22 de oct de 2017

*Esencias de Japón y China.

Por JOSÉ GUADALUPE RODRÍGUEZ CRUZ   Domingo 24 Para evitar contratiempos decidimos llegar a la Ciudad de México desde un


Por OFICINA | martes 3 de octubre del 2017 , 04:51 p.m.

Por JOSÉ GUADALUPE RODRÍGUEZ CRUZ

 

Domingo 24

Para evitar contratiempos decidimos llegar a la Ciudad de México desde un día antes del lunes 25 fecha de salida. A dormir con tranquilidad en  el departamento de San Rafael, sin poder borrar de la mente la catástrofe ocurrida apenas el martes 19 de septiembre con un fuerte temblor de 7.1 grados de intensidad. La capital del país  se comienza levantar dejando claro el espíritu solidario de los mexicanos que por miles participan en las labores de apoyo. Sí igual que hace justo 32 años.

Lunes 25

Viajamos por Air Canadá. Ya en la terminal 1 del  aeropuerto de CDMX. A documentarnos para abordar el vuelo 1985 programado para las 6 de la mañana. Es un airbus 319 para 192 pasajeros, varios asientos vacíos, tal vez al 80 por ciento de su capacidad, despegando apenas 10 minutos antes de las 7 para aterrizar en Vancouver, Canadá   cinco horas después, aunque el horario de las tierras canadiense nos indica que apenas son aquí   las 10 de la mañana. Curioso pero a pesar de  haber salido de la capital mexicana, en el avión  ya nadie utiliza el español. Inglés y francés, no hay más.

 Advertidos desde México que en Canadá no habrá que preocuparse por las maletas, sin dificultad alguna estamos ya listos para abordar ahora Boeing 767 de la misma empresa  para el vuelo 1951. Esta vez la nave está a su máxima capacidad de 282 pasajeros y despegamos  para el continente asiático a las 12 del  mediodía lunes. Ahora el 90 por ciento de los compañeros de viaje son de rasgos asiáticos. Y  a los idiomas utilizados habrá que agregar aquí el japonés, ¿el español? Ni las aeromozas.

Asientos cómodos y espaciosos. El viaje es largo y  al paso de las  11 horas que dura el trayecto, nunca vimos oscurecer ni amanecer de lunes a martes, pues en Japón van 14 horas después y  la hora local de aterrizaje marca que  en Osaka son ya las 3 de la tarde pero del martes 26.

Esta calurosa y despejada la tarde en esta ciudad que es una de las más importantes de Japón. En migración  se nos requiere que abramos las maletas, después de revisarlas minuciosamente, pasamos el incómodo momento y afuera nos espera una dama que nos ha de guiar de aquí al hotel. Antes le pedimos tiempo para cambiar la moneda. Un dólar por 109 yenes.

Salimos del aeropuerto –construido en una isla artificial- y abordamos un bus  lleno a su capacidad que durante una hora va bordeando la bahía llena de industrias de todo tipo, con enormes edificios y  a lo lejos  podemos  advertimos lo que nos habían dicho distingue a los japoneses: todo está muy limpio. El  volante de los autos, como en Londres, va del lado derecho y la circulación al lado izquierdo.  Un buen número de gente viaja en bici pero aquí sobre las banquetas que son muy amplias.

 La guía nos dice que estamos en el centro sur de la ciudad, bajamos del bus para abordar un taxi que por 20 minutos más y a  cambio de 2504 yenes que ella  paga,  nos deja a las puertas del lujoso hotel New Otani Osaka.  Con su apoyo, quedamos hospedados y se despide, no sin antes advertirnos que aquí no hay necesidad de propinas y nos sugiere  en un claro español, descansar porque mañana “comenzamos a  las nueve  y ya desayunados”

  Entre una cosa y otra son  las seis de la tarde  -ya comienza a oscurecer- y después de ocupar la habitación 937 en el noveno de 19 pisos que tiene el hotel,   vemos con curiosidad  que a manera de saludo, el personal del hotel al cruzarlos en pasillos y escaleras, inclinan  levemente la cabeza hacia adelante como una pequeña reverencia   a manera de saludo.

 Poca gente por las calles. Notamos que los hombres en su mayoría usan camisa clara y pantalón oscuro, se siente calorcito húmedo y después de tantas horas sentados y muchas de ellas durmiendo, han sido 24 horas de un largo   y cansado viaje, regresamos al hotel, no sin antes descubrir  una peluquería   y solicitar   -a señas- el servicio, en  unos 20 minutos estamos listos con el pago de mil yenes. Es hora de dormir.

Miércoles 27

Por supuesto que el cambio de horario nos causa estragos, pero nos cayó muy bien el descanso. Son  apenas las 5.30 y ya hay luz del día de esta mañana del otoño que acaba de llegar. Hace calor,  al asomarnos por la ventana nos percatamos con gusto que estamos muy cerca del Osaka Castle Park y sin pensarlo allá vamos a trotar para no perder la costumbre.

Es enorme, más de cien hectáreas de un área arbolada, con un río que la atraviesa, espacios para diversos deportes, el béisbol aquí sí es el rey, auditorio, mucha gente camina y corre;  frente al enorme y bello castillo de Osaka, hay una sesión de ejercicios digamos que livianos para tal vez 300 participantes en su mayoría gente de la tercera edad.

De vuelta al hotel, y no sin antes  padecer un poco por no hallar el regreso dentro del enorme parque, nos alistamos para desayunar. Alimentos variados –de aquí y de  allá-. Yo fruta, un omelet, jugo de piña, leche y pan y en punto de las  nueve de la mañana estamos listos a las puertas de hotel.

Se presenta  la joven japonesa Akiko Hashimoto como nuestra guía  y en un claro español nos indica que las maletas se van por separado. Del hotel además de nosotros dos salimos unas diez personas más entre ellos José Anastacio un joven  mexicano  con el que llegamos ayer, el resto  son matrimonios de españoles y argentinos.

Es un bus amarillo “Nihon Kotsu” la leyenda en sus costados. Como dato curioso el techo es bajito, sin duda tomaron en cuenta la altura promedio de los japoneses; yo no tengo  problemas  por supuesto, pero hay un par de españoles que tienen que caminar agachados.

La temperatura ambiente es de 28 grados y hoy somos 23  pasajeros. Al salir del hotel el recorrido comienza justo en el castillo que yo recorrí por fuera  hace unas tres horas. Se  nos dice que es hoy un museo pero no entramos. Fue un tempo budista y está rodeado de una especie de muralla de piedra.

Osaka es la tercera ciudad en importancia de Japón, tiene casi nueve millones de habitantes. Edificios enormes,  distingue la limpieza en todos lados y resulta curioso pero no hay cestos para la basura. Hacemos parada  para subir al  enorme edificio Umeda Sky   para conocer el “jardín flotante”, por cierto no hay tal pero desde arriba a 173 metros de altura  se puede ver casi toda la ciudad.

Es hora de continuar y salimos hacia Nara,  carreteras en excelente estado, las vemos  tal vez un poco más angostos que en México, pero en muy buenas condiciones, sin olvidar que el volante en los vehículos está del lado derecho y se maneja por la izquierda. En  menos de una hora llegamos a nuestro destino inmediato que el templo Todaiji con su enorme imagen de Buda, se dice que es en madera la más  grande del mundo.

Cientos de turistas, la  gran mayoría de rasgos orientales y entre ellos  grupos de niños con sus uniformes escolares. Japón es un país que  en su mayoría práctica la religión budista, pocos cristianos y menos católicos. La zona que rodea el templo le llaman “El Parque de los Ciervos Sagrados”, vemos a  decenas  que conviven con los visitantes en espera que les demos algo de comer. Hay negocios  que venden  una especie de panecillos para darles, pero se debe hacer rápido y con cuidado o  los animalillos se te echan encima para exigirlo.

En el mismo  Nara es hora de comer y la guía nos lleva a probar la comida tradicional. En algunos restaurantes como el de hoy es necesario quitarse los zapatos, como requisito para entrar limpios. El platillo elegido es suki aki. Es ternera que sirven en una parrilla puesta al fuego con verduras. Antes arroz blanco hervido. A tratar de comer con palillos, pero no es fácil. Agua simple de tomar, aunque también hay cerveza y vino a escoger. De postre sorbete de lima  y al final  té verde. Satisfechos y a seguir el camino.

En pocos minutos llegamos a Kyoto  pero  antes  visitamos el santuario Shintoísta de Fushimi Inari. También con mucha gente, varias mujeres vestidas de geishas.  Aquí no hay dioses sólo cientos de especie como de puertas pintadas en color naranja y de diversos tamaños.  También varias figuras de zorro.

Son poco más de las 6 de la tarde, todavía  sin poder acostumbrarnos del todo al cambio de horario, llegamos al hotel Nikko Princess. La habitación en piso 12 a descansar un rato para salir a caminar, pero  no hay, tal nos quedamos dormidos para esperar el jueves. Hasta mañana.

Jueves  28

La cita es a las 8.15 de la mañana ya desayunados; estamos muy puntuales para partir al templo Tenryuji, el llamado “templo celestial del dragón”, hoy es sede  de la escuela Rinzai del Budismo Zen, estamos en medio de un bosque de bambú de Arashiyama  nos ofrece una vista pintoresca y fascinante. Una hora en el bello lugar y nos encaminamos enseguida a otro templo, este es el Kinkakuji o pabellón dorado. Es un edificio de tres plantas al que no se tiene acceso, funciona como shariden y guarda las reliquias de Buda. El último punto a visitar es el castillo  de Nijo.

Después de comer disponemos de la tarde, caminamos por varias calles de Kyoto, recorremos el barrio de Gión  con la posibilidad  -que no ocurre- de encontrarnos con alguna  Geisha o cuando menos  a  una  aspirante a tal conocidas como Maikos. Antes la guía nos  había aclarado  que  cuando hablamos de estos enigmáticos personajes, no debemos pensar en prostitutas como algunas veces  se ha querido hacer creer. Cambiamos de barrio en Kyoto para   conocer parte de su importante vida comercial. Y a dormir porque la caminada de hoy fue considerable.

Viernes 29

Hoy estaría cumpliendo cien años de vida mi señora madre, hace nueve años se fue al cielo. ¡Qué diera por poder platicarle a doña Fer  de lo que hoy  estamos conociendo por estas tierras!

(Continuará…)

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