17 de oct de 2017

Pensamientos y reflexiones 02/08/2017

  “Depongo todo cuanto soy: me rindo, No quiero más tus guerras ni tus líos,        &nb


Por OFICINA | martes 1 de agosto del 2017 , 04:44 p.m.

 

“Depongo todo cuanto soy: me rindo,

No quiero más tus guerras ni tus líos,

         Ni estas treguas de sal ni estos lamentos”

            Félix Suárez

Pensamientos y reflexiones

*De amor y desamor.

Para.   José Pablo

De: Teto  Cisneros

 

Si el amor es festejo, el desamor es duelo. “Si todo se ha de ir, ¿Por qué llegaste?, se pregunta Rubén Bonifaz Nuño, el poeta mexicano que más ha indagado con sus versos tiernos y coléricos las bondades y desdichas de ese “don de Dios”, que es el amar, y ese “corazón en las espinas” que es la separación de los que se aman.

En nuestros días los casos de desamor se multiplican. La pareja fallida. La pareja huye de sí misma. La pareja hace malabares para subsistir. Qué triste paradoja; primero nos dedicamos a encontrar a la persona deseada, y luego, tristemente, a soportarla.

La amamos hasta casi rendirle pleitesía y luego nos preguntamos  qué le vimos, cuándo cambió, porque ya no sentimos las mariposas de antes y solo escuchamos el bostezo y la queja cotidiana. O las discusiones que terminan en pleito. “Mira bien, lo que hacemos los dos, siempre peleando así”, como dice la canción. El amor tiene que ver con la vida y por eso duele, por eso se cancela, por eso desilusiona, por eso  se transforma, por eso envejece y muere. El amor se complica porque se hace aburrido, monótono, porque hay malos tratos y traiciones, gritos y sombrerazos, estrecheces económicas, dolor y llanto, “Ningún amor termina felizmente (se sabe)”, como observa José Emiliano Pacheco. Es cuando la amargura se hace presente y las palabras tiernas un remoto pasado. “yo la ame y ella también a ratos me quiso”. No importa el género, la desesperación y la tristeza son las mismas. Afligido amor, desdichado amor, pinche amor, desolado amor.

La desaparición del amor y la separación de los que se aman no es nueva bajo el sol. Sucede que ahora es más notoria. Antes se disfrazaba. “En la alcoba profunda podríamos andar meses y años, en pos del otro, sin hallarnos”, como escribió Maiakovsky. Las mujeres argumentaban dolor de cabeza y los hombres una partida de domino. El macramé y las cantinas como terapias de género. El hombre mandaba y la mujer era sumisa.  Ya no tanto. Los tiempos cambian. La mujer trabaja su doble jornada, es capaz de subsistir por si misma y de no necesitar del hombre para ser. No quiere gritos ni reclamos, abusos físicos o verbales, ni chantajes ni estar con quien la trata como a un inferior. Es el desamor moderno, el que agarra sus chivas y se va. El amor a uno mismo como respeto y como opción. “El amor es la piedad que nos tenemos”, como escribió Efraín Huerta. No es mero narcisismo si no afán  de sobrevivencia, el desamor de antaño, por otro lado, sigue ahí. Llora sus penas en secreto, se soba los golpes a solas, aguanta la indiferencia, el ninguneo, la falta de cariño, la existencia de la otra o del otro. El maldito desamor. Tanto amar para qué. Lo dice el Buki: “si no te hubieras ido sería tan feliz”. O Paquita la del Barrio y sus ratas de dos patas: “¿Me estás escuchando inútil?”. Lo escribe mil veces menor Bonifaz Nuño: ¿Qué es lo que pasa, que nos hace que durmamos confiados una noche, una noche cualquiera, protegida, seguros del amor, acompañados, y despertemos, un momento más tarde, solos, abandonados, indefensos?”.

Amar es equivocarse, como lo comprendió Fernando Pessoa. ¿Hay remedio? Durante algún tiempo creí más en el desamor que en el amor. Tantos fracasos, tantos intentos, para que, Mejor la soledad, las caricias sin nombre que perdure, sin compromiso, sin reclamos, sin lealtades, sin amor. No volver a meter la pata, blindar el corazón para no sufrir de este nuevo desorden amoroso que trae consigo la época que nos ha tocado. Me guarecí.  Me dije que nunca más. Y fallé. Sucede que, así como llega el desamor, así también aparece el amor. La sensación de inmortalidad tras un beso, la necesidad de pertenencia a otro cuerpo, la alegría de descubrir un rostro que nos alegre el día, la noción de que ahora si es la persona buena, la que esperamos con ansia toda la vida. Amar y desamar, estar un tiempo con la mujer y otro  con la peor de las parejas. Celebrar la compañía de alguien extraordinario y guardarle luto porque no lo era, es el latido de los corazones enmendados y rotos. La consigna para vivir y no morir en el intento es amar con locura y desamar con cordura. Dejar entrar y dejar ir. Lo dice Renato Leduc: “Amar  a tiempo y desatarse a tiempo”. Next. No hay de otra.

Es cuanto….

Mauricio Carrera

Ciudad de México 1959

Escritor y periodista. Sus

Libros más recientes son:

La muerte de Martí y otros cuentos y Travesía

Crónicas Marineras P.

 

ÚLTIMAS NOTICIAS

PUBLICIDAD

ARCHIVO