21 de sep de 2018

*Romper o no con el PRI.

Sin duda el mayor dilema del candidato del Partido Revolucionario Institucional a la presidencia de la República, José Antonio Meade, es


Por OFICINA | martes 13 de marzo del 2018 , 04:52 p.m.

Sin duda el mayor dilema del candidato del Partido Revolucionario Institucional a la presidencia de la República, José Antonio Meade, es romper o no con este partido que lo postuló y del que nunca ha sido miembro.

No hay en los casi 90 años de vida del PRI un escenario en donde su candidato al cargo más importante dentro de la política nacional, sea un personaje que no es ni ha sido parte  de su militancia.

Ello de entrada habla de la crisis que vive el que fuera el partido más poderoso del país y  que su propia real dirigencia –léase el presidente Enrique Peña Nieto- lo acepta y no se decide para intentar sucederlo por un personaje como Miguel Osorio con una larga trayectoria en el servicio  público, sin mancha alguna grave, pero con plena identidad con el partido tricolor del cual fue incluso el segundo  de a bordo cuando la campaña del hoy presidente y antes aquí dirigente  estatal.

Inmersos en el tema de las opiniones políticas, lo cierto es  que éstas se  ven muy divididas entre los que le aconsejan a  Meade que se aleje de esa rancia y corrupta  (en su mayoría) clase política priista,  y los que le advierten que no debe romper con quienes le pueden significar la diferencia entre el triunfo y la derrota merced al llamado voto duro.

Ante este escenario y a 15 días del arranque formal de las campañas políticas y a poco más de 100 días de la ya llamada madre de todas las elecciones, Meade sigue en un nada envidiable tercer lugar, en promedio los números dicen que Andrés Manuel López Obrador anda por los 36 puntos, Ricardo Anaya en los 22 y Meade con 15.

Decíamos en una entrega anterior que los resultados anteriores no deben sorprender mucho si tomamos en cuenta que AMLO  va por su tercera elección sexenal para el mismo cargo y que Anaya lleva dos años con miles de spots que por ley eran para su partido, pero como dueño del mismo, él se los apropió.

Hoy en día, en plena intercampaña, a Anaya no lo sueltan con el tema del blanqueo de capitales, arremetida que parece ya se siente en las encuestas, con todo y que a todos los niveles hoy la PGR está con un prestigio más abajo del sótano porque para muchos se ha convertido en un apéndice no del gobierno, sino del PRI.

Se asegura que ahora el tricolor y Morena van juntos en lo que ya podríamos llamar PRIMOR, ¿por qué? Porque Anaya cree tener en Peña Nieto a su más enconado rival, a quien incluso ya amenazó de cárcel. Y en lo que es verdad o mentira –ironías de la vida-  hoy para el partido en el gobierno el Peje ya no es el peligro para México, Ricardo  Anaya ya le ganó ese mote, luego entonces si Meade no levanta, el tricolor hará lo impensable hace seis y 12 años,  sumarle al Peje para que no llegue el PAN.

Pero antes de tomar la anterior decisión de poner a disposición de su peor enemigo de los  últimos años todo su capital de votos, el PRI hará –creemos-  un último esfuerzo para lograr el milagro de no perder las elecciones presidenciales y ser arrasado en la contienda para nueve gobernadores, además de los senadores, diputados federales y en algunos estados legisladores  locales y alcaldes.

José Antonio Meade debe aprovechar la estructura priista con todo y lo debilitada que hoy se encuentra.  Ya hay muy pocos estados como Hidalgo en donde el PRI es el único partido con presencia en los 84 municipios y habrá  que capitalizar ese hecho, así como el de conservar y aprovechar al máximo  el capital político de gente que -usando otra vez nuestra entidad como ejemplo- siendo priistas, no da vergüenza mostrarlos.

Damos si les parece cinco ejemplos: Carolina Viggiano, José Antonio Rojo, Roberto Pedraza, Miguel Osorio y si me permiten hablar de una figura local, Noé Paredes Salazar. Que tienes  sí  sus detractores que nadie en la política está exento de ello, sin embargo sus positivos suman  mucho más a la hora de hacer un justo análisis.

Meade debe aprovechar resultados como el que obtuvo en Acapulco en la reciente convención bancaria en donde los dueños del dinero en México le tributaron una verdadera ovación, por encima del recibimiento a Anaya y mucho más que a  AMLO, en donde al Jaguar por cierto  no le fue nada mal.

El candidato del PRI debe sumar nuevas corrientes, pues  se supone que eso le hizo a Peña proponerlo por encima de MAOCH. Sí se han sabido de sumas interesantes como la de Javier Lozano, pero nos  parece que hay que buscar y convencer a gente con opiniones de peso en diversos sectores de la población.

Que quienes por un momento tuvieron posibilidades  de convertirse en el candidato del PRI, que  se enseñen  hoy a favor de Meade. En dónde están Ivonne Ortega o el doctor  José Narro por ejemplo.  Y más gente de prestigio (que sí la hay) que se ha destacado  para bien en esta complicada profesión que es la política. En los espectáculos, en los  deportes, o en  cultura.

Meade debe evitar crear mayores antagonismos hacia el interior del partido que lo postuló, como cuando llega a su campaña un personaje ajeno al PRI, tal vez muy capaz pero  arrastrando cuestionamientos tan graves o más que algún priista relegado por las mismas “virtudes”. Otra vez el ejemplo de Lozano. Sumarlos sí a todos, pero darle los espacios que no lastimen a otros.

Finalmente nos parece que Meade debe hacer importantes pronunciamientos que dejen ver que el suyo sería un nuevo gobierno con un combate eficaz a la corrupción o disminuir los altísimos  salarios a  los altos funcionarios. Hay tanto por hacer en un país como el nuestro, que Meade está ante la gran oportunidad de ofrecerlo,  y de ganar… cumplirlo.  

Y bueno  ya habrá tiempo  y  momento para que tipos como Romero Deschamps paguen lo que deben.

Por hoy es todo, nos leemos en la próxima entrega pero, en confianza… 

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