23 de nov de 2017

En Confianza

*Esencias de Japón y China (3 de 5).


Por OFICINA | martes 31 de octubre del 2017 , 03:54 p.m.

Lunes 2

La jornada comienza a las 6.45 de la mañana de manera que apenas después de las seis ya estamos tomando algo a manera de desayuno. Y sí un cuarto antes de las  siete una chica boliviana después de presentarse nos sube a un taxi para llevarnos en 35 minutos de recorrido por Tokio, a buena velocidad sin problemas de tráfico, a la terminal de buses de donde a las 7.30 partimos al aeropuerto de Narita a donde llegamos  en punto de las 8.20, por una autopista  en muy buenas condiciones como todas, con mucho tráfico  pero a una velocidad uniforme de 80 Kms. por hora aproximadamente.

Con  la seguridad  que da  el dedicarse a esto, la chica de nombre Yumi nos conduce al mostrador de  China Eastern y sin problemas con su ayuda  documentamos  y en punto de la hora prevista,  a las 10.55 el avión  tipo A321 comienza a tomar la pista de salida, movimiento que inusualmente dura media hora para que a  las 11.25 finalmente despeguemos.

Con sorpresa vemos que el avión aterriza tres horas después y no en Beijing sino en Shanghái. Con dificultades por la barrera del idioma y sin saber a ciencia cierta por qué, pues el itinerario no lo marcaba así,  bajamos, subimos, salimos, entramos todo  dentro del aeropuerto y una hora y media después de llegar, ya estamos otra vez ¡en el mismo avión! que alza el vuelo y en menos de dos horas  el aterrizaje pero ahora sí en la capital de  China.

Hay cambio respecto al horario de Japón y en lugar de  14 ahora son 13 horas antes que en territorio mexicano. Un hombre mal encarado –que no habla inglés y menos español-  nos recibe y en lujoso auto negro en 40 minutos de viaje  nos lleva  al hotel New Otami Chang Fu Gong.

En el trayecto nos pone al teléfono con una dama que se presenta como Fernanda,  quien nos dice que será nuestra guía y aprovecha para decirnos que mañana la cita es a las  8.30 de la mañana y que aquí hay que dar propina, nos sugiere que sean 50 yuanes para el chofer, moneda china que hoy se cotiza a 6.25 por cada dólar.

Hasta el piso 19  está nuestra habitación y después de dejar las maletas, bajamos al restaurante para comer-cenar algo. Un par de ensaladas, también dos refrescos, café para ambos  y una rebanada de pastel entre dos, 325 yuanes más el 10 por ciento de la  propina que a querer o no ya viene  desglosado en la cuenta, 357.50 el  total. Comprobamos que la señal del internet es mala  y a dormir.

 Martes 3

Con la hora de diferencia en el horario, ´en Beijín o Pekín amanece  a las 6, a trotar un rato hasta antes de las 7 para   desayunar y a las 8. 30 ya listos para el recorrido de hoy que inicia con la guía de Fernanda,  en una camioneta cerrada de color azul con  chofer que sólo habla en su idioma con la propia guía. Vamos cuatro, ahora acompañados por  un matrimonio de jóvenes mexicanos que  también llegaron ayer pero procedentes  de Vancouver.

Llegamos al llamado Templo del Cielo, obra construida por 1420, es el mayor templo en su clase  en toda la República Popular China, tanto la dinastía Ming como la Qing lo utilizaron para adorar dar  y gracias  al cielo  por sus cosechas. Desde 1998 está considerado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Beijing está de fiesta la primera semana de octubre, del 1 al 8 es la fiesta nacional  y la fiesta del medio otoño,  y por ello -de acuerdo a la guía-  hay más turismo que de costumbre. Ello de acuerdo a su experiencia le hace cambiar sus planes y  sin inconveniente de parte nuestra decide adelantar para hoy la visita a la Gran Muralla China. Antes, hacemos un alto para comer. Es un enorme restaurante, que en ese momento atiende cuando menos a 200 personas.

Son casi 7 mil kilómetros de Muralla, nosotros vamos al punto  más cercano que es Jun Yong Gnen, a 70 kilómetros de la capital, conforme nos acercamos el tráfico se hace más pesado, al grado que al quedarnos completamente detenidos y ya cerca del lugar, decidimos continuar caminando y  ya lo hacemos  por la orilla de la autopista.

A las 3 de la tarde por fin llegamos, la guía nos muestra el camino  señalando para el cerro en donde serpentea la enorme mole de piedra construida del siglo V a. de C.  hasta el XVI de esta era, tuvo la finalidad de proteger el imperio chino durante las sucesivas dinastías imperiales de los ataques de los nómadas de Mongolia y Manchuria. Este lugar en sus diferentes puntos es con mucho el lugar más visitado por  millones de personas de todo el mundo.

 Sin mucho pensarlo allá vamos camino para arriba. El muro va de diferentes anchos desde dos  hasta  cinco o seis  metros; de alto son entre cinco  y  siete metros, en su parte superior escalones de diversas alturas hechos   a base de  piedra negra de forma rectangular y de un grosor de no más de 10 centímetros.

 En hora y media hacemos la ruta de ida y vuelta; a lo largo del camino y sin tener la misma distancia una de otra, pasamos entre seis u ocho  descansos, tres parecen torres, unas cerradas,  en otra hay una tienda  de suvenires  y hasta una especie de torre del amor. A la bajada entre torre y torre la cuenta de los escalones recorridos sumó 1685 y habrá que contarlos al doble, de manera tal que el sudor está más que justificado. ¡Valió la pena!

De regreso a Beijing pasamos a conocer por afuera dos de los más importantes escenarios de la Olimpiada en el 2008,  lo que ahora vemos nos hace imaginarnos lo que fue hace nueve años la más importante justa deportiva del mundo. Y separados  apenas por una gran avenida, la guía nos muestra un enorme y bello edificio hoy convertido en hotel de ¡siete! estrellas que fue el alojamiento para los miles de deportistas.

Antes de regresar al hotel y para cumplir puntualmente con el itinerario, vamos a ver un espectáculo de acróbatas, cuyos asistentes son en su gran mayoría turistas como nosotros. Es de apenas media hora la función, llegamos un poco tarde pero alcanzamos a ver a un grupo de jóvenes con números circenses  que nos hacen recordar el “Circo Chino de Pekín”, tan sonado por los rumbos de México. El recorrido por hoy ha terminado, con la amenaza de comenzar mañana a las siete. Es hora de descansar.

Miércoles 4

La propuesta de madrugar fue aceptada y en su momento cumplida. En punto de las siete salíamos los cuatro a nuestra ruta de hoy a bordo del mismo vehículo  y con el mismo conductor; el primer punto es pasar por la guía quien prefirió no madrugar tanto y después de casi una hora de viaje la recogemos en una estación del metro en donde por cierto hubo que esperarla unos minutos más.  He de reconocer que esta vez la guía de plano no ha sido lo mejor.

En pocos minutos llegamos al Palacio de Verano. El jardín de la salud y la armonía, está situada a unos 12 kilómetros en las afueras de Beijing. Son 300 hectáreas, cien de las cuales las ocupa un lago artificial que recorremos  a bordo de una embarcación para unas 50 personase con la forma de dragón. 20 yenes el pago por persona y la travesía dura 10 minutos aproximadamente.

Nos parece muy temprano, pero la guía nos lleva a probar el pato laqueado a manera de almuerzo. De buen sabor un platillo que no es desconocido en México. Fuera de programa estamos de acuerdo en visitar el centro médico estatal de  medicina tradicional china. Una breve conferencia de un hombre que nos dice tiene 83 años, pero que aparenta mucho menos, para hablarnos de la benevolencia  para la salud de esta disciplina.

Ahora el masaje  en los pies a cargo de unas jovencitas que hay que corresponder con una propina de 40 yenes. Al tiempo que  otra dama, nos toma el pulso, nos hace varias preguntas, un rápido diagnóstico  que en términos generales nos parece certero y nos da la receta para comprar aquí mismo los medicamentos. Queda a discreción nuestra hacerlo  o no, pero sin duda la cosa parece seria en tratamientos tan comunes como la diabetes, la hipertensión, el cáncer y  la obesidad.

Después de la visita médica, nos encaminamos a la plaza de Tiananmén, es una especie de Zócalo de la Ciudad de México, pero mucho más extenso. En sus extremos enormes edificios de las oficinas  del gobierno comunista, otro del Museo Nacional de la Historia y de la Revolución; también el mausoleo  en memoria del principal impulsor de la China comunista: Mao Tse Tun.

Casi sin parar atravesamos la explanada y en una larga caminada de tal vez media hora que equivale  a entre   tres o cuatro kilómetros, en medio de un complejo palaciego, estamos ya en la Ciudad Prohibida. Durante 500 años fue la residencia oficial de los emperadores y su corte, así como centro ceremonial y político del gobierno y alberga el llamada museo del palacio.

Al final hemos atravesado la Plaza de Tiananmén y la ciudad prohibida y del lado  contrario  del punto de descenso ya nos espera el vehículo. De nada valió el comentario a la guía  de que nos había ofrecido darnos tiempo para admirar y sacar fotos. Otra mala y no hay vuelta de hoja, nos alejamos de la zona para  terminar el recorrido de este día en una tienda de seda en donde una dama, en correcto español, nos muestra con amplitud el proceso que vive este gusano hasta convertirse en fina prendas  para  hombres, mujeres, artículos para el hogar y todo lo que nos podamos imaginar de este codiciado material que en su momento fue parte de la historia de hace siglos en varios  países de este lado del mundo, en lo que han llamado “la ruta de la seda”. Interesante sin duda. (Continuará…) *NI*

 

 

 

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