15 de dic de 2017

En Confianza 06/12/2017

*Esencias de Japón y China (5 de 5).   Sábado 7 A las 3.30 de la madrugada arriba y después de las 4 ya estamos en el lob


Por OFICINA | martes 5 de diciembre del 2017 , 05:57 p.m.

*Esencias de Japón y China (5 de 5).

 

Sábado 7

A las 3.30 de la madrugada arriba y después de las 4 ya estamos en el lobby del hotel, entregamos la habitación y ya con Juan nuestro guía, nos vamos los cuatro por diferentes rumbos. Primero nos llevan a nosotros a la estación del ferrocarril y en seguida a la pareja de paisanos que van con el mismo destino pero por avión.

China le hemos conocido apenas un poco por lo que vemos, por lo que nos dicen y por lo que preguntamos. Curiosamente a ningún chino le hemos visto el pelo quebrado y tampoco con barba. Con todo y que dicen practicar alguna religión, parece que para la gran mayoría de ellos no es lo más importante. Lo que sí es importante e increíble es su enorme crecimiento económico y  del cual se muestran sobradamente orgullosos.

Hoy son  ya 10 minutos antes de la cinco y la enorme estación abre sus puertas a las 5.30 para  puntualísimos salir a Shanghái a las 6 con 24 minutos en nuestro ya conocido tren de alta velocidad. El viaje está programado para durar seis horas, sin embargo a diferencia del que hicimos para llegar a Xi-an, en donde sólo hizo una parada; ahora le contamos doce, tal vez por  ello llegamos hasta la 1.30, pero ya estamos aquí en esta enorme ciudad  llamada “el paraíso de los aventureros” con 25 millones de habitantes.

Advertidos de salir por la puerta sur pues de equivocarnos  podríamos no encontrarnos con la guía y ello atrasarnos por varias horas dado el tamaño de la terminal férrea, localizada por cierto junto a uno de los dos aeropuertos de la ciudad, pero ya nos encontramos con una dama de arriba de 50 años, de hablar pausado pero entendible su español y comedida nos guía por diez minutos hasta llegar a uno de los estacionamientos en donde ya está una camioneta cerrada de modelo atrasado con conductor a bordo.

Ya camino al hotel nos llena de cifras y datos sobre la ciudad que comenzamos a conocer. Nos muestra la Shanghái Tower, enorme edificio que es apenas el segundo más alto del mundo. Le preguntamos por qué no vemos nunca el azul del  cielo y  con un dejo de preocupación reconoce que el tema de la colusión aquí, en Beijín y en otras grandes ciudades de su país, “es sumamente grave”. La temperatura  es agradable  de 28 grados y en poco más de media hora ya nos estamos instalando en  Jin Jian Tower.

Acordamos con Fanny que fuera de programa y para aprovechar la tarde libre nos llevara a dar una vuelta  en barco por el río Huangpo, por lo que después de comer algo, nos encontramos en el hotel y volvemos a saludar a nuestros amigos de la ciudad de México que llegaron  un par de horas antes que nosotros.

Son las 4.30 y nos vamos a conocer algo del centro de la ciudad. La gente va y viene en varias calles cerradas al paso de vehículos, grandes almacenes con precios que parecen elevados, después ya casi a las siete estamos  en el muelle para abordar un barco que nos hace recordar a los tradicionales yates de Acapulco. Va a toda su capacidad, tal vez 300 personas.

Por una hora recorremos las aguas de este caudaloso río  y en el  trayecto la guía nos platica de varios edificios que bellamente iluminados ofrecen un bello espectáculo. Nos entera también que este río es para embarcaciones no mayores a la nuestra; hay otro río,  el  Yang Tze para naves de mayor calado y para los enormes barcos que el año pasado movieron la friolera de 27 millones de contenedores, están los muelles  en el mar de  China. Antes de regresar al hotel conocemos el barrio francés,  y a dormir porque el día ha sido demasiado largo  y pesado.

Domingo 8

La gira está llegando a su fin y hoy después de ir  a trotar un rato, a bañarse, desayunar y comenzar en punto de las 9.30. Por primera vez de los días que llevamos en  China, hoy  podemos ver el azul del cielo. Parece que la colusión que los agobia también descansa en domingo. Mañana calurosa y   ya en centro de Shanghái llegamos al  Peace  hotel. Lugar lleno de historia de un inglés que sin saber ni siquiera escribir, hizo su fortuna a principios del siglo pasado y por muchos años este fue el edificio más alto de la ciudad; escenario también de varias películas incluso gringas.

Caminando llegamos al malecón que para entonces ya comienza a recibir sus primeros cientos de paseantes. Es un bello lugar que ayer vimos  por la noche pero desde el río Yang Tze, hoy lo recorremos a pie y Fanny nos hace saber que a raíz de una reunión de los 20 que juntó a los jefes de estado más poderosos del mundo, el lugar fue bellamente remodelado. Entre los puntos  obligados para la foto, un toro como el de Wall Street de Nueva York.

Subimos al vehículo para ir al barrio Yuyuan, el de la larga vida el que proporciona salud y tranquilidad. Creado por Pan Yun Duan para sus padres durante la dinastía Ming entre  1559 y 1577. A  la muerte de su creador, el lugar cayó en el olvido hasta 1760  que  lo compra un grupo de comerciantes y recupera su esplendor. En 1957 inició su restauración y en 1982 fue declarado monumento nacional.

Ahora vamos a la Casa del Té chino, Qitai Tea. La guía nos acerca con una dama que nos sienta frente a ella con una mesita acondicionada para preparar el té. En inglés nos muestra el mecanismo y nos da una “probadita” de varios de ellos: el de lichi, de jazmín, verde y  el negro, al tiempo que nos explica las cualidades y beneficios que nos puede traer su consumo.

La jornada ha terminado, son cerca de las tres de la tarde y los cuatro estamos de acuerdo en irnos de compras, la guía nos lleva a media hora en carro a  un enorme y lujoso mall, Global Harbor su nombre, advertidos que el regreso  al hotel será por nuestra cuenta, por lo que le ponemos especial atención cuando nos explica cómo viajar en el  metro y no perdernos.

 Bajamos, subimos y algo recorrimos del enorme centro comercial de tal vez 10 pisos, tres  de ellos subterráneos, donde hay desde la venta de lujosos autos, hasta galerías de arte, pasando por supuesto por tiendas de ropa y restaurantes, para todos los gustos, pero eso sí para carteras muy abultadas.

La otra opción para regresar al hotel es tomar un taxi que nos cobraría 35 yuanes aproximadamente, pero no vamos a perder la oportunidad de perdernos en el metro. Nuestra primera prueba es poder pagar en las máquinas para obtener el ticket. De plano  tuvimos que pedir ayuda y como el idioma chino nada más no, pues no fue sencillo, pero ya conseguimos entrar al andén de la línea rosa número 13 en la  estación Jinshajiang y  debemos bajar nueve estaciones después en la Huaihai.

El viaje de 20 minutos nos permite disfrutar de vagones limpios, si no nuevos, sí muy bien conservados y lo increíble en una ciudad con varios millones de habitantes más que nuestra capital del país, con asientos y espacio  disponibles, bueno hasta con lugar suficiente para tomarnos  fotos en diferentes poses. Encantados del viaje por 4 yuanes  cada uno, al llegar hay que abordar una enorme escalera eléctrica  y arriba buscamos la puerta 3 indicada que nos deja justo frente al hotel.

Hay  todavía buena luz del día y  la zona está también llena de negocios, así es que subimos a lavarnos las manos y a caminar otro rato por sus alrededores. Tal vez  comprar algún  recuerdo y a comer en el mismo restaurante de ayer con especialidad  en comida de Hong Kong.  Para saborear lo que nos indicó no el paladar, sino al azar en el menú: Fried rice black trufle and chicken,  fried rice noodles with sliced beef y honey glazed barbecued pork rice para los dos, acompañados de té verde, todo a un buen precio de 159 yuanes.

El día terminó y con él las vacaciones por Asia.  Mañana lunes 9  antes de mediodía salimos del hotel con rumbo al aeropuerto y embarcarnos al filo de  las 4 de la tarde con destino a México. Igual que de venida, haremos una escala en Vancouver, Canadá, para estar en la CDMX  a alrededor de las 10 de noche del mismo lunes, porque a pesar de las cerca de 17 horas de vuelo, el cambio de horario nos hará “ganar” alrededor de 12. Allá nos vemos Dios mediante.   *NI*

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