24 de nov de 2017

*Esencias de Japón y China (2 de 5).

  El programa indica que hoy dejamos Kyoto, a las 7.40 de la mañana  acompañados por una guía diferente, ya estamos ab


Por OFICINA | martes 17 de octubre del 2017 , 07:08 p.m.

 

El programa indica que hoy dejamos Kyoto, a las 7.40 de la mañana  acompañados por una guía diferente, ya estamos abordando un bus que nos traslada a la terminal de trenes. La hora de salida es a las 8.32 y ni un minuto después, abordamos el vagón 14 del tren bala JR “Hikari 512”; ya de años pero muy bien cuidado y a una velocidad de 285 kms.,  en un par  de horas  llegamos a la estación  Odawara.

Nos espera la guía Kimiko quien  conduce al grupo de 20 viajaros a un bus en el que nos vamos a conocer el Parque Nacional de Hakone. Antes, frente a la estación del ferrocarril hemos visto una enorme estatua en tono verde de un Samurái. Figura feudal de los siglos XII al XIV.

¡Qué belleza de lugar!   Cinco lagos, enormes árboles tipo cedros, entre otras especies. En el lago Ashi subimos a  embarcación para hacer un breve crucero, mismo que  en 30 minutos nos deja en otro punto del parque  en donde después de caminar diez minutos, abordamos un teleférico en el que subimos mil 500 metros para llegar al monte Komagatake.

El plan es que desde este punto pudiéramos observar el monte nevado de Fuji, pero  el clima nubloso no nos  permite ver el volcán que es símbolo de esta nación. De todas formas la vista es impresionante, después de 30 o 40 minutos bajamos para seguir el tour. Es hora de comer y Kimiko nos guía a un lujoso restaurante en donde podemos probar  en bufet desde una rica crema de calabazas, hasta sardina empanizada, una variedad enorme de postres en raciones pequeñísimas para probar de todo (objetivo que cumplimos puntualmente).

Las visitas de hoy terminan en el parque Hacone Jinga, más lagos, más vegetación, más belleza natural y templos del  Sintoísmo, creencia mayoritaria del pueblo japonés  que hay quienes se niegan  a definirla como una religión. No tienen un líder, ni santos. Pero a cada momento  vemos figuras de dragones y es común  ver que la gente hace reverencia y  depositan algunas monedas para enseguida hacer reverencia.

Es hora de ir al hotel y en 30 minutos llegamos  al Sengokuhara Prince. Es una especie de casa de descanso. Enorme, bellísimo, con  áreas verdes muy bien cuidadas  y la oportunidad de disfrutar de aguas termales del  “Onsen”.

Sábado 30

Hoy está contemplado llegar a Tokio, la capital de Japón, una nación que de verdad hay que  admirar porque a pesar de hechos como los ataques a Hiroshima y Nagasaki o de eventos naturales como los terremotos de 1923, 1995 y  2011, está de pie convertido en un país con los niveles de desarrollo más alto entre las naciones del mundo.

El país  es un archipiélago con alrededor de 125 millones de habitantes en una superficie territorial que bien puede caber en alguna entidad de México. Prácticamente no hay desocupación, no vemos gente menesterosa por las impecablemente limpias calles de cualquier ciudad. De  reconocer esta nación y a su gente  y ahora que la visitamos, aumenta nuestra admiración.

Nos vamos 8.30 del hotel de Odawara  y seguimos con Kimico la guía que después de platicar con el conductor del bus, nos hace una propuesta que recibe una afirmación de los más de 30 pasajeros que ahora vamos, entre españoles, argentinos y cuatro mexicanos. “Les propongo que nos vayamos por una carretera que nos hará tardar un poco más de tiempo en llegar a Tokio, pero con un poco de suerte, de algún punto de esta ruta sí podremos ver el volcán de Fuji”.

A nuestra respuesta allá vamos, son un poco menos de 100 kilómetros de distancia y tal vez a los 40 se detiene y podemos observar el enorme montículo de manera muy clara aunque sin nieve en su cima. ¡Impactante! Y nos damos vuelo con la cámaras fotográficas, solos y grupo, pero en todas con el Fuji de fondo.

Cerca  de las 11.30 de la mañana vamos entrando a la capital del país nipón. Se siente un poco de calor, tal vez llueva más tarde, nosotros mientras tanto llegamos a conocer y recorrer el santuario Shintoista de Meiji, en 1946 el lugar fue oficialmente nombrado como uno de los Kanpei-taisha, es decir que ocupa el primer  rango de santuarios con apoyo del gobierno, aunque nuestra guía nos precisa que hoy en día no hay apoyo alguno de las autoridades.

Es tiempo de seguir, y ya dentro de la capital subimos a la Torre de Tokio para admirar a más de 300 metros de altura esta bella y enorme ciudad capital.  Antes de comer nos dirigimos a conocer  el parque del barrio de Azacusa, hay que atravesar dos enormes puertas para adentrarnos y admirar la arquitectura  budista.

Ya tiene rato que el cuerpo pide hora de comer y la guía nos lleva a un restaurante tradicional para disfrutar de un rico platillo  que escuchamos le llaman Cushi  age. Le acompañamos con arroz blanco como siempre y rápido damos cuenta de él para seguir nuestra jornada que la concluimos en el hotel Hyatt Regency, justo a un lado de dos enormes torres que nos dicen son la sede del Gobierno Metropolitano  de Tokio.

Domingo 1

Comienza un nuevo mes y con él nuestro último día completo en Japón. Apenas después de las cinco, ya con las primeras luces del domingo, bajamos a trotar por una hora al parque central de Shinjuku. Ya hay gente  en lo propio y vemos lo que pensamos no existía en este país: Alrededor del lugar, tres “asentamientos” de menesterosos. Sus viviendas construidas con cartón, ropa, sombrillas, etc. No sabemos si allí están diario, pero  por lo que  hoy   vimos y  se nota ya ha sido larga su estadía en el lugar.

Ya de regreso en el hotel,  apenas después de las ocho y del desayuno, es día libre  y salimos a conocer algo de esta gran ciudad. Como en todas las grandes metrópolis, nada como subirse al metro. Lo hacemos en la estación de Shinjucu, mediante el pago de 200 yenes por persona, cantidad que te ordena  introducir a la máquina cuando después de padecer por  varios minutos, alcanzamos a entender el mecanismo  y el monto nos lo señala una vez que le hemos alimentado con el nombre del  lugar de destino que es la estación de Ginza.

Son trenes no nuevos pero bien cuidados, sin aglomeraciones para abordar  y sin saber a cuánto de inmediato se nota que va más rápido que el de la CDMX. Ginza es la zona centro de la capital, grandes edificios, tiendas muy lujosas y en promedio diríamos que los precios son caros. Compramos apenas algo y de nuevo al metro, ahora vamos a la estación Shibuya que es la primera (o la última) de la línea color naranja. Enorme estación en donde lo que se nos dificulta ahora es cómo salir.

Ya afuera nos topamos con nuestro objetivo: conocer el cruce peatonal llamado Scramble Kousaten. La fama tiene razón de ser. Confluyen cuatro calles igual de concurridas, cuando los semáforos marcan el alto a los vehículos, cientos de personas cruzan las calles en 47 segundos. De acuerdo al material que existe sobre el tema, son mil 500 cada vez, lo que hace que  en un día lo hagan ¡un millón de personas! El cruce del Eje Central con Madero en la Ciudad de México no tiene nada que hacer ante el de Shibuya.

Alentados por la guía –de quien nos despedimos desde el día de ayer- buscamos la estatua del perro  akifa color marrón de nombre “Hachiko”, que durante muchos años acompañó a su amo el profesor  Eisaburo a que éste tomara el metro en Shibuya para ir a dar clases a la universidad, mientras él  lo esperaba  para llegar juntos de regreso  a casa; pero un día el profesor murió en la escuela  de manera intempestiva y el perro lo esperó inútilmente. La espera duró diez años y en honor a su lealtad los vecinos le hicieron un monumento en donde ahora nos tomamos la foto de rigor.

Es hora de comer algo y hoy  nos decidimos por una pasta, acompañada de una cerveza. De buen sabor pero que servida en tarro nos impidió ver la marca y con la chica que nos atendió de plano nada en japonés y casi lo mismo en inglés.

Terminó la jornada de acuerdo a lo programado, revisamos el mapa  de la ciudad  para tomar el metro de regreso, nos percatamos que no estamos lejos del hotel y decidimos retornar a pie; la media hora calculada se convirtió en 90 minutos pero ya no hay forma de arrepentirse.  Muy cansados pero satisfechos llegamos con las primeras sombras de la noche. Y… listos para China mañana, si el Señor no dispone algo diferente. (Continuará)

 

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