22 de jul de 2018

*En corrupción vamos de mal en peor.

Sin duda el tema de la corrupción es junto con el de la inseguridad dos de las mayores preocupaciones de todo gobierno en México y por e


Por OFICINA | martes 27 de febrero del 2018 , 05:50 p.m.

Sin duda el tema de la corrupción es junto con el de la inseguridad dos de las mayores preocupaciones de todo gobierno en México y por ende se convierten  durante  el importante proceso electoral que  vivimos, en bandera para que los partidos políticos la usen a su conveniencia y la de sus candidatos, por más que todos ellos procuren deslindarse de actos que tienen que ver  fundamentalmente con el deshonesto actuar de muchos de sus militantes en su paso   por el servicio público.

Es el caso por ejemplo del candidato –y dueño de Morena- Andrés Manuel López Obrador quien ha anunciado una serie de acciones que de conseguirlo convertirían a México en otro país muy diferente al que hoy vivimos. Sin embargo a fuerza de ser realistas seguramente a muchos de nosotros nos dejaría sobradamente complacidos –en caso de ganar- con terminar o cuando menos combatir con eficiencia la corrupción y la impunidad que son parte de sus  muchas promesas.

No quiere decir que los otros no nos importen, pero cuando se compromete a vender el avión presidencial o a convertir Los Pinos en un enorme centro para la cultura y las artes y no sea ya más la residencia presidencial, pues qué bueno  que así lo haga, pero  nos interesa muy poco que haga o no este par de acciones; por el contrario si avanza en contra de la corrupción y la impunidad allí sí lo veríamos al lado de grandes figuras de la  historia  de los mexicanos.

Y es que por enésima vez insistimos que la corrupción es el mal que día a día está acabando con una nación como la nuestra y no hay poder o gobierno que sea capaz de atender con eficiencia el tema, sino al contrario, hay resistencia de todos lados y de todo tipo para implementar ya  -por ejemplo- el llevado y traído nuevo Sistema Nacional Anticorrupción.

Y las cifras no mienten, en reciente información que publica Transparencia Mexicana, somos el país peor evaluado entre las naciones del G20 y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). En el mundo estamos en la posición 135 de 180 países analizados. Hace un año  ocupábamos el lugar 123, es decir en  doce meses perdimos un lugar por mes. ¡Qué les parece!

El índice  que lleva a cabo Transparencia Mexicana  y Transparencia Internacional revela que la calificación de México empeoró. A nivel regional estamos  entre las peores posiciones de América Latina y el Caribe, por debajo de Brasil, Argentina y Colombia y a la altura de naciones como Honduras y Paraguay. 

De acuerdo a este análisis, resulta interesante saber  que si bien es cierto México ocupó el  sexto lugar de 102 países dentro del índice de transparencia presupuestaria 2017, ello por sí sólo no significa que haya una reducción o combate con buenos resultados de la corrupción.

Lo anterior es porque sin acciones sistemáticas para desmantelar las redes de corrupción, será complicado que México mejore en las evaluaciones internacionales sobre corrupción e impunidad. En el estudio de referencia se hace hincapié que en países como Chile o Uruguay, que se ubican en mucho mejor lugar que México, las fiscalías anticorrupción con capacidad de investigación y persecución de los delitos, son en verdad independientes del gobierno en turno.

¿Qué esperamos para echar a andar  aquí estos sistemas? No se necesita ser un experto para entender que si de verdad el gobierno en turno (los que ya casi se van o los que este mismo año llegan) quiere comenzar a ganar la confianza de la gente, se requiere tomar decisiones que permitan comprobar que está dispuesto a ello.

Efectivamente estamos en el último año de un sexenio del gobierno federal que camina con los peores índices de aceptación ciudadana. Dicen que sólo uno de cada diez mexicanos aprueba la administración de Peña Nieto. Tal vez ni cuando Salinas de Gortari o  cuando Vicente Fox, la gente estaba tan a disgusto con su gobierno.

Y es que no podemos decir que  con Enrique Peña no se ha avanzado. Se tienen buenos niveles en materia de  fuentes de empleo;  instituciones públicas tan importantes como el IMSS, han mejorado y dicen que hasta  saneado sus finanzas. Se han dado pasos fundamentales en materia de telecomunicaciones, en la educación y aunque todavía hay mucho por hacer, algo se  ha avanzado con Pemex y/o en CFE.

Pero todo lo anterior se olvida si en materia de corrupción nos enteramos que funcionarios de los más altos niveles y en no pocas veces funcionarios de “medio pelo”, en su paso por encargos públicos, resuelven sus problemas económicos de ellos y de las tres generaciones siguientes, gracias a la llevada y traída corrupción. ¿Casos? Para donde volteemos los encontramos, en todos los partidos, en todos los gobiernos.

Que los partidos políticos y sus candidatos entiendan: La clave para ganar la elección  está en proponer y llevar a cabo una verdadera cruzada para terminar con la corrupción, pero claro que  quien lo haga no tenga una larga cola que  le puedan pisar sus adversarios.

¿Quién se atreve a prometer lo que esté en verdad  dispuesto a cumplir?

Por hoy es todo, nos leemos en la próxima entrega, pero… En Confianza.  *NI*  

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