos los ciudadanos pueden ser partícipes en la toma de decisiones; mientras que el ejercicio de gobierno y de los partidos políticos es vertical, tecnocrático y por ende, exclusiva de los tomadores de decisiones, que desde el servicio público han generado ínsulas de poder y fronteras entre ciudadanía y gobierno.

Hoy que nos quejamos y condolemos por el muro que pretende crear el Presidente de Estados Unidos Donald Trump en la frontera norte de nuestro país, ¿No deberíamos quejarnos y condolernos por el muro que ha edificado la clase política desde el aparato público, que impide el libre tránsito de los ciudadanos hacia las decisiones de gobierno?

El verdadero muro es la inconciencia e inmovilidad cívica ante la precaria vida democrática interna de los partidos políticos y la disfuncionalidad gubernamental; la escasa participación y corresponsabilidad ciudadana; la insuficiente cohesión y organización social… Todo ello es el lastre sistémico que allana el camino al autoritarismo de los muros administrativos de los servidores públicos.

Hoy que cuestionamos el statu quo y la maquinaria política del establishment, ¿Por qué no cuestionamos nuestra conducta política frente a partidos y candidatos?

El ciudadano no puede plantarse frente a la construcción de la Nación en este proceso electoral, como un ser conforme e indolente, alienado y presa de su inmovilismo político. Hacerlo equivale a decapitar el espíritu de asociativismo democrático y el régimen de pesos y contrapesos sociales, que debe custodiar y engrosar la toma de decisiones públicas, a partir de agendas de exigencias.

No perdamos nuestra memoria histórica ni obviemos la conquista de nuestros derechos. No caigamos en la hibernación política. Marc Bloch señaló “debemos aprender de la historia para que no se repita”. Ya conocemos el populismo y el fascismo. No pavimentemos su camino, porque el costo social que pagaremos, lo heredaremos a nuestros hijos.

Agenda

  • El síndrome del oportunismo y pragmatismo voraz se evidencia en la propuesta de la Coalición Por México al Frente, integrada por los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC) al impulsar de cara a los comicios del 1 de julio de 2018, la ideade integrar un gobierno de coalición.

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