25 de abr de 2019

*La India: Delhi- Jaipur-Agra. (Segunda de tres partes)

Después de relatar de nuestra llegada a la India, es miércoles 23 de enero iniciamos el recorrido en la capital de este enorme paí


Por OFICINA | martes 5 de febrero del 2019 , 04:39 p.m.

Después de relatar de nuestra llegada a la India, es miércoles 23 de enero iniciamos el recorrido en la capital de este enorme país: Estamos en Nueva Delhi.

A la hora convenida y después de disfrutar de un muy variado y rico buffet, nos vamos con   Gagan y Udai para llegar después de un largo recorrido que nos lleva a la Vieja Delhi, entrar  a la mezquita de Jama. Es ni más ni menos  la más grande  de la  India. Recordar que los musulmanes son apenas la segunda religión que más se profesa en este país. La primera con mucho es la hindú o hinduista, con alrededor del 80 por ciento de los habitantes.

Este complejo lo  construye  el  emperador mogol Sha Jahan en el siglo XVII. Desde siempre está convertida en uno de los puntos de mayor interés en la India. Para entrar debemos despojarnos de zapatos y a las mujeres se les facilita una especie de capa que le cubre prácticamente todo  el cuerpo.

Al salir de la mezquita viene el recorrido en bicicleta de tres ruedas con capacidad hasta para dos pasajeros. En menos de 30 minutos un hábil  conductor nos lleva  por 3 o 4  angostas calles, que son parte del  enorme  bazar Chandni Chowk, en donde se vende todo lo que se puedan imaginar, en medio de miles de gentes que presurosos van y vienen sorteando vacas, puestos, bicis, carros, perros y más, en un pueblo que  deja ver pobreza.

Ahora vamos a un templo de otra religión, la Sikh. Se llama la Gurudwara con una impresionante belleza arquitectónica. Para entrar debemos despojamos no sólo de zapatos sino también de calcetines; cubrirnos la cabeza con una especie de velo que aquí mismo nos proporcionan.  En medio del bello complejo construido en mármol blanco, hay una especie de lago, que el guía le llama charca y aunque no vemos que alguien lo haga, nos dice que la gente puede bañarse para vivir  una especie de purificación.

Dato interesante visitar aquí mismo un enorme comedor, pues a la gente que llega se le ofrece si así lo quieren los tres alimentos sin costo alguno. Recorremos la cocina, en donde decenas de personas hacen tortillas y  otras preparan la comida en enormes ollas. Lo realizan como una especie de manda dentro de su religión, puntualiza el guía, pues nadie cobra por ello y los comestibles se consiguen igual a través de aportaciones.

Ahora vamos a la tumba de Humayun, dedicada al segundo emperador mongol. Es tan magnífico el monumento que sirvió de inspiración al famoso Taj Mahal de Agra. Fue creación de  Bega Begum en honor del emperador  Humayun  su esposo fallecido 14 años antes, todo ello en  el siglo XVI.

Hacemos un receso en nuestro recorrido por la historia de la  India para comer. La propuesta es un restaurante de comida internacional de categoría mediana digamos. El menú -si así lo decidimos- similar al de nuestra tierra. Cordero, espagueti, cerdo, sin faltar la mundialmente famosa y muy mexicana cerveza Corona. 2 mil 500  rupias  el pago de dos personas, es decir el equivalente a algo así como 700 de nuestros pesos.

Al terminar vamos a la llamada torre Qutut Minar. Construida por el primer gobernante musulmán de la India Qutub ud-din Aibak. Tiene más de 72 metros de altura. Se termina por el siglo XIV, cuneta con 372 escalones, no se permite entrar y en el complejo se localiza la primera mezquita que existió en este país. Recorremos  también unas bien trabajadas  columnas que presentan diversas figuras de personajes diversos y de animales  como elefantes.

Termina la jornada y mañana salimos a buena hora para Jaipur.

Son las 9 de la mañana del jueves 25 y ya desayunados nos vamos con Gagan, el conductor, a Jiapur. El guía Udai se incorpora con nosotros kilómetros adelante y con el tráfico ya acostumbrado avanzamos hacia el sur de la India, pasamos cerca del aeropuerto  por donde llegamos hace dos días a este país.

El largo camino de más de 200 kilómetros sirvió para confirmar que la forma de manejar en la ciudad no cambia en la carretera. Todos, todos manejan de la misma forma. Cambian de carril sin importar si es a la izquierda o a la derecha y sin disminuir su velocidad que no en pocas ocasiones es de más de 100 kilómetros por hora.

La carretera de cuota -pasamos 2 casetas de pago- normalmente es de 4 carriles, en tramos de 6 en otros apenas de 2, hay también tramos con laterales al atravesar por  varias comunidades o poblados en donde es común como en otras partes ver vacas; vimos también monos, borregos o corderos,  cabras, ciervos, camellos y perros, todos en perfecta convivencia con los humanos.

Después de poco más de 6 horas de caminos, apenas con un descanso de 20 minutos en un paradero y que nos sirvió para estirar los pies y  comprar algo, entramos a Jaipur alrededor de las 2.30 de la tarde. Es una ciudad por supuesto mucho más chica que Nueva Delhi, si la capital del país ronda por los 18 millones de habitantes, aquí  se calcula en tres millones de habitantes. Llegamos a un hotel de muy bella construcción, Trident de nombre, apenas para el registro, dejar las maletas y vámonos a comer.

Llegamos guiados por Udai a un restaurante de buena cara. Es bufet, la comida no nos resulta extraña pollo, papas, arroz, lentejas, lo diferente si acaso son  unas  tortillas que nos dicen son de garbanzo y otras de ajo. Probamos ambas y no están mal. El pago de 1480  rupias por pareja y salimos satisfechos.

 Antes de llegar al llamado templo de Birla de la religión hindú,  el guía nos ofrece bajarnos unos minutos frente a un edificio de gobierno en donde está por comenzar un programa artístico en el marco del 70 aniversario de la liberación de la India que data de 1949. El programa no comienza y decidimos mejor irnos para conocer un templo todo en blanco que la historia cuenta los han construido tres generaciones de una familia de comerciantes que a lo largo de su vida han practicado esta religión.

Aquí a las 6 en punto presenciamos  el ritual nocturno llamado la ceremonia de Aarti. Antes de regresar al hotel para terminar la jornada, visitamos un centro joyero en donde se nos muestra cómo trabajan piedras preciosas que ante manos expertas se convierten en bellas y caras alhajas  como collares, pulseras, aretes, etc.

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