23 de nov de 2017

En Confianza 15/11/2017

*Esencias de Japón y China (4 de 5).   Jueves 5 Entramos  a la recta final del viaje y hoy nos despedimos de Pekín como&nbs


Por OFICINA | martes 14 de noviembre del 2017 , 05:59 p.m.

*Esencias de Japón y China (4 de 5).

 

Jueves 5

Entramos  a la recta final del viaje y hoy nos despedimos de Pekín como  también se le conoce a la capital del país más poblado del mundo. Las cifras oficiales dicen que son  mil 300 millones de chinos, pero se calcula que ya llegan a mil 500, con todo y que hoy en día las familias tienen uno o dos hijos,  tal vez al paso de los años sus índices poblacionales vayan a la baja.

Ya se nos había dicho que  en estos días son de fiesta para los chinos, mucha gente de vacaciones por ello y en consecuencia los lugares turísticos más concurridos que de costumbre. Son chinos que vienen del interior, de otras provincias, nos han dicho.

Antes de salir para Xi-an hay tiempo de ir a trotar en un parque cercano al hotel; de regreso es hora del desayuno para que a las 11 estemos listos para que a bordo de una camioneta cerrada nos lleven a los cuatro a la terminal del ferrocarril. En 40 minutos llegamos sin problemas, es un enorme edificio con  gente que va y viene por todos lados.

Desde el  primer filtro nos piden nuestro boleto y el pasaporte, de manera tal que a la terminal no entran más  que los que van a viajar; luego por un arco detector y ya estamos en la sala de espera con un enorme anuncio luminoso nos indican que a la una y media será la hora de abordar. Así ocurre y en punto de las dos de la tarde el tren inicia su camino de mil 200 kilómetros a  Xi-an como reza en el propio ticket.

Nosotros vamos en el vagón siete, nuestros compañeros de viaje en el ocho.  A una velocidad de 310 kilómetros por hora según podemos leer en el propio vagón, en cerca de cuatro horas y media llegamos a nuestro destino a bordo del tren de alta velocidad que  antes solamente hizo una parada  de tres minutos en Sheng Shou Dong.

Ya nos recibe un hombre alto de unos 50 años que en un perfecto español se presenta con nosotros y nos dice  “me llamo Juan y les acompañaré es su estadía en este lugar lleno de historia china”, nos dice al tiempo que nos acercamos al estacionamiento de la terminal en donde ya nos espera a bordo  de una camioneta negra el conductor que solicito baja para ayudarnos a subir las maletas y nos vamos con dirección al Titan Times Hotel.

Durante el camino nuestro guía nos habla de varios temas, no solamente de la cultura china, sino que comenta sobre ¡Benito Juárez y Emiliano Zapata! Confiesa que en esta parte de  China contrario a lo que pasa en el resto del mundo “incluyendo seguramente a México” no consumen productos de Cantón, es mercancía de muy mala calidad y casi toda se va al exterior. En la región cantonesa viven los chinos más ricos del país, el 80 por ciento de sus 65 millones de habitantes son comerciantes, nos sigue platicando Juan.

Al tiempo que nos llena de datos interesantes, reconoce que en Cantón los chinos son en su mayoría analfabetos. Saben hablar y hacer negocios sobre todo -son muy buenos- pero no van a la escuela, desde muy chicos sus papás los involucran  al negocio y no en su educación, reconoce este guía que nos hace olvidar el mal momento de su colega de Beijín. A descansar porque  Juan  nos cita para comenzar 7.30 de la mañana.

Viernes 6

Son apenas las 6.30 de la mañana, todavía no amanece por completo y ya en el  desayuno porque justo a la hora planeada  iniciamos el recorrido. Nuestro culto guía que confiesa es profesor universitario lo que le permitió hace 17  años ir a México en un intercambio académico con la UNAM,  hoy nos habla que Xi-an también tiene su muralla al tiempo que nos  la señala. Son  16 kilómetros que rodean a la ciudad vieja.

Hoy visitamos Terracota, el lugar  se localiza a 50 kilómetros de distancia. Amplias y bien conservadas autopistas por donde  pasamos  una o dos casetas pero no vemos que haya pago alguno, si acaso el chofer apenas disminuye la velocidad al cruzarlas, lo que pudiera servir para el pago a través de tarjeta.  El primer punto es una especie de tienda-taller en donde  vemos cómo trabajan  el barro, en donde los soldados de todos tamaños son el producto que les distingue.

En seguida llegamos al sitio esperado. Como en otros lados cientos –más bien miles- de turistas, el pago indicado y se ven tres grandes techumbres  que son las tumbas.  Son  miles de  figuras de  guerreros y caballos a tamaño real en terracota, fueron enterrados en la época del primer emperador de China Qin Shi Huang y descubiertas apenas en 1974. El lugar es patrimonio de la humanidad desde 1987.

El lugar es impresionante, cada una de las figuras tiene rasgos y características diferentes. Bigotes, peinado, jóvenes, viejos. Con uniformes militares que reflejan su rango. Se nos dice que las figuras fueron de colores vivos y brillantes pero a su exposición con el aire, los colores se pierden, de allí que ya no se busca más figuras sino hasta que los adelantos de la ciencia permitan conservar esta peculiaridad.

Estamos de regreso en Xi-an. En el trayecto Juan nos habla que China tiene casi 10 millones de kilómetros cuadrados de superficie y que a partir de la Revolución de 1949 –aunque de forma más evidente en los últimos 30 años-  vive un desarrollo que hoy lo tiene convertido en uno de los países más poderosos del menudo.

 Apenas desde hace algunos años para acá el gobierno lleva un estricto control natal, que hoy tiene a las familias con un solo hijo en promedio. “Somos un país machista, el  recién nacido varón es bienvenido al hogar, no así las mujeres”.

Ya en la ciudad comprobamos el estilo de manejo de los conductores. Tal vez decir que todos podríamos pecar de injustos, pero lo que alcanzamos a ver comenzando por el propio, nos parece increíble. A toda velocidad, se atraviesan  unos y otros autos de todos tamaños, el claxon a cada momento, gente en bicicletas y motos al igual. ¡Es la locura!   Nos parece que el  taxista más “cafre” de la Ciudad de México, aquí de plano no avanzaría o pecaría de demasiado decente.

¡Ah! y los peatones en el mismo estilo, es una vía rápida se atraviesan como si nada,  checando su celular o platicando animadamente. Destacamos que a pesar de esta forma de conducir, después del cerrón o del insistente toque de claxon o de la bici o moto que se atraviesa imprudentemente, nadie reclama nada. Cada quien sigue su camino.

Ahora llegamos al almuerzo. Estamos en un enorme restaurante-teatro llamado “Teatro del Baile y la  Música de la Dinastía Tang”. Nos asignan una mesa para los cinco, es bufet con un incontable número de platillos. De inmediato se nota que es un lugar sobre todo para turistas, alcanzamos a distinguir a españoles y gringos, pero sin duda hay de otras nacionalidades.

No hay tiempo que perder y con  la invitación-sugerencia de Juan  -que aceptamos- de regresar en la noche a un espectáculo  de teatro, ahora nos vamos a conocer la Pagoda de la Oca o Ganso  Salvaje.  Juan  el guía nos explica que data del año 700 de la era antigua durante la dinastía Tang. En otros tiempos para los practicantes del budaísmo, después para los seguidores de Confucio, religión que nos dice hoy practica la gran mayoría de los chinos.

Es una amplia superficie de casi 20 hectáreas. Se destaca el antiguo templo de Jianfu, una enorme campana – de cinco yuanes el costo por hacerla sonar tres veces- y seis  muy viejos árboles que datan de la época de su creación. Entre otros espacios hay una especie de taller en donde recibes una breve clase de la escritura China de trazos y líneas que es tan complicada como se ve.

El recorrido de hoy sigue  en Xi-an y estamos ahora en el barrio musulmán, el guía nos da una hora y media para recorrerlos y por la calle principal, vemos sobre todo alimento, carne cruda de cordero, cerdo, res, de ¿perro?, de conejo, de pollo,  mariscos de todo tipo. Abunda la granada y  el caqui. El lugar está lleno de clientes, la gran mayoría de ojos rasgados, qué curioso aquí nosotros somos los extraños. Se avanza con dificultad y es incontable la variedad de productos. Hasta huevos negros vimos.

Termina la visita y estamos a tiempo para “Shaanxi Sunshine Lido Grand Theatre”. La entrada está fuera de programa y el costo es de 430 yuanes por persona con derechos a cena,  la conversión es de aproximadamente  6 yuanes por cada dólar. En una cena muy ligera que gira alrededor de rabioles en sus diferentes preparaciones preparados al vapor, todos sabrosos pero los hervidos simplemente exquisitos.

Después de la frugal cena pasamos al teatro, no grande tal vez para  menos de 500 personas, lleno también con turistas, y por poco más de una hora disfrutamos de  11 números de  leyendas chinas con 50 actores –mujeres y hombres- en escena de la “Tang Dynasty´s Customs” que nos permite apreciar vestuarios, luces, colores, música, baile, etc., de este país lleno de historia.

El día ha sido intenso pero nuestro guía antes de llevarnos al hotel nos invita a dar un paseo en el vehículo para apreciar el juego de luces que rodea a la muralla y a muchos de los edificios y calles de esta ciudad de Xi-an. Pero hay que descansar porque mañana la jornada empieza 4.30 para salir en tren a Shanghái. (Continuará…)

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